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Dean Ornish, cardiólogo de la Universidad de California en San Francisco

«Los cambios de estilo de vida son más eficaces cuando se plantean en grupo»

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: jueves 26 febrero de 2004

Mucho se ha hablado de la influencia del estilo de vida y de las llamadas pautas cardiosaludables como herramientas para preservar la salud. Sin embargo, la mayor parte de las aproximaciones efectuadas desde la ciencia y la medicina preventiva han sido siempre parciales. Dean Ornish, del Instituto de Investigación en Medicina Preventiva de la Universidad de California en San Francisco, planteó hace ya más de dos décadas estrategias globales. Estudios recientes han demostrado ahora su plena eficacia.

Las dietas o la farmacopea han contribuido sobradamente a demostrar su validez en terapias preventivas de infarto de miocardio o incluso en prevención de reinfartos. Lo mismo ocurre con los llamados hábitos de vida saludables. Pese a ello, su eficacia suele verse limitada por la poca aceptación que estas terapias tienen sobre un paciente al que le cuesta habituarse a un nuevo estilo de vida. Estrategias globales, en las que priman la intercomunicación, el trabajo en equipos multidisciplinares y los grupos de pacientes, elevan notablemente el nivel de eficacia. Es el denominado «método Ornish», un clásico antes denostado pero al que la evidencia clínica ha devuelto al primer plano.

Su iniciativa parte de una fundación privada y parece dirigida a cardiópatas con un buen salario y mucho tiempo libre.

En el estudio hemos incorporado también a pacientes de Medicare, de más de 65 años y con un diagnóstico de cardiopatía, que gratuitamente pueden beneficiarse de la estrategia que Medicare califica como Parte B. Su evolución no ha sido distinta a la del resto de los pacientes.

¿Qué factores de riesgo se ven más beneficiados en su estrategia de ejercitarse, comer y hablar con los demás?

A las 12 semanas se produjo una reducción de peso media de 7 kg. Seleccionamos a pacientes que pudieran estar 12 semanas sin tratamiento antihipertensivo y, aún así, la sistólica disminuyó un promedio de 20 mmHg y la diastólica 16 mmHg. La media de azúcar en la sangre disminuyó también de 156 a 126 mmHg.

¿Qué sugieren estos resultados?

Puede que estemos cargando con medicación antihipertensiva a individuos en los que las pautas higiénico-dietéticas pueden conseguir mejores resultados, siempre y cuando se planteen bien y con un buen cumplimiento.

Pero estas pautas no siempre han sido bien vistas por los expertos.

«Las pautas higiénico-dietéticas pueden conseguir mejores resultados que los fármacos antihipertensivos»
Las estadísticas nos abruman a los cardiólogos y médicos de atención primaria con la idea fija de que las medidas higiénico-dietéticas tienen siempre un cumplimiento desastroso. No es tanto porque el paciente no desee cambiar, sino porque siempre se encuentra solo frente a esa decisión. En grupo se comparten dudas, preocupaciones, trucos, consejos… Se mejora la autoexpresividad, se liberan complejos y se consigue un clima idóneo para cumplir tanto con los planes de ejercicio como con los requerimientos dietéticos. Invito a los médicos a que prueben a intercomunicar sus pacientes con riesgo cardiovascular e indicación de medidas higiénico-dietéticas, supervisando sus encuentros y asesorando cada paso. Ganarán en tiempo y eficacia. Igualmente, recomiendo a los pacientes que deseen iniciar un plan de dieta y ejercicio, que lo hagan asesorados por un mismo profesional, con una comunicación y un contacto directo diario. La unión hace la fuerza.

El Programa Ornish contempla una participación médica pluridisciplinaria. ¿No dificulta este requisito su puesta en marcha en pequeñas comunidades o ambulatorios?

Tanto en Europa como en EEUU la práctica médica relacionada con las enfermedades cardiovasculares demanda cada vez más atención pluridisciplinaria. Es algo que deben asumir tanto los servicios hospitalarios como las administraciones sanitarias. El equipo que proponemos en nuestro programa consta de un cardiólogo, una enfermera, un especialista en terapia del estrés, un dietista, un psicólogo clínico y un fisioterapeuta. Pero lo revolucionario es que la mayor parte de su actividad no consiste en una visita sino en supervisiones llevadas a cabo en pequeños grupos de gente, compartiendo y contrastando enseñanzas, soluciones a problemas concretos. Dicho de otro modo, se trabaja en grupo a los dos lados de la consulta: sanitarios y pacientes.

Centrémonos en la propuesta dietética. La AHA va por fin más allá de recomendar platos con pocas grasas, integrales, ricos en frutas y vegetales, y detalla unos mínimos a colgar en la pared de la cocina.

Así es. Por consumo bajo en grasas se concretan menos de 3 g por día (y menos de 1 gramo de grasas saturadas como la mantequilla). Del colesterol de baja densidad [el «malo»] se recomienda ingerir menos de 20 g. La cantidad de sodio no debe exceder los 480 mg diarios. Además, un 10% de lo ingerido cotidianamente debe corresponder a cada uno de estos nutrientes: proteínas, vitamina A, vitamina C, calcio, hierro y fibra dietética. Otra pauta que la AHA propone es la de circunscribir todas las comidas a un solo plato variado, eliminando segundos platos o postres. Con esta medida, además de comer mejor, se pretende que se coma menos.

¿Y qué se pretende conseguir con estas recomendaciones?

Debo insistir en que no se trata de una dieta tan programada para prevenir infartos, como para prevenir reinfartos.

¿Qué perfil de pacientes puede beneficiarse más de estas recomendaciones?

«El trabajo en grupo a los dos lados de la consulta, entre médicos y pacientes, mejora el cumplimiento de pautas cardiosaludables»
El Programa Ornish está muy orientado hacia aquellas personas con indicación de angioplastia o anastomosis (bypass), que busquen una salida menos invasiva a su estrategia de prevención secundaria, hombres y mujeres con historia previa de episodios cardiovasculares o cirugía torácica que deseen evitar o minimizar el riesgo de recidiva, pacientes recién diagnosticados de arteriopatía coronaria, angina o diabetes y, en general, individuos con factores de riesgo cardiovascular nada despreciables: presión sanguínea muy elevada, niveles altos de colesterol, predisposición genética a la obesidad, además de un largo etcétera.

LA INFLUENCIA DE LOS ESTILOS DE VIDA


Dean Ornish, figura central del Instituto de Investigación en Medicina Preventiva de la Universidad de California en San Francisco, presentó en la última reunión de la American Heart Association (AHA), el mayor y más importante encuentro anual de cardiología en el mundo, un proyecto destinado a demostrar que los programas de cambio de estilo de vida con dieta y ejercicio en pacientes cardiópatas sí funcionan.

Hace 20 años, se pensaba que comer sano servía sólo para evitar complicaciones cardiovasculares, no para curarlas. «No basta con diseñar una dieta adecuada y un ejercicio fácil de realizar», explica Ornish. «Cada individuo hace frente a condicionantes distintos que le dejan solo ante semejante desafío».

Autor de bestsellers como «Eat More and Weight Less» («Come más y pesa menos»), «Everyday Cooking» («La cocina de cada día») o «Love And Survival» («Amor y supervivencia»), Ornish revolucionó en los años 70 y 80 el estilo de vida de muchas familias estadounidenses, promoviendo el consumo de frutas y ensaladas y la práctica regular del ejercicio físico. Sin embargo, la aplicabilidad de sus métodos siempre había sido cuestionada hasta hoy. «Por fin hemos demostrado, con un estudio llevado a cabo con 250 enfermos del corazón (hombres y mujeres), que en tan sólo 12 semanas se pueden revertir factores de riesgo ligados al estilo de vida del paciente». El secreto para conseguirlo, asegura, está en acometer los factores estresantes paralelamente a la práctica de dieta o ejercicio y, sobre todo, en el trabajo de grupo.

Sanos o enfermos, los seres humanos somos «animales sociales». Ornish sostiene que andar de la mano de otra persona o comer con alguien que coma tu misma dieta son acciones que refuerzan la eficacia de unas medidas que muchos médicos de atención primaria dan a menudo por imposibles. Los resultados científicos le dan ahora la razón.


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