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Dormir roncando

Entre cinco y siete millones de españoles sufren apnea obstructiva del sueño, alteración que dificulta el descanso y que tiene consecuencias graves para la salud

Los ronquidos son habituales en una de cada cinco personas. Más allá de lo molesto que resulta para los acompañantes, en determinados casos es uno de los signos del síndrome de las apneas-hipopneas obstructivas del sueño. Esta alteración respiratoria dificulta el descanso y puede tener consecuencias graves para la salud. Asimismo, la somnolencia diurna que comporta hace que las personas que padecen el trastorno tengan más riesgo de sufrir un accidente de tráfico, laboral o doméstico. Entre las estrategias de prevención: evitar el sobrepeso, abstenerse de beber alcohol y tomar tranquilizantes las horas previas al sueño.

Los ronquidos se producen por el relajamiento del velo del paladar que se descuelga y, en consecuencia, obstruye la cavidad orofaríngea por la que debe circular el aire hasta nuestros pulmones. Se origina así un movimiento vibratorio, que es lo que tanto molesta a los vecinos de cama o habitación. Lo que sin duda puede ser molesto para quien duerme al lado, sólo debe ser objeto de atención, hablando en términos de salud, en determinados casos. Como por ejemplo, cuando roncar es una de las manifestaciones de lo que se conoce como síndrome de las apneas-hipopneas obstructivas del sueño (SAHOS).

En este caso, los ronquidos son menos acompasados y más estrepitosos y se acompañan de frecuentes paradas respiratorias por espacio de más de diez segundos. Tras el periodo en que se detiene la respiración se produce un ronquido más estrepitoso que se corresponde con la necesidad imperiosa que tiene el organismo de reanudar los movimientos respiratorios. Uno de los síntomas que harán sospechar que los ronquidos pueden estar relacionados con las apneas del sueño es la gran somnolencia durante el día. Se sabe a este respecto, que las paradas respiratorias cortan el ritmo del sueño, lo que se traduce en un mal descanso debido a que, aunque el paciente no es consciente, obligan al cerebro a despertarse periódicamente para poner fin a las mismas.

Por fortuna, sólo el 15% de los roncadores padecen apnea del sueño. La enfermedad afecta entre el 4% y 6% de los varones adultos y entre el 2% y 4% de las mujeres, y su prevalencia aumenta con la edad. Los candidatos más habituales son hombres adultos y con sobrepeso. Fumar, beber y tomar somníferos también predisponen a padecer esta enfermedad. A pesar de ser un trastorno muy extendido, el nivel de diagnóstico no llega al 10% de los afectados y, dado que el roncador no suele ser consciente de su problema, son normalmente las parejas las que inducen a pedir el consejo profesional.

Soluciones

En la actualidad existen remedios eficaces que consiguen eliminar los molestos ronquidos y, lo que es más importante, las apneas de las que eventualmente puedan ser síntoma. Una de las técnicas más utilizadas es la CPAP, que consiste en una mascarilla que se coloca al paciente durante la noche y que, al mantener una presión positiva continúa sobre la vía aérea, la mantiene abierta impidiendo la aparición de las apneas. Alrededor de 150.000 españoles utilizan mascarilla nasal para dormir, cifra que se ha triplicado en la última década, según datos de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica.

La reducción del 10% en el índice de masa corporal mejora el síndrome de las apneas-hipopneas durante el sueño hasta un 26%

También puede estar indicada la cirugía, convencional o por láser, cuando se haya identificado el agrandamiento del velo del paladar como la causa fundamental de los ronquidos. Esta opción sólo se reserva para casos muy determinados al existir cierta controversia sobre sus resultados cuando se aplica de manera poco discriminada. Otra solución más sencilla consiste en colocarse una pelota de goma bien sujeta a la espalda, de modo que impida dormir boca arriba, que favorece la caída del velo del paladar y, por tanto, los ronquidos. Una de las medidas preventivas más eficaces es evitar la obesidad. Según los neumólogos, se estima que un aumento de un 10% en el índice de masa corporal supone un incremento del 32% del riesgo de padecer el síndrome de las apneas-hipopneas durante el sueño. Así, la reducción del 10% en el índice de masa corporal mejora este problema hasta un 26%. Abstenerse del consumo del alcohol y tranquilizantes en las horas previas al sueño, también es una medida sencilla y eficaz.

En España entre cinco y siete millones de personas sufren apnea obstructiva del sueño aunque se considera que actualmente están diagnosticados y tratados entre el 5% y 9% de esta población. Bajo los auspicios de la Sociedad Española de Patología del Aparato Respiratorio (SEPAR), el pasado 2006 fue declarado como el año de la Apnea del Sueño con el fin de dar a conocer esta patología a la población general y mejorar su conocimiento en el colectivo sanitario.

La causa del SAHOS

Un articulo publicado recientemente en American Journal of Respiratory and Critical Care Medicine aporta nuevos datos sobre el origen del SAHOS. El estudio señala que el desplazamiento de fluidos de las piernas hacia el tórax que tiene lugar cuando una persona se acuesta, puede estrechar el tejido blando que rodea la garganta. Esto aumenta la resistencia al flujo de aire en más de 100% y aumenta el riesgo de apnea obstructiva del sueño.

Los datos revelan que el desplazamiento de una pequeña cantidad de fluido, tan sólo 340 ml, ya es suficiente para causar un aumento en la resistencia al flujo de aire en la faringe de individuos sanos que no son obesos. Los investigadores estudiaron el volumen de fluido de las piernas, la circunferencia del cuello y la resistencia al flujo de aire en las gargantas de siete hombres y cuatro mujeres, con una media de 36 años de edad, mientras permanecían acostados. Se usó un dispositivo de presión positiva para la parte inferior del cuerpo (traje antichoques) durante cinco minutos en cada participante para desplazar el fluido de las piernas al cuello.

T. Douglas Bradley, autor del estudio efectuado en el Hospital General de Toronto (Canadá), considera que «la obesidad y la circunferencia del cuello son factores de riesgo importantes de la apnea obstructiva del sueño, aunque en conjunto sólo corresponden a cerca de la tercera parte de la variabilidad del índice de apnea-hipopnea». Además, añade que «un factor que generalmente no se tiene en cuenta es la acumulación de fluidos en la nuca y alrededor del tejido blando de la faringe. La apnea obstructiva del sueño es muy común en los estados de retención de fluidos como la insuficiencia cardiaca, la insuficiencia renal y el edema periférico de causa desconocida».

SEIS VECES MÁS

La calidad de vida de los pacientes puede verse muy afectada por la somnolencia, que les puede llegar a incapacitar para la vida laboral y social. Asimismo, tienen un riesgo de siniestralidad en accidentes laborales y de tráfico seis veces superior a la población general. En el año 2004 hubo 1.700.000 accidentes laborales en España de los cuales, según calculan los expertos, se habrían evitado 18.000 (1,1%) de haberse tratado a los pacientes con esta enfermedad. Aunque no se ha podido especificar la incidencia exacta de los trastornos del sueño en los accidentes de trabajo, los expertos sí que ratifican la existencia de un mayor riesgo de sufrir un accidente laboral o doméstico entre aquellos individuos que sufren alteraciones del sueño de origen respiratorio. Según un estudio sobre el riesgo de sufrir accidentes laborales, el 52,4% de 286 trabajadores involucrados en algún percance admitió roncar por las noches.

Desde la Fundación Respira, perteneciente a la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR), afirman que la somnolencia al volante se erige, junto con la velocidad y el alcohol, en uno de los grandes factores de riesgo de accidente. Apuntan, además, que son muchas las enfermedades capaces de producir excesiva somnolencia y que, entre ellas, la apnea del sueño está como principal trastorno. Dado que es una enfermedad tratable, muchos accidentes de tráfico podrían ser evitados; por ello, actualmente se están realizando actividades con el objetivo de concienciar a los conductores del peligro que conlleva. Un estudio efectuado en el Hospital General Yagüe de Burgos destaca la implicación de la somnolencia diurna en hasta un 36% de todos los accidentes de tráfico considerados graves.

Además del deterioro de la calidad de vida y del mayor riesgo de accidentes, la apnea del sueño incrementa la incidencia de hipertensión, accidentes vasculares cerebrales, infarto de miocardio y muerte súbita. Investigadores del Centro de Medicina del Sueño de Yale publicaron en New England Journal of Medicine los resultados de un estudio observacional con más de 1.000 pacientes mayores de 50 años con apnea del sueño, que fueron seguidos una media de tres años y medio. Los resultados corroboran que la apnea obstructiva del sueño incrementa el riesgo de ictus y de muerte por cualquier causa, siendo el riesgo mayor cuanto más grave es la apnea y, según los autores, actuando como factor de riesgo de sufrir otras patologías como la hipertensión arterial.

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