Cuidados de la piel en invierno

Una adecuada protección de la piel frente al frío evita la deshidratación y el envejecimiento precoz
Por María Landa 1 de marzo de 2005

La concienciación social sobre la importancia de cuidar y proteger la piel del sol veraniego es cada vez mayor, pero durante los meses de frío esta parte de nuestro cuerpo se convierte en la gran olvidada. Sin embargo, hay muchos factores propios del invierno que causan importantes daños a la piel y que producen, a largo plazo, deshidratación y envejecimiento, además de incrementar el riesgo de sufrir ciertas enfermedades producidas por el frío. Los dermatólogos recomiendan conocer qué tipo de piel tiene cada persona y brindarle, durante todo el año, los cuidados específicos que requiere, sobre todo ante condiciones climatológicas adversas.

Tipos de piel y causas de su deterioro en invierno

La piel actúa como una barrera de protección ante cualquier cambio exterior y su función, entre otras, es proteger al resto del organismo de las inclemencias meteorológicas. Sin embargo no todas las pieles son iguales, el grado de sensibilidad es diferente y por tanto su reacción también. Por esta razón, los dermatólogos subrayan la importancia de que cada persona conozca con exactitud las características de su piel y el grupo al que pertenece: grasa, normal, seca y muy sensible.

La piel muy sensible es la que más sufre en invierno y en verano. Se caracteriza por ser muy irritable tanto con los cambios de temperatura o las alteraciones climatológicas como por el roce con ciertas prendas de vestir. Asimismo, este tipo de piel tiende a sonrojarse y alterarse con facilidad. En estos casos el cuidado y la hidratación deben ser aún mucho mayores que en las pieles normales, mixtas o grasas. La piel seca suele agrietarse y resecarse con facilidad si se le somete a aire frío y también necesita una adecuada hidratación. La piel grasa aguanta mejor los cambios bruscos de temperatura, así como los rigores propios del invierno y el verano.

Esta es la clasificación general que los dermatólogos hacen de las pieles, aunque al mismo tiempo reconocen que en la mayoría de las personas se dan varios tipos de piel a la vez dependiendo de las zonas del cuerpo, tal y como explica José Luis Díaz, catedrático de Dermatología de la Universidad del País Vasco.”La piel no suele ser homogénea, anatómicamente tenemos zonas más grasas o más secas. Por ejemplo, la zona central de la cara (nariz, frente y mentón) siempre es más grasa que las mejillas y zonas próximas a las orejas. En el tronco ocurre igual porque en la columna y centro del pecho tenemos más grasa que en los laterales, brazos y piernas. En definitiva, todas las personas tenemos pieles más o menos mixtas, pero a la vez hay quien tiene zonas muy secas por todo el cuerpo”, detalla.

José Luís Díaz recuerda, además, que la piel va evolucionando y modificándose con los años. Así, una misma persona puede pasar por varios tipos de piel a lo largo de su vida. “La edad ejerce una serie de cambios sobre la piel. En la infancia suele ser más seca, se hace más grasa al llegar a la pubertad y se mantiene grasa o mixta durante la edad adulta. Al llegar al climaterio o la vejez tiende a hacerse de nuevo más sensible o irritable”, concreta el dermatólogo.

Los principales factores asociados al invierno que afectan de forma negativa a la piel son el frío, el viento, la humedad, los cambios bruscos de temperatura ambiental (contrastes de frío y calor) o la sequedad producida por algunas calefacciones con excesivo calor, principalmente las de aire caliente. Todo ello provoca una gran deshidratación además de alteraciones cutáneas que se traducen visualmente en una piel seca, descamada y fisurada, que a largo plazo conlleva un envejecimiento mayor de la piel.

La Academia Española de Dermatología, que reúne a un gran número de profesionales médicos, subraya que el frío es uno de los factores que más perjudica la buena salud de nuestra piel. Otras causas de su envejecimiento son el sol, la edad, el tabaco o el estrés. El dermatólogo Miguel Aizpún reconoce que el sol es el factor que más favorece la formación de arrugas, pero insiste en que no hay que descuidarse en invierno: “existe la falsa creencia de que durante los meses de frío la piel no necesita tantos cuidados porque hay menos sol, pero es muy importante protegerse bien, sobre todo siempre que se practique cualquier tipo de actividad al aire libre”.

El portavoz de la Academia aconseja la utilización a lo largo de todo el año de una crema hidratante que lleve protección solar incorporada para cuidar y prevenir la piel ante cualquier agente externo. En su opinión, es suficiente con un índice de protección número 15 ó 20 para pieles normales, o mayor si la piel es muy sensible. “La mayoría de las hidratantes que se ofertan en el mercado de la industria farmacéutica ya lo incorporan, pero se venden muchas otras que no incluyen protección”. A este respecto, José Luis Díaz insiste en la importancia de usar cremas con filtros solares foto estables, es decir, que duran más tiempo en la piel porque en la mayoría de los protectores el efecto desaparece al cabo de hora y media por el desgaste del sol y la luz, de forma que si no se renueva cada cierto tiempo la piel vuelve a estar desprotegida.

Cómo tratar la piel y principales errores en sus cuidados

Los especialistas de la Academia Española de Dermatología han constatado que a menudo se comenten errores relacionados con el cuidado de la piel que son perjudiciales y pueden tener consecuencias negativas a corto y largo plazo. Para conseguir mantener la piel protegida del frío y de otras inclemencias basta con seguir algunas recomendaciones básicas:

  • Durante los meses de frío hay que hidratar adecuadamente todo el cuerpo, pero especialmente la cara y las manos, ya que son las partes más expuestas a bajas temperaturas.
  • Nunca hay que olvidarse del cuidado de los labios, muy dañados por el frío. Para ello los dermatólogos recomiendan usar protectores labiales con protección solar y sobre todo evitar humedecerlos con saliva cuando estén secos, porque aunque en un primer momento aporta una sensación de alivio, después produce una irritación y sequedad aún mayores.
  • No abusar de las duchas y baños de agua caliente. Aunque en invierno siempre se agradecen los baños muy calientes, no conviene abusar porque perjudica la epidermis y es malo para la circulación. Además, tras la ducha se aconseja terminar siempre con un chorro de agua fría, sobre todo en las piernas.
  • No abusar del jabón y asegurarse de que siempre se usa el apropiado para cada tipo de piel. Los especialistas creen que no se le da la suficiente importancia a la calidad del jabón. Por eso recomiendan que sean suaves, neutros y no agresivos. El doctor Aizpún opina que los mejores son los de avena, aunque tienen la desventaja de que a veces dejan muy resbaladiza la bañera, y puede ser peligroso para las personas de edad avanzada. A su juicio no es necesario usar todos los días jabón en todo el cuerpo, “basta con hacerlo en la zona genital y en los pliegues, y una o dos veces a la semana en el resto”.
  • Es importante usar jabones apropiados para los niños. La Academia de Dermatología recomienda utilizar los de avena y después hidratar la piel abundantemente, porque aseguran que el exceso de hidratación nunca es malo, lo que puede ser perjudicial es no usar la crema adecuada para cada tipo de piel.
  • Se aconseja tener especial cuidado con los cambios de temperatura al entrar y salir de los locales con calefacción, pues el paso del frío al calor o viceversa es negativo para la piel, sobre todo para las sensibles.
  • Evitar ropa o calzado no transpirable o irritante.
  • Los pacientes con piel seca, sensible o enfermedades cutáneas que empeoran en invierno deben procurar aumentar la humedad ambiental de la vivienda o lugar de trabajo. Esto se puede conseguir mediante humidificadores, sistemas de humidificación ambiental o simplemente con la colocación de toallas húmedas en radiadores, focos de calor, etc. Este tipo de medidas puede aliviar también otro tipo de enfermedades como el asma o problemas de sequedad en las mucosas.
  • Prestar especial atención a la piel de los niños y personas mayores. La aparición de placas secas, fisuras y escamas es habitual en estos grupos de población porque son más sensibles a los cambios del invierno.
  • No olvidar nunca la fotoprotección cuando se va a las estaciones de esquí o se juega con la nieve. En zonas nevadas el sol puede ser aún más peligroso para la piel y los labios que en verano, porque los rayos solares se reflejan en la nieve y se potencia el daño.
  • Ante cualquier duda o problema cutáneo se recomienda acudir al dermatólogo.

Enfermedades que aparecen o se agravan con el frío

A pesar de que en invierno la piel sufre mucho, en ningún caso el frío puede convertirse en un factor cancerígeno como el sol. Pero sin embargo sí que puede propiciar la aparición de ciertas enfermedades o empeorar algunas ya existentes, según señalan desde la Academia de Dermatología. Por ejemplo problemas muy comunes de la piel como la psoriasis o la dermatitis atópica empeoran considerablemente en invierno.

La psoriasis es una enfermedad de la piel que afecta al 2% de la población española. Los enfermos mejoran su estado en verano gracias al sol, pero sufren más brotes con el frío. Para evitar un agravamiento del problema se recomienda acudir al dermatólogo especialmente en esta época del año.

En cuanto a la dermatitis atópica, enfermedad que afecta al 15% de los niños, se caracteriza por una piel seca e inflamada, que suele acompañarse de un picor intenso. Estos síntomas provocan que los niños estén nerviosos y sufran alteraciones del sueño, algo que afecta a su calidad de vida y la de su familia. Por tanto en estos casos, el doctor Miguel Aizpún insiste en la importancia de no descuidar el cuidado de la piel en invierno y seguir todas las recomendaciones de los especialistas para evitar que las molestias aumenten.

Existe otro tipo de enfermedades cuya aparición está directamente relacionada con el frío intenso. Aunque son ya poco habituales por la mejora de las condiciones de vida de la sociedad española, los dermatólogos siguen tratando los siguientes problemas:

Sabañones. Son lesiones inflamatorias localizadas que aparecen como reacción anormal al frío. Aunque son más habituales en niños, pueden aparecer a cualquier edad. Las personas con una mala alimentación o malas condiciones de vida son más propensas a sufrirlos.

Acrocianosis. Es una alteración de la coloración (la piel se vuelve oscura) de las manos y pies provocada por el frío. Suele ser un problema transitorio durante la exposición a las bajas temperaturas, pero puede persistir durante todo el invierno. En general es una enfermedad poco frecuente.

Enfermedad de Raynaud. El frío y la mala circulación provocan una palidez y frialdad en las extremidades.

Urticaria por el frío. Tras la exposición al frío se forman abones o ampollas que causan un gran picor. Las personas afectadas deben evitar los baños con agua fría y pueden tratar el trastorno con antihistamínicos.