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La tomografía por emisión de positrones

Una exploración diagnóstica que además permite valorar con exactitud y de forma prematura el efecto de la terapia en los pacientes

En los últimos años una exploración emergente, la tomografía por emisión de positrones, está representado un salto cualitativo y un importante avance en el diagnóstico y seguimiento de enfermedades como el cáncer o el Alzheimer.
Un reciente estudio avala el papel cada vez más relevante de esta técnica.

El trabajo publicado por la Agencia Española de Tecnologías Sanitarias (AETS), señala que en un 76% de los casos la Tomografía por Emisión de Positrones (PET, sus siglas en inglés) evita tener que realizar otras pruebas diagnósticas invasivas y con riesgos para el paciente (como biopsia o cirugía), lo que además de beneficiar claramente al enfermo también contribuye al ahorro de costes para la sanidad. Asimismo, en un 39% de los casos, también es capaz de detectar lesiones nuevas que ni siquiera se habían sospechado con las técnicas convencionales y en otro 92% aporta información complementaria. El mismo estudio señala que la PET modifica el diagnóstico y el estadio tumoral hasta en un 57% de los casos. Además, conduce a cambios en el tratamiento previsto antes de realizar esta prueba en un 79% de los pacientes, pudiendo realizar un pronóstico fiable, determinar cuál es la opción terapéutica más apropiada en cada fase de la enfermedad, obviando tratamientos agresivos innecesarios.

Pacientes oncológicos, principales beneficiados

La oncología es actualmente la principal aplicación de esta nueva técnica. Aproximadamente el 80% de las exploraciones PET que se realizan son en pacientes con cáncer, siendo la indicación más frecuente el cáncer de pulmón, en el que tiene una sensibilidad del 96% frente al 67% del TAC (Tomografía Axial Computerizada) a la hora de diferenciar entre una lesión tumoral y una lesión no tumoral benigna. El segundo lugar en el ranking de pruebas más comunes en cáncer lo ocupan los linfomas y el tercero, el cáncer de colon.

La PET también puede ser empleada como un instrumento no invasivo para la detección de la afectación de ganglios axilares en mujeres con cáncer de mama, lo que permite evitar la biopsia de ganglios centinela y pasar al siguiente paso en el manejo de la paciente (quimioterapia o resección del ganglio afectado). Ésta es la principal conclusión de un estudio desarrollado en el Centro Médico Cedars-Sinai de Los Ángeles (EEUU), publicado en Archives of Surgery, en el que revisaron los datos de 54 mujeres con cáncer de mama invasivo a las que se practicó PET-FDG (tomografía por emisión de positrones con fluordeoxiglucosa) antes de cirugía o quimioterapia.

La PET mide la actividad metabólica de las células evaluando la fisiología y la anatomía del órgano o tejido

La tomografía por emisión de positrones no es tan solo una exploración diagnóstica sino que permite valorar con precisión y de forma precoz cuál está siendo la repercusión de la terapia en los pacientes. En algunos tipos de tumores es posible predecir la respuesta incluso tras aplicar el primer ciclo de quimioterapia. Además de su interés en oncología, en pocos años la PET ha pasado a ser una técnica de enorme potencial clínico en otras áreas como la neurología, la psiquiatría y la cardiología, no tan sólo en el diagnóstico sino por su importante papel en investigación básica.

Más que simples imágenes anatómicas

La PET es un procedimiento de medicina nuclear que mide la actividad metabólica de las células de los tejidos corporales, lo que permite evaluar la fisiología (funcionamiento) y la anatomía (estructura) del órgano o tejido. Por lo tanto, esta exploración es una eficaz herramienta en el diagnóstico precoz ya que permite detectar cambios bioquímicos que pueden identificar el comienzo de un proceso patológico antes de que puedan observarse los cambios anatómicos relacionados con la enfermedad a través de otras exploraciones con imágenes como por ejemplo, la tomografía computarizada o la resonancia magnética.

Dado que es un examen de medicina nuclear, para el procedimiento se utiliza una pequeña cantidad de sustancia radioactiva (radionúclido). Posteriormente se utiliza un dispositivo de exploración que detecta los positrones (partículas subatómicas) emitidos por este radionúclido en el órgano que se estudia. Los radionúclidos son sustancias químicas (como la glucosa, el carbono o el oxígeno), que son utilizadas naturalmente por el órgano durante el proceso metabólico normal, a las que se agrega una sustancia radioactiva. Por ejemplo, en las PET cerebrales, dado que el cerebro utiliza glucosa para su metabolismo, se añade una sustancia radioactiva a la glucosa para crear un radionúclido denominado fluorodeoxiglucosa (FDG).

El rápido desarrollo de nuevos radiofármacos hace que las posibilidades de estudio mediante PET sean cada vez mayores, tanto en el campo de la aplicación clínica como desde el punto de vista de la investigación. Prácticamente todas las moléculas biológicas son susceptibles de ser marcadas con algún isótopo emisor de positrones, por lo que el abanico de posibilidades es amplísimo. Desde el desarrollo de nuevos tratamientos, comprobando su eficacia y la unión a receptores, hasta la aplicación para el estudio 'in vivo' de la terapia génica, que tanto auge esta teniendo actualmente, las posibilidades son casi infinitas.

PROMETEDOR FUTURO

La PET proporciona información a nivel metabólico, bioquímico y molecular sobre el funcionamiento del cerebro humano ‘in vivo’ de forma no invasiva y constituye una excelente herramienta tanto para la investigación como para la valoración clínica de los pacientes. La exploración tiene una indicación fundamental en el estudio de las demencias y de las enfermedades degenerativas del sistema nervioso central ayudando a identificar su causa y realizando el diagnóstico diferencial con otras enfermedades.
Dada la elevada tasa de metabolismo de las células cerebrales para la glucosa, se puede mostrar claramente su disminución en estadios muy iniciales y, de ahí, su capacidad de detectar precozmente la enfermedad de Alzheimer y otros procesos como la demencia senil.

También es de interés el estudio PET en la enfermedad de Parkinson, fundamentalmente mediante el uso de F18-Dopa, pero también mediante la FDG (fluordeoxiglucosa), observándose una disminución de su metabolismo a nivel del núcleo caudado cuando existe esta enfermedad. En la epilepsia, la exploración puede detectar la existencia y localización de focos epileptógenos, en especial en pacientes con ataques complejos parciales refractarios a los fármacos anticomiciales en que se ha enfocado su tratamiento mediante resección quirúrgica.

En Psiquiatría la técnica está todavía infrautilizada. En el estudio de las esquizofrenias proporciona la oportunidad de establecer vínculos entre los síntomas y las funciones cerebrales que se alteran en esta enfermedad. En la práctica clínica puede ser útil en el diagnóstico diferencial entre distintos trastornos mentales a fin de descartar la presencia de cuadros psicóticos que pueden esconderse detrás de algunos cuadros depresivos o de abuso de drogas en personas jóvenes.

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