Apuesta por la calidad del arroz

La producción de este cereal se enfrenta a nuevos desafíos climáticos y enfermedades que debe superar con el desarrollo de variedades más resistentes y productivas
Por Marta Chavarrías 23 de junio de 2008
Img arroz

La producción de arroz se enfrenta desde hace años a uno de los retos más importantes en seguridad alimentaria: alimentar prácticamente a la mitad del mundo. Ahora se encuentra bajo presión por la subida de los precios y la cada vez más alta demanda. Una de las principales vías de escape es la investigación, que debe ayudar a mejorar las variedades ya existentes y a crear nuevas más resistentes. El objetivo que fija el Instituto de Investigación Internacional del Arroz (IRRI, en sus siglas inglesas) es asegurar el acceso a este alimento en los próximos 20 años.

Imagen: Davide Guglielmo

«No se trata de hacer ciencia ficción, ni tampoco estamos hablando de arroz transgénico». Así de claro es Achim Dobermann, director general del IRRI, que admite que deben adoptarse medidas si no se quiere acabar con este cultivo, que sufre las consecuencias del cambio climático y de modificaciones también en las enfermedades por patógenos. En la mayoría de los países productores de arroz (China, India, Indonesia, Bangladesh, Vietnam, Tailandia, Birmania y Japón), las variedades que se cultivan, en algunos casos las mismas que utilizaban hace ya 20 años, están empezando a perder potencial en los campos. De ahí la necesidad que apuntan desde el IRRI de desarrollar nuevas técnicas al servicio de este alimento.

La calidad prima a la cantidad

Mejorar los cultivos del arroz pasa, según los expertos, por mejorar más la calidad que la cantidad de producción

El principal foco de atención debe ser, además de reducir la pobreza de los agricultores y su dependencia al arroz, seguir investigando para mejorar su «salud nutricional», «biofortaleciéndolo» con betacaroteno, hierro y cinc en los cultivos, sustancias que en los alimentos aportan un plus de beneficio en la salud de las personas. El arroz dorado es un claro ejemplo de los efectos positivos de la ciencia en este cultivo, una variedad destinada a paliar el déficit de vitamina A gracias a la ingeniería genética, que biosintetiza los precursores de betacaroteno.

Aún en fase de pruebas, se prevé que en unos tres años pueda destinarse al consumo humano. Enriquecer con hierro también implica tener al alcance de la mano la capacidad para combinar variedades transgénicas con métodos convencionales de producción.

Otro de los puntos primordiales de mejora de este cultivo es asegurar el acceso a la información genética del arroz para todos los implicados, incluso en fases como la recolección. El secreto de que medidas como estas acaben con la pérdida de rendimiento de los cultivos está en modificar la manera de producir arroz. Según expertos de la Cornell University, en EE.UU., se trata de mejorar la genética del arroz a través, por ejemplo, de fortificar la raíz de las plantas, lo que permitiría aumentar la resistencia ante problemas como sequías o la aparición de plagas. En líneas generales, sería dar salida a las posibilidades de la biotecnología en este campo, como producir una variedad que permitiera obtener nitrógeno directamente de la atmósfera y reducir así el uso de fertilizantes.

Revolución agronómica

Actualmente es difícil precisar con exactitud el número de variedades de arroz existentes. Según Dobermann, hay registrados unos 110.000 tipos de arroz en el banco genético del IRRI (no todos comestibles) y podría haber otros 1.000, que no se estarían registrados. En Filipinas, por ejemplo, se presentan entre 15 y 20 nuevas variedades cada año. Y conservarlas resulta imprescindible. Por este motivo, en febrero de 2008 el IRRI depositó más de 70.000 muestras de variedades tradicionales y modernas de arroz en la bóveda del fin del mundo , situada en el archipiélago noruego de Svalbard, en el océano Glacial Ártico, y que pretende dar cobijo al banco de semillas más grande del planeta.

Desde el IRRI se está potenciando un nuevo sistema de producción, el denominado sistema de intensificación del arroz (SRI), que no por simple es menos beneficioso. Originario de Madagascar, requiere menos agua, usa abono natural y mima de forma especial el suelo y los nutrientes. Desde esta agencia, que en los años sesenta fue una de las impulsoras de la gran revolución del campo, apuestan por la creación de semillas híbridas de arroz, es decir, por cruzar variedades para producir una con mayor capacidad de producción (de hasta un 20%) y más rápida.

Resistencia y calidad

ImgImagen: mykaul

El arroz es una de las claras promesas en la lucha contra la crisis alimentaria. Según las previsiones de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), la producción de este cultivo en algunos de sus principales productores (Asia, África y América Latina) podría llegar durante este año a cifras nunca hasta ahora alcanzadas. Las hectáreas destinadas a este alimento podrían situarse así en 666 millones de toneladas, lo que se traduce en un aumento de un 2,3%.

Todo ello a pesar de capítulos como el protagonizado en Myanmar, hasta hace poco uno de los mayores productores de arroz del sudeste asiático que el pasado mes de mayo veía cómo el tifón tropical Nargis rompía su privilegiada condición tras devastar dos tercios de los cultivos de arroz.

A pesar de perder uno de los más importantes “almacenes” de arroz de todo el mundo, la FAO prevé que la producción en Asia supere las 600 toneladas, especialmente en China, Filipinas y Vietnam, así como en zonas africanas como Ghana, Guinea y Mali. No son igual de alentadoras las previsiones para países como Australia, EE.UU. o Europa. Considerado uno de los cultivos más antiguos del mundo, la producción puede llegar a las 500 millones de toneladas, aunque está por detrás del trigo.

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