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El impacto del huracán Katrina en la seguridad alimentaria

Miles de personas han quedado privadas de los servicios más básicos

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El pasado 29 de agosto, los habitantes del sur y centro de EEUU vivían una de sus peores pesadillas. El huracán Katrina arrasaba literalmente todo lo que encontraba en su camino, afectando fuertemente países como Florida, Bahamas, Louisiana y Mississipi. El impacto ha sido enorme, y ha provocado millonarias pérdidas en el sector de la agricultura e innumerables riesgos para la salud pública, derivados sobre todo de la deshidratación y las intoxicaciones alimentarias.

Mientras continúan los trabajos para restablecer los servicios básicos en el Golfo de México, afectado por el huracán Katrina y el huracán Rita tres semanas después, las autoridades del Departamento de Salud y Servicio Humanos estadounidense han establecido una zona de emergencia de salud pública. La región del lago Pontchartrain, que ha inundado Nueva Orleans, se ha convertido en un caldo de enfermedades y de contaminación.

Tal y como referenciaban numerosos expertos en el 17º Congreso Mundial sobre Seguridad y Salud en el Trabajo, de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), los niveles de la bacteria E.coli son diez veces superiores a los umbrales de seguridad establecidos en el agua. Los institutos nacionales de consumo del país han reconocido que los principales problemas para la salud son las enfermedades intestinales provocadas por el agua potable contaminada y el desbordamiento de las aguas residuales.

Ha complicado la situación, si cabe, el hecho de que Nueva Orleans es una ciudad que se sitúa por debajo del nivel del mar, lo que la hace depender de una red de bombas, canales y diques, la mayoría de los cuales han dejado de funcionar. Para Ivor van Heerder, director del Centro de Huracanes de la Universidad Estatal de Louisina, «existe el riesgo de que aguas residuales sin tratar hayan entrado en el sistema de agua».El experto no descarta tampoco que «el sistema de agua se haya contaminado con sustancias químicas».

La Agencia de Protección del Medio Ambiente de EEUU (EPA, en sus siglas inglesas) ha señalado que se han llevado a cabo trabajos de laboratorio para determinar el nivel de contaminación y poder adoptar así las medidas de protección más adecuados. Según datos de la Organización de Defensa Natural (NRDC, en sus siglas inglesas), por lo menos 2,4 millones de personas no han tenido acceso a agua potable para beber y los niveles de bacterias han superado las normas sanitarias.

Medidas de prevención

Las autoridades sanitarias estadounidenses han presentado iniciativas para reducir los riesgos de intoxicaciones alimentarias EEUU ha tenido que activar el servicio de Alerta para el Consumidor, una iniciativa del Servicio de Inocuidad de Inspección de los Alimentos, perteneciente al Departamento de Agricultura (USDA, en sus siglas inglesas). La herramienta ofrece recomendaciones para evitar enfermedades provocadas por los alimentos que han estado expuestos a falta de electricidad o inundaciones.

Desechar todos los alimentos que han entrado en contacto con las aguas residuales forma parte del paquete de recomendaciones, así como de cualquier tipo de alimento cuyo envase sea de papel o cartón. Las autoridades sanitarias aconsejan beber sólo agua embotellada con no haya entrado en contacto con el agua de la inundación, incluso recomiendan deshacerse de todo alimento que haya entrado en contacto con esta agua, incluso los alimentos enlatados.

Huellas en la economía

La fuerza del huracán Katrina ha afectado de forma especial Nueva Orleans, y en concreto los puertos. En su paso por la ciudad, ha arrasado los diques de contención y ha inundado la ciudad. El río Mississipi, una de las vías más importantes de transporte de alimentos, destinados tanto al mercado interior como a ultramar, quedaba inutilizado.

En consecuencia, se paralizaba una de las rutas más importantes de comercio de alimentos. Algunos de los sectores que se verán más afectados son el del café, ya que en Nueva Orleans se concentra un cuarto de la producción total de café de EEUU, la segunda más importante después de Nueva York.

La agricultura también se ha visto severamente dañada, especialmente el cultivo de cereales y soja. Según datos de Congressional Budgetary Office (CBO), el 60% de los cereales y soja que se exportan es originario del área de Nueva Orleans.

En Louisiana, uno de los sectores más afectados es el que corresponde al camarón y las ostras. El impacto del huracán ha provocado unas pérdidas de 2,6 mil millones de dólares, según reconoce Ewell Smith, director ejecutivo de Promoción y Comercialización de Mariscos de Louisiana, que confirma que la región «produce el 10% del camarón que se consume en EEUU y el 40% de las ostras».

Hasta principios de septiembre, el 80% de la ciudad de Nueva Orleans permanecía bajo agua y las infraestructuras de transporte continuaban fuertemente devastadas.

PROYECTO INTERNACIONAL

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Episodios como el provocado por el huracán Katrina han acelerado la creación de un Proyecto Internacional de Observaciones Terrestres destinado a reducir las consecuencias de estos fenómenos. Un total de 58 países y 47 organizaciones ya se han unido para formar el Grupo para las Observaciones Terrestres (GEO), cuya finalidad es crear un sistema capaz de detectar fenómenos naturales como huracanes e inundaciones y reducir sus impactos en la economía y en la salud humana.

La nueva herramienta, que implica que los países compartan todas las informaciones relativas a estudios de la Tierra, puede llegar a ser también una «oportunidad para los países en desarrollo para mejorar sus capacidades técnicas», tal y como reconoce Rob Adams, representante de África en la presidencia del GEO.

El GEO, instalado en Ginebra, prevé reducir el impacto de los desastres, y los países que forman parte de él confían en que pueda ayudar a entender mejor los efectos del medio ambiente sobre la salud de las personas, así como la disponibilidad de agua potable y la seguridad de los alimentos.

Para los expertos, poder hacer una previsión meteorológica a corto plazo (de 1 a 6 meses) ayudaría a predecir posibles brotes de enfermedades relacionadas con las condiciones climáticas, así como a establecer en una fase temprana el aumento de agentes patógenos en el aire y el mar, o el nivel de contaminación de las ciudades.

Hasta el momento, forman parte de esta iniciativa cinco países de América Latina (Argentina, Brasil, Chile, Honduras y México), EEUU como representación de América, y China encabezando los países asiáticos.

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