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Astenia primaveral

Un trastorno leve y pasajero que afecta a la mitad de la población

Un trastorno leve y pasajero

La primavera se manifiesta en la naturaleza como una explosión de vida, de la que la floración de las plantas y el celo de los animales son claros exponentes. Entre las personas, existe una expresión muy conocida popularmente, “la primavera, la sangre altera”, que se suele emplear para referirse a los cambios que la estación provoca en los seres humanos.

Si bien son muchas las personas que reciben de manera positiva esta época del año, no son menos las que, con la llegada de la primavera, sienten un mayor cansancio (astenia o fatiga) del habitual, se encuentran sin fuerzas para comenzar el día e incluso con un estado anímico muy bajo. Estas personas sufren lo que popularmente se ha dado en llamar “astenia primaveral”. Se trata de un trastorno leve y pasajero que se produce cuando nuestro cuerpo no consigue adaptarse de forma adecuada a los cambios que conlleva la nueva estación. Esta mala o lenta adaptación se manifiesta en una sensación de debilidad y falta de vitalidad generalizada, que suele durar unos días o semanas, en ningún caso más de tres meses.

La llegada de la primavera comporta una serie de cambios climáticos: aumento de la intensidad lumínica, subida de las temperaturas, incremento de las horas de sol, variaciones en los niveles de humedad y presión atmosférica, que en muchos países van acompañados de cambios horarios. Todos estos factores alteran nuestros ritmos circadianos; los ciclos o biorritmos que tenemos todos los seres vivos y que preparan nuestro organismo para el comienzo del día y de la noche.

Pero, ¿dónde se encuentra el origen de esta perturbación? Nuestro reloj biológico está regulado por una parte del cerebro: el hipotálamo, un conjunto de núcleos que controlan, entre otros, la temperatura, el apetito, la sed y la apertura de nuestra retina. Uno de estos núcleos recibe impulsos nerviosos de la retina y estimula la glándula pineal, una estructura que regula la secreción hormonal y de neurotransmisores según la intensidad lumínica que recibe. Los neurotransmisores son sustancias implicadas en el tono anímico y la vitalidad de las personas; algunos ejemplos son la melatonina cerebral, que actúa para iniciar los procesos de sueño y vigilia, y la serotonina, que favorece la vitalidad y la alegría. Por eso, cuando los niveles hormonales o de neurotransmisores no son los adecuados, el individuo se siente cansado e incluso triste.

Dado que el cerebro es muy sensible a las variaciones climáticas y horarias, todas las personas acusamos estos cambios, aunque de distinto modo: mientras algunas los asimilan con facilidad y rapidez, otras sufren un proceso de adaptación más lento o difícil, que se convierte en una astenia cuando se manifiesta en un grado leve y puede llegar a una depresión cuando la gravedad es mayor.

Como consecuencia de las alteraciones climáticas, hay otras épocas del año que también pueden originar procesos de astenia y bajos estados de ánimo o depresión, como el otoño. La astenia otoñal es menos conocida socialmente, quizás por su menor incidencia; pero también es probable que la astenia primaveral se haya popularizado más por el contraste que se produce entre el individuo agotado o con el ánimo bajo y un entorno natural exultante.

Resulta difícil saber con exactitud a cuántas personas afecta la astenia primaveral en nuestro país, ya que, al tratarse de un trastorno ocasional y leve, muchas no lo manifiestan públicamente, por lo que no existen datos publicados al respecto. El doctor Manuel Barceló, coordinador de Salud Mental del Hospital La Fe estima que – en un nivel leve o moderado- puede afectar al 50% de la población.

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