Electrocardiograma a los 10 años: ¿es necesario revisar el corazón de los niños?

Algunas alteraciones cardíacas no provocan síntomas durante la infancia y pueden manifestarse años después. Para detectarlas, algunos hospitales han empezado a incluir el electrocardiograma en las revisiones pediátricas
Por Sonia Recio 2 de noviembre de 2026
electrocardiograma preventivo
Imagen: Luan Rezende
En las revisiones pediátricas se controla que el crecimiento, el peso, la visión y el desarrollo general del menor evolucionen con normalidad. El corazón también forma parte de la exploración, aunque no suele someterse a pruebas específicas que permitan descartar determinadas alteraciones. Sin embargo, ciertos trastornos cardíacos pueden permanecer silenciosos durante años y manifestarse más adelante, en la adolescencia o la edad adulta. Con el objetivo de detectarlos antes, algunos programas de salud infantil incorporan un electrocardiograma (ECG) en atención primaria para los niños y niñas de 10 años. A continuación te contamos más acerca de esta prueba y de su conveniencia o no.

¿Qué es un electrocardiograma y qué revela sobre la salud del corazón?

El electrocardiograma registra la actividad eléctrica del corazón. Mediante pequeños electrodos colocados sobre la piel, recoge los impulsos que coordinan cada latido y los representa en un gráfico que analizan los profesionales médicos. Es una prueba rápida, indolora y sin radiación, que se realiza en pocos minutos.

El ECG puede mostrar alteraciones del ritmo cardíaco, problemas en la conducción eléctrica o signos asociados a algunas enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, sus resultados siempre deben interpretarse en el contexto clínico de cada paciente.

Un electrocardiograma normal no descarta todas las patologías cardíacas y un resultado alterado no implica necesariamente la existencia de una enfermedad, ya que algunas variaciones pueden ser benignas o requerir estudios complementarios para aclarar su significado.

Qué puede detectar un electrocardiograma en niños asintomáticos

Algunas alteraciones cardíacas pueden estar presentes desde los primeros años de vida sin provocar síntomas ni signos evidentes durante las revisiones pediátricas habituales. Precisamente por eso, Cataluña ha incorporado el electrocardiograma a la revisión de los 10 años dentro de la actualización de su programa de salud infantil «Créixer amb Salut«, con el fin de facilitar la detección precoz de determinados problemas del corazón.

electrocardiograma infantil
Imagen: Marta Branco

La elección de esta edad no es casual. Los 10 años marcan la antesala de la pubertad, una etapa de importantes cambios físicos y hormonales. Es también el momento en el que algunas cardiopatías hereditarias, determinadas miocardiopatías y ciertos trastornos eléctricos del corazón pueden empezar a manifestarse o resultar más fáciles de identificar, incluso cuando el menor no presenta síntomas.

El Hospital Universitari Dexeus (Barcelona) destaca como uno de los centros que ha incorporado esta prueba a sus revisiones pediátricas. “Analizamos al niño de forma integral, teniendo en cuenta sus síntomas, sus antecedentes y la historia clínica familiar”, explica la doctora Andrea Bueno, especialista en Cardiología Pediátrica del hospital catalán. La valoración combina un cuestionario clínico con un electrocardiograma de 12 derivaciones, una técnica que permite analizar la actividad eléctrica del corazón desde distintos ángulos y detectar señales que puedan justificar una evaluación cardiológica más completa.

Antecedentes familiares y síntomas que cuentan en la salud cardiovascular infantil

A pesar de que las pruebas médicas son una herramienta importante, no siempre ofrecen todas las respuestas. En cardiología pediátrica, la historia familiar puede ser una de las claves para identificar a los niños con un mayor riesgo de padecer determinadas enfermedades cardíacas. Por este motivo, es fundamental informar al pediatra si existen antecedentes de cardiopatías hereditarias, trastornos del ritmo cardíaco o casos de muerte súbita a edades tempranas entre familiares cercanos. 

Además de los antecedentes familiares, hay algunos síntomas que merecen una evaluación médica sin esperar a una revisión. Entre ellos se encuentran los desmayos durante la práctica deportiva o desencadenados por una emoción intensa o un ruido repentino, el dolor en el pecho asociado al esfuerzo físico y las palpitaciones acompañadas de mareo o sensación de desvanecimiento. “Ante una pérdida de conocimiento haciendo deporte, no debe asumirse nunca de entrada que se trata de una simple bajada de tensión sin realizar una valoración médica oportuna”, advierte la doctora Bueno.

Cuando los antecedentes, los síntomas o la exploración física hacen sospechar la existencia de un problema cardíaco, el pediatra puede derivar al menor a una consulta de cardiología pediátrica. Allí, el especialista decidirá si es necesario completar el estudio con otras pruebas, como un ecocardiograma, que permite visualizar la estructura del corazón y evaluar su funcionamiento en tiempo real, o una prueba de esfuerzo, que analiza la respuesta cardiovascular durante la actividad física.

cuidar la salud cardíaca de los niños
Imagen: Stephen Andrews

Los límites del cribado cardiovascular en la infancia

La incorporación del electrocardiograma a las revisiones pediátricas plantea una cuestión que sigue generando debate entre los expertos: ¿merece la pena realizar esta prueba a todos los menores sanos? La clave, coinciden los especialistas, no está solo en hacer la prueba, sino en saber cuándo está indicada y cómo interpretar sus resultados.

Uno de los trabajos que ha analizado esta cuestión es el programa «Prevencar», desarrollado en un centro de salud de Murcia y publicado en la revista ‘Atención Primaria’. El estudio incluyó a 698 adolescentes con una edad media de 13,7 años, que completaron un cuestionario sobre antecedentes y síntomas, una exploración física y un electrocardiograma. Los investigadores confirmaron una cardiopatía en el 0,9 % de los participantes y detectaron hallazgos que requerían seguimiento en otro 2 %. Además, el ECG permitió identificar más casos potencialmente relevantes que el cuestionario clínico por sí solo.

En Cataluña, un estudio piloto de la Universidad de Vic-Universidad Central de Cataluña (UVic-UCC), realizado con escolares de 10 años de la comarca de Osona, también encontró que las alteraciones cardiovasculares silentes en esta franja de edad no son un hallazgo excepcional. Los resultados respaldan la utilidad de explorar estrategias de detección precoz, especialmente cuando se combinan con la valoración clínica y los antecedentes familiares.

La importancia de los hábitos saludables en la infancia

Cuidar el corazón desde la infancia empieza por adoptar buenos hábitos en el día a día. Mantenerse activo es uno de los más importantes: correr, jugar al aire libre, montar en bicicleta, nadar o caminar a buen ritmo ayuda a fortalecer el corazón y mantenerlo sano. Por eso, se recomienda que niños, niñas y adolescentes hagan al menos una hora diaria de actividad física moderada o intensa.

La alimentación es otro pilar fundamental. Incluir frutas, verduras, legumbres y frutos secos en la dieta, y priorizar los alimentos poco procesados, contribuye a mantener el colesterol y la presión arterial en niveles saludables. También ayuda a prevenir el sobrepeso y la obesidad, dos factores que pueden afectar a la salud cardiovascular desde edades tempranas.

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