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¿Se puede medir el nivel de estrés?

Distintos estudios coinciden: una parte importante de la población española padece estrés de manera continuada y está expuesta a consecuencias serias para su salud

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: jueves 26 septiembre de 2019
Imagen: Lashkhidzetim

El estrés es un problema acuciante en nuestra sociedad. El nerviosismo, la irritabilidad, las dificultades para conciliar el sueño, relajarse y desconectar forman parte de la vida cotidiana de muchísimas personas. Encuestas como el VII Estudio CinfaSalud documentan que el 90 % de la población experimenta estrés y que 4 de cada 10 españoles lo sufren de manera sostenida. También se sabe que afecta al 60 % de los trabajadores, un dato que señala, en este caso, el Instituto Nacional de Estadística (INE). El estrés continuado puede tener efectos graves en la salud, pero ¿cuáles son los síntomas de alarma? ¿Se pueden medir los niveles? Algunos métodos novedosos apuntan que sí. Lo explicamos en el siguiente artículo.

Si tienes la sensación de vivir bajo presión y cada vez más estresado, los datos confirman tu sospecha. En la actualidad, una parte importante de la población sufre estrés y, aunque hay diversos desencadenantes, el grueso se concentra en el trabajo. España es, de hecho, el país europeo con mayores índices de estrés laboral. El INE no solo recoge que afecta a 6 de cada 10 trabajadores, también el desglosa el nivel medio de estrés por situación profesional y por sexos. En una escala que va del 1 al 7 —donde 1 significa "nada estresante" y 7, "muy estresante"—, nos situamos, de media, en un 4,18. Las personas más afectadas son profesionales o empresarios con asalariados a su cargo.

Otros estudios sitúan la incidencia del estrés en el 71 % de la población, mencionan que el trabajo es el responsable de la cuarta parte de los casos e incluso describen el llamado estrés vacacional, que sufren las personas cuando menos cabría esperarlo: en los periodos de descanso. Los síntomas más frecuentes "afectan en el aspecto cognitivo, emocional, físico y de conducta", resume la psicóloga Sílvia Sumell Canalda. Los problemas de atención y memoria, el cansancio, las dificultades para dormir, las alteraciones del apetito (por aumento o por disminución) o la falta de energía son algunos de ellos.

"Mientras se trabaja a un ritmo trepidante, los niveles de cortisol y adrenalina (las dos hormonas relacionadas con el estrés) son elevados. La adrenalina hace que nuestro sistema inmunológico esté más fuerte y el cortisol actúa como antiinflamatorio, todo ello para que podamos aguantar largas jornadas. En cambio, cuando entramos en 'modo vacaciones' estos niveles de hormonas disminuyen, con lo que nuestro sistema inmunológico se deprime y podemos enfermar con más facilidad o tener algunos problemas de salud", detalla Sumell Calanda, quien también es profesora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

Pero ¿qué es exactamente el estrés? La Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS) lo describe como una sobrecarga para el individuo. Una sobrecarga que depende, por un lado, de las demandas de la situación y, por otro, de los recursos con los que cuenta la persona para poder afrontarla. Así, "cuanto mayores sean las demandas de la situación y cuanto menores sean los recursos del individuo, la sobrecarga será mayor". La SEAS también matiza que el estrés puede ser positivo o negativo: "Es positivo cuando la persona interpreta que las consecuencias de la situación serán favorables para sus intereses. Por el contrario, si percibe que dichas consecuencias serán perjudiciales, el estrés será negativo". Lo que ambos tienen en común es que provocan reacciones físicas, como el cansancio o la activación fisiológica.

Medir los niveles de estrés

En ocasiones solemos usar u oír expresiones como "estoy muy estresado", "estos días están siendo particularmente estresantes" o "tengo un poco de estrés". Es decir, además de reconocerlo, tenemos en mente algún tipo de rango que nos permite adjetivarlo acorde a su intensidad. Pero, más allá de lo coloquial, existen maneras de medirlo.

Una de ellas es la Prueba de Valoración del Estrés, un test hormonal desarrollado por los laboratorios europeos Synlab, que mide la presencia de dos hormonas: cortisol y dehidroepiandrosterona (DHEA) en la saliva. "El organismo produce cortisol, una hormona que prepara al cuerpo para afrontar una situación de estrés puntual. Sin embargo, la producción sostenida de cortisol puede ser dañina y, para contrarrestar este efecto nocivo, el organismo produce otra hormona llamada DHEA. El test de valoración del estrés evalúa la producción de cortisol y de DHEA, mediante muestras de saliva recogidas en diferentes momentos del día, y permite a quien lo realiza conocer su capacidad biológica actual de respuesta al estrés", explican sus creadores.

Otra manera de medirlo es mediante Stress Visualization Experience. Esta herramienta desarrollada por la norteamericana Cigna analiza parámetros físicos para conocer el nivel de estrés al que está sometida una persona. En concreto, a través de unos sensores que se colocan en la cabeza y las manos, mide la frecuencia cardíaca, las ondas cerebrales y la sudoración, y relaciona los tres indicadores. Pero lo novedoso es que el test aúna esos datos biomédicos con el arte digital: los marcadores permiten crear una imagen gráfica de los niveles de estrés mediante un mapa de calor (los colores fríos revelan niveles más bajos; los cálidos muestran los más elevados).

Atención a estas señales

Imagen: TheVisualsYouNeed

El estrés es una respuesta natural de nuestro organismo ante las situaciones que percibe como un desafío, una alarma o un problema. Para hacerle frente, intenta adaptarse a esas situaciones, y esto implica poner en marcha una serie de procesos fisiológicos, cognitivos, emocionales y de conducta. El objetivo es resolver ese desafío o amenaza. Una vez resueltos, todo vuelve a la normalidad. El problema surge cuando no es posible controlar la situación. En estos casos, los procesos se mantienen activos durante un largo periodo y pueden volverse crónicos.

Más allá de las innovaciones médicas y tecnológicas, existen algunas señales relacionadas con el estrés que todas las personas deberíamos tener en cuenta y, llegado el caso, consultar con el médico:

  • Emociones negativas: estados prolongados de desesperanza, ansiedad, irritabilidad, cambios de ánimo, miedo, nerviosismo, confusión…
  • Falta de concentración y malos pensamientos: dificultad para tomar decisiones, olvidos y distracciones frecuentes, pensamientos repetitivos y en círculo, anticipación de eventos negativos, excesiva autocrítica…
  • Alteraciones físicas: cansancio y falta de energía general, dificultades para conciliar o mantener el sueño, malestar de estómago, alteraciones en el apetito, diarrea o estreñimiento, mayor sudoración, dolores de cabeza, sequedad en la boca, contracturas musculares, problemas de espalda o de cuello, gripes o resfriados continuos, taquicardias, respiración agitada, dermatitis o piel seca, sensación de falta de aire…
  • Cambios en la conducta: comer más (o menos) que antes, tartamudez u otras dificultades del habla, apretar las mandíbulas, llanto fácil o frecuente, impulsividad, trato brusco a los demás, dormir más (o menos) horas, recurrir al alcohol o las drogas para relajarse, menor rendimiento académico o laboral…

Etiquetas:

estrés

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