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Cómo conservar la lechuga en cuatro pasos

Algunos trucos, como conservar las hojas enteras, permiten conservar la lechuga durante más tiempo sin que se marchite ni se eche a perder

Alimentos frescos como los tomates, las lechugas o las zanahorias tienen un origen en común: en su crecimiento están en contacto directo con el suelo. Esta particularidad obliga a que se tengan en cuenta una serie de precauciones en el momento de su manipulación para evitar los restos de contaminantes ambientales. Pero no solo eso. También es importante saber cómo deben conservarse para que se mantengan en buenas condiciones desde que se compran hasta que se consumen para alargar su vida útil. Para la lechuga, son aspectos importantes el lavado, el corte y su almacenamiento en la nevera. El artículo detalla cómo debe hacerse y qué pasos seguir para conseguir una mayor higiene, además de cuáles son las necesidades de la lechuga que se vende en bolsa.

La lechuga es, junto con otros alimentos como el tomate o la zanahoria, una hortaliza que se consume cruda. Además, reúne algunas de las características perfectas para causar infecciones alimentarias: crece en los suelos. Todo ello supone, en ocasiones, una mayor carga de contaminantes, ya que no se someten a ningún proceso de cocción que destruye la existencvia de posibles patógenos. Tampoco es extraña la presencia de restos de tierra, insectos u otro tipo de suciedad con capacidad para contaminar las superficies de la cocina donde se manipulan y los utensilios que se usan para ello.

El proceso de conservación en casa es uno de los pasos que influyen en el momento de obtener un producto más seguro. Debe tenerse en cuenta que en cualquier alimento fresco que requiera frío, si no se refrigera de manera rápida, los posibles patógenos que contenga pueden multiplicarse. En el caso de la lechuga, la conservación puede mejorarse a partir de cuatro pasos fundamentales.

Conservar la lechuga en cuatro pasos

Con solo cuatro pasos y un poco de atención se pueden conservar las hojas de lechuga más frescas

Uno de los problemas más comunes cuando se adquiere una lechuga y no se consume enseguida es que las hojas se van marchitando. Y es que, en la mayoría de los casos, la compra se hace una vez a la semana. Esto conlleva, en ocasiones, que a finales de semana se tengan algunas frutas magulladas y otros alimentos frescos deteriorados. Pero con solo cuatro pasos y un poco de atención, estos productos no tienen por qué acabar en la basura. Hay maneras de que las hojas de la lechuga se mantengan frescas y, por tanto, se garantice más su vida útil.
  • 1. Lavar las hojas bajo el chorro de agua de una en una para eliminar posibles restos de suciedad. Se pueden desinfectar con unas gotas de lejía para uso alimentario y enjuagar bien.

  • 2. Las hojas deben secarse bien. Para ello puede utilizarse un envase centrifugador. Es aconsejable introducirlas dentro de un envase con papel de cocina entre las hojas para que absorba la humedad. Si se conservan enteras, las hojas duran más y mejor.

  • 3. Debe tenerse a temperaturas de refrigeración en los cajones de la nevera, ya que es la zona menos fría y la que mejor se adapta a las necesidades de este vegetal. Puede almacenarse durante unos 3-5 días.

  • 4. Si se cortan las hojas con un cuchillo de plástico, se previene y retarda más la oxidación.

La lechuga en bolsa

La lechuga que viene en bolsa suele durar más, aunque también se estropea antes una vez abierto el envase. Estos productos (IV gama) ya vienen limpios, cortados y listos para consumir y se les ha eliminado las partes no comestibles. Frutas, verduras y hortalizas ocupan un lugar especial en este sector por su comodidad, ya que no precisan que se laven ni se corten en casa. Pero tienen una necesidad básica fundamental: no debe romperse la cadena de frío. En la mayoría de los casos estos productos se presentan en envases como bolsas, bandejas o tarrinas y tienen una vida útil de unos siete días. Deben conservarse a una temperatura de unos 3 ºC o 4 ºC hasta que se comen.

A pesar de que en los últimos años se ha avanzado mucho en la mejora de la calidad y estabilidad de estos productos, debe prestarse especial atención a la supervivencia y el crecimiento de patógenos. En este sentido, se han desarrollado técnicas para mejorar el envasado en atmósfera modificada, es decir, la que rodea el producto en el interior de un envase. Si la materia prima y la recolección sigue las recomendaciones de manipulación exigidas, el almacenamiento en atmósferas modificadas es eficaz, maximiza la vida útil y mantiene la calidad del producto. Una de las ventajas de este envasado es la capacidad para reducir la producción natural de la fruta o verdura del gas etileno, responsable de que se acelere la maduración.

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