Mayoría de edad sanitaria: cuándo deciden los menores sobre su salud sin sus padres

Un menor con 16 años puede decidir por sí mismo sobre la mayoría de tratamientos médicos. Y desde los 12, debe ser escuchado y, si el médico valora que entiende la situación, puede participar y consentir ciertas intervenciones
Por Sonia Recio 18 de febrero de 2026
adolescente consentimiento sanitario
¿A qué edad puede un menor acudir solo al médico? ¿Cuándo puede decidir sobre un tratamiento sin autorización de sus padres? En España, la mayoría de edad sanitaria se sitúa en los 16 años. A partir de esa edad, los adolescentes pueden acudir solos a consultas, firmar su propio consentimiento informado y decidir sobre la mayoría de las actuaciones médicas. Además, desde los 14 años, tienen derecho a acceder a su historia clínica. Y la ley también reconoce la figura del “menor maduro”, aplicable desde los 12 años. En estos casos, si el profesional sanitario considera que el menor posee la capacidad y madurez emocional necesaria, puede permitirle participar activamente en decisiones relacionadas con determinados tratamientos. Por debajo de esa edad, las decisiones recaen en los padres o tutores, aunque se recomienda establecer una comunicación abierta con el menor.

¿Qué es el consentimiento sanitario?

En España, la mayoría de edad legal se alcanza a los 18 años. Sin embargo, según la Ley 41/2002 de Autonomía del Paciente la mayoría de edad para la toma de decisiones sanitarias baja hasta los 16 años. A partir de esa edad, los menores pueden decidir por sí mismos sobre tratamientos médicos, intervenciones o rechazar cuidados, excepto en casos de riesgo grave para su salud o vida. En estos casos, los padres o tutores pueden intervenir.

¿En qué situación se encuentran antes de los 16 años?

  • Entre los 12 y 16 años, el menor debe ser escuchado y puede participar en la decisión si demuestra madurez suficiente, aunque el consentimiento final lo dan los progenitores.
  • Desde los 14 años, los menores pueden acceder a su historia clínica sin necesidad de autorización paterna.

En todos los casos, el menor tiene derecho a recibir información clara y adaptada a su edad sobre su estado de salud y los tratamientos propuestos.

¿En qué situaciones sigue siendo necesaria la mayoría de edad?

La ley exige la mayoría legal (18 años) para decisiones específicas, como la participación en ensayos clínicos, hacer el testamento vital, el acceso a técnicas de reproducción asistida o la donación de órganos.

¿En qué consiste la figura del «menor maduro»?

Entre los 12 y los 16 años, la ley reconoce al llamado “menor maduro”, una figura intermedia que equilibra el derecho del menor a participar en las decisiones sobre su salud con la obligación de los progenitores o tutores de prestar el consentimiento formal. Esto implica que, si el médico valora que el menor entiende claramente su situación y las implicaciones del tratamiento, debe informarle de forma directa y respetar su opinión antes de recabar el consentimiento formal de sus padres o tutores.

Las decisiones de los representantes legales deben buscar siempre el mayor beneficio del menor. En caso de desacuerdo entre los padres y el equipo médico, el conflicto puede elevarse a la autoridad judicial, que resolverá en función del interés superior del menor. Si la situación es de urgencia vital y no hay tiempo para recabar autorización judicial, los profesionales sanitarios están facultados para actuar de inmediato y adoptar las medidas necesarias para proteger la vida o la salud del paciente.

¿Qué significa tener «madurez suficiente»?

menor maduro en sanidad
Imagen: Pavel Danilyuk

La ley no ofrece una definición cerrada del concepto de “madurez suficiente”. Se trata de la capacidad intelectual y emocional para entender lo que implica una intervención médica.

Esta valoración la hace el médico responsable, aunque muchos expertos consideran que debería existir un equipo especializado para evaluar estos casos.

¿Cómo se valora la madurez del menor?

Esta valoración se hace mediante:

  • Entrevista clínica. Se le pregunta al menor por el motivo de la consulta y se valora su capacidad para entender el diagnóstico, así como los riesgos y beneficios del tratamiento propuesto.
  • Observación del comportamiento y forma de expresarse. El médico analiza si entiende las consecuencias de sus decisiones y si su razonamiento es coherente.
  • Otras formas de evaluación. En algunos casos, también pueden utilizarse herramientas o escalas objetivas, como el MadurTest, una prueba desarrollada en la Universidad de Lleida (UdL) que evalúa la madurez cognitiva y moral del menor con un test de nueve viñetas que permite comparar la percepción del menor con la de padres y profesionales sanitarios.

Ejemplos de decisiones que puede tomar un menor, según su edad

Desde el acceso a información sobre salud sexual y anticoncepción hasta tratamientos farmacológicos o pruebas diagnósticas voluntarias, el menor puede participar activamente en el proceso sanitario, siempre con la guía del profesional sanitario. Casos prácticos para entenderlo mejor:

👉 Información sobre anticoncepción

Laura, 16 años, quiere informarse sobre métodos anticonceptivos. Puede acudir al centro de salud, recibir información y acceder a métodos anticonceptivos sin necesidad de autorización paterna. El profesional sanitario debe informarla adecuadamente y respetar su confidencialidad.

👉 Consulta sobre salud mental

Pablo, 16 años, siente ansiedad y quiere acudir a un psicólogo sin que sus padres lo sepan. Puede solicitar atención psicológica por iniciativa propia. Su historia clínica debe ser confidencial, aunque el profesional puede informar a los padres si considera que existe un riesgo grave.

👉 Tratamiento farmacológico

Reclamar por un medicamento caducado
Imagen: Artem Podrez

Javier, 17 años, tiene acné severo y el dermatólogo le propone un tratamiento con isotretinoína. Puede aceptar o rechazar el tratamiento sin que sus padres firmen el consentimiento, siempre que no se trate de una intervención de grave riesgo. El médico debe asegurarse de que comprende los efectos y el seguimiento necesario.

👉 Pruebas médicas voluntarias

Nerea, 16 años, quiere hacerse una prueba de VIH. Puede solicitarla y recibir los resultados sin intervención de sus padres. El derecho a la confidencialidad está especialmente protegido en este tipo de pruebas.

👉 Acceso a la historia clínica

Álvaro, 14 años, quiere consultar su historial de vacunas. Puede solicitar acceso a su información sanitaria, pero el ejercicio de este derecho está mediado por la valoración del profesional sanitario. Sus padres o tutores también pueden acceder a la historia clínica para cumplir con su responsabilidad legal.

👉 Rechazo de tratamiento

Tres supuestos:

  • Sofía, 16 años, tiene una lesión leve y el médico le propone una intervención menor. Puede rechazar el tratamiento, siempre que no suponga un riesgo grave para su salud.
  • Marcos, 15 años, necesita someterse a una operación menor. Debe ser informado y escuchado, pero el consentimiento legal corresponde a sus padres o tutores, aunque su opinión debe tenerse en cuenta si demuestra madurez.
  • Ana, 17 años, rechaza una transfusión de sangre vital. El médico puede actuar en contra de su voluntad (e incluso la de sus padres) para proteger su vida.

👉 Terapia para adicciones

Julián, 16 años, tiene problemas con el consumo de cannabis. Sus padres quieren ingresarlo en un centro, pero él se niega. No pueden obligarlo automáticamente. El ingreso involuntario solo puede realizarse si existe riesgo grave y con control médico y, en algunos casos, autorización judicial.

¿Qué pueden hacer los padres?

Acompañar a los hijos e hijas en su proceso de autonomía sanitaria implica pasar de decidir por ellos a decidir con ellos, reconociendo su evolución emocional y su capacidad creciente para cuidar de sí mismos. Se aconseja:

  • Fomentar la autonomía progresiva. Desde los 12 años, es recomendable que los menores empiecen a participar en sus citas médicas, conozcan sus tratamientos y aprendan a gestionar su salud.
  • Comunicación abierta y respetuosa. Hablar sobre salud, emociones y decisiones médicas sin juicios ni imposiciones fortalece el vínculo y la confianza.
  • Establecer límites claros, pero flexibles. Los adolescentes necesitan normas, pero también espacio para decidir. Incluirlos en la toma de decisiones les ayuda a desarrollar responsabilidad.
  • Respetar su privacidad. A partir de los 14 años, los menores tienen derecho a la confidencialidad médica, que hay que respetar.
  • Buscar apoyo profesional si hay dudas. En casos complejos, como enfermedades crónicas o decisiones difíciles, es útil contar con el acompañamiento de pediatras, psicólogos o trabajadores sociales.
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