Las enfermedades que vienen

Junto con las infecciosas, una serie de afecciones no transmisibles se añaden al gran conjunto de enfermedades emergentes
Por Núria Llavina Rubio 25 de febrero de 2011
Img gente diversa

El impacto que tienen en la sociedad las enfermedades emergentes es muy elevado, tanto en el ámbito sanitario como en el económico. Hasta hace pocos años este concepto se asociaba a patologías infecciosas como el sida, la tuberculosis o la malaria, entre otras. En la actualidad, se amplía la denominación a todas las dolencias infecciosas cuya tasa de incidencia ha aumentado de forma considerable en los últimos años: la obesidad, el asma, las de origen profesional y las demencias, entre otras. Todas ellas representan una amenaza para la salud pública.

En los últimos años, una gran variedad de factores han determinado el desarrollo y resurgir de varias dolencias, tanto infecciosas como no. Si bien este aumento afecta sobre todo a las áreas con más exclusión social y pobreza, las sociedades más desarrolladas pero con estilos de vida poco saludables no se quedan al margen.

Todas estas patologías, en conjunto, constituyen un grave problema para la salud mundial en los años venideros. Y no solo porque suponen un problema global que deben abordar varios países (muchas están provocadas por los movimientos migratorios), sino porque el nuevo concepto de enfermedades emergentes incluye desde hace poco a patologías no infecciosas, cuyo control depende de las políticas de salud de cada país.

Emergentes

En el libro «Enfermedades Emergentes», publicado por el Institut d’Estudis Catalans, se actualiza el estado de este conjunto de patologías que en los últimos años han cogido una nueva dimensión. Infecciones respiratorias agudas, el sida, el síndrome respiratorio agudo grave (SARS), el virus de la gripe, la malaria o la tuberculosis son las principales infecciones que desde siempre se han englobado en el término «emergentes». Los factores ambientales, tecnológicos y sociales continúan con un papel muy importante en el resurgir de todas ellas y, además, algunas reaparecen con más fuerza, debido a microorganismos más resistentes.

La Agency for International Development’s Emerging Pandemics Threats Program de EE.UU., auspiciada por importantes centros y universidades del país, acaba de publicar un nuevo mapa mundial con objeto de dar pistas sobre la situación actual de las enfermedades infecciosas emergentes en todo el mundo. Para responder al reto sanitario que suponen, según los especialistas, es necesario un esfuerzo internacional para coordinar los sistemas nacionales de salud y establecer un enfoque multidisciplinar que incluya la participación de todos los profesionales implicados: epidemiólogos, clínicos, microbiólogos, investigadores básicos y veterinarios.

Las no infecciosas

El nuevo enfoque más actual de enfermedad emergente incluye dolencias no transmisibles con prevalencia creciente, como el asma

Una enfermedad se considera emergente cuando su grado de incidencia en los últimos años experimenta un aumento considerable entre la población. El nuevo enfoque más actual de este concepto incluye dolencias no transmisibles con prevalencia creciente. Solo la tasa de incidencia de asma ha experimentado un aumento gradual en diversos países, donde alcanza ya proporciones epidémicas. Los datos sobre nuevos casos anuales en España rondan los 5,53 por cada 1.000 personas, una de las cifras más bajas de Europa desde hace muchos años, si bien es una enfermedad infradiagnosticada: más del 50% de los afectados por asma no lo sabe.

En los últimos años también ha aumentado el papel de los agresivos químicos como causa de enfermedad. Los medios de comunicación han llenado páginas sobre contaminación de alimentos (mercurio, dioxinas, clembuterol) y se han creado verdaderas crisis. Sea en alimentos o en el medio ambiente, son muchas las sustancias químicas que afectan a toda la población, como los bebés, las embarazadas y las personas mayores. Si se tiene en cuenta que la exposición se alarga durante toda la vida de una persona, el problema crece en importancia. Y, según los datos disponibles, el nivel de contaminación parece no retroceder.

La práctica clínica para este tipo de enfermedades, desconocidas en muchos casos, es dificultosa. En las sociedades desarrolladas e industrializadas, puesto que se conocen bien estos factores contaminantes, se opta por la prevención en el lugar de trabajo para evitar patologías profesionales. En estos casos, se han establecido sistemas de control y niveles máximos de exposición a una sustancia concreta. Muchas de ellas pueden pasan a formar parte del organismo humano y, en cantidades sustanciales, provocar una afección tumoral, por contacto (envenenamiento por plomo) o por ingesta.

La obesidad también ha pasado a formar parte de la familia de enfermedades emergentes. Considerada desde hace años una pandemia en el mundo occidental, la obesidad se ha convertido en un hecho muy preocupante porque afecta cada vez más a la población infantil y adolescente. Como consecuencia, han aumentado los casos de diabetes mellitus tipo 2 -otra de las epidemias de siglo XXI-, el síndrome metabólico y otras relacionadas, como la hipertensión y el colesterol. En la otra cara de la moneda figuran los trastornos de la conducta alimentaria, como la anorexia o la bulimia, cuya incidencia, lejos de disminuir, aumenta de manera considerable.

El envejecimiento de la población ha dado a la demencia entidad de enfermedad emergente. Si bien el aumento de la esperanza de vida puede considerarse un logro para la sociedad, ello acarrea problemas sociales y económicos que hay que afrontar. Las demencias y todas las enfermedades asociadas son un buen ejemplo. Para los expertos, es esencial que estas nuevas «añadidas» se traten de manera individualizada desde los sistemas de salud y desde el ámbito extrahospitalario, con campañas de sensibilización y prevención. La detección sistemática de estas dolencias es esencial para poder subsanarlas. Por otro lado, los esfuerzos nacionales deben coordinarse con los internacionales, por el hecho de ser un problema global.

EL TRADICIONAL ORIGEN ANIMAL

Entre los profesionales necesarios para poder afrontar de manera razonable las enfermedades emergentes, figuran los veterinarios, según se apunta en el libro “Enfermedades Emergentes”. Cada cuatro meses brota una nueva y, en muchos casos, proviene de animales: el 75% de las patologías infecciosas emergentes se originan en animales. De ésas, el 61% se pueden transmitir a los seres humanos, lo que se conoce como zoonosis. Y el futuro en este campo no es tampoco optimista.

Un informe reciente del Instituto Internacional de Investigaciones del Ganado ha concluido que el crecimiento de la población ganadera conllevará nuevas epidemias animales en todo el mundo y planteará problemas más serios para los países en desarrollo, que amenazan a su seguridad alimentaria. Cabe recordar las pérdidas millonarias que provocaron hace escasos años el síndrome respiratorio agudo severo (SARS) y la gripe porcina. Además, en los países pobres, todavía muchas familias dependen de los animales de granja para alimentarse. Por otro lado, la creciente demanda de carne, leche y huevos entre los consumidores de los países en desarrollo provoca una rápida intensificación de la producción ganadera.

La investigación alerta también de que la rápida urbanización y el cambio climático podrían actuar como factores impredecibles y alterar la distribución actual de las patologías. Los investigadores reclaman una mejor vigilancia de las infecciones animales y llevar a cabo pruebas de prevención y detección para evitar que se propaguen. La agricultura y salud están vinculadas de manera muy estrecha. Por tanto, la enfermedad asociada a la agricultura debería considerarse cada vez más un problema de salud pública. Los expertos sugieren dar más importancia a la salud humana y dejar en segundo término el rendimiento y la productividad.

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