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La pérdida de grasa abdominal puede mejorar el funcionamiento de los vasos sanguíneos

Cuanto mayor es la reducción, más capaces son las arterias de expandirse cuando lo necesitan

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: jueves 15 marzo de 2012

grasa del abdomen puede mejorar el funcionamiento de los vasos sanguíneos, tanto si se consigue con una dieta baja en carbohidratos o baja en grasas. Lo recoge así un estudio presentado por investigadores de la Johns Hopkins University en el encuentro que la Asociación Americana del Corazón (AHA) celebró el pasado 13 de marzo en San Diego, centrado en prevenir la patología cardiovascular.

Este estudio siguió a 60 hombres y mujeres con una media de 90 kilos al inicio del programa. La mitad de los participantes siguió una dieta baja en carbohidratos y el resto una dieta con pocas grasas. Todos realizaron ejercicio moderado e ingirieron una cantidad similar de calorías diarias. El equipo descubrió que, cuanta más grasa del abdomen se perdía, más capaces eran las arterias de expandirse cuando lo necesitaban, lo que permitía que más sangre fluyera con libertad. También vieron que quienes siguieron una dieta baja en carbohidratos perdieron más peso que el resto.

“Tras seis meses, los que siguieron una dieta baja en carbohidratos perdieron una media de casi 30 libras frente a las casi 19 que bajaron los que seguían una dieta con pocas grasas”, precisa el líder del estudio, Kerry J. Stewart, profesor de Medicina de la Johns Hopkins University. También evaluaron la salud de los vasos sanguíneos de los participantes antes y después del programa de pérdida de peso y constataron que, cuanta más grasa abdominal había perdido una persona, mayor cantidad de sangre circulaba por sus venas, señal de que existe un buen funcionamiento de las arterias.

“Este estudio demuestra que la mejora en los vasos está directamente vinculada a la cantidad de grasa abdominal o central que han perdido los individuos, con independencia de la dieta con la que lo lograron”, expone Stewart. La importancia de este descubrimiento radica en que, según el investigador, “existía una preocupación por que las dietas bajas en carbohidratos -que suponen la ingesta de más grasa- pudieran ser perjudiciales para la salud cardiovascular”. “Estos resultados demuestran que estas dietas no tienen efectos negativos”, asegura.

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