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Información y prevención de alergias alimentarias

La norma comunitaria exige incluir en el etiquetado todos los ingredientes de un alimento, especialmente de los potencialmente alergénicos

Para las personas que sufren alergia a algún tipo de alimento resulta más o menos fácil tomar las precauciones oportunas cuando éstos se presentan en su forma entera natural. La cosa se complica cuando se trata de productos con «alimentos ocultos», es decir, cuando contienen sustancias alergénicas que no quedan especificadas en el etiquetado. Poner fin a esta laguna es parte de la función de una normativa comunitaria que entra en vigor el 25 de noviembre.

«Se trata de que si se ha empleado lecitina se especifique en la etiqueta que lleva huevo, o si contiene tamarí se diga que el alimento lleva soja», aclara el alergólogo José María Negro. Las nuevas condiciones de etiquetado, que recogen el criterio del Comité Científico de la Alimentación Humana, pretenden incrementar la protección de los consumidores, especialmente los afectados por alergias o intolerancias a algún alimento.

Las modificaciones que se introducen en la norma general del etiquetado, como consecuencia de la transposición de la Directiva 2003/89, afectan a la regulación de ingredientes, que son las sustancias, incluidos los aditivos, que se utilizan en la fabricación o preparación de alimentos y que todavía están presentes en el producto terminado.

¿Cuál es la principal novedad de la norma? Pues que a partir de ahora el etiquetado llevará incorporada una detallada relación de doce grupos de posibles alérgenos, si se usan como ingredientes en alimentos preenvasados, como las bebidas alcohólicas, independientemente de la cantidad en que se utilicen. Estos alérgenos son los cereales con gluten, frutos con cáscara como nueces o almendras, leche y derivados, crustáceos, pescado, mostaza, apio, granos de sésamo y soja.

Todos estos ingredientes, que están considerados como los responsables del 90% de las reacciones alérgicas, deberán aparecer en la etiqueta siempre que sigan presentes en el producto acabado, aunque sea de forma modificada y en una proporción mínima. Además, el etiquetado deberá incluir una referencia clara del nombre de estos ingredientes, como sería el caso de los embutidos que contienen cereales.

Algunas de las sustancias que podrían quedar exentas de estas condiciones son los siropes de glucosa hechos a base de trigo, el aceite de soja refinado, varios productos extraídos de frutos de cáscara y las materias proteicas utilizadas en la clarificación del vino, siempre y cuando los dictámenes científicos publicados hasta ahora lo consideren oportuno.

Mayor y mejor información

El 90% de las alergias está provocado por una docena de ingredientes que deberán constar forzosamente en la etiqueta Mejorar la información que el consumidor recibe a través del etiquetado constituye uno de los objetivos de la norma, que se traduce, a grandes rasgos, en sustituir la «regla del 25%» por una equivalente del 5%. La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) ya lo reconocía en 1995, cuando apostó por realizar una normativa más estricta basada en criterios científicos explícitos sobre el riesgo alergénico de los distintos alimentos.

La norma exige incluir en el etiquetado los ingredientes alérgenos en la etiqueta de las bebidas con un grado alcohólico adquirido superior al 1,2%, información que hasta ahora estaba excluida de la obligación de precisar su lista de ingredientes.

En el caso de que se utilicen como ingredientes en un producto alimenticio mezclas de frutas, hortalizas o setas, en que ninguna predomine en peso de forma significativa, y se utilicen en proporciones que puedan variar, podrán agruparse en la lista de ingredientes con la denominación frutas, hortalizas o setas, seguida de la indicación en proporción variable, y de la enumeración de las frutas, hortalizas o setas presentes.

Uno de los principales problemas que plantea el nuevo etiquetado deriva de su correcta interpretación. Así, por ejemplo, la designación de ciertos aditivos (conservantes, emulgentes, espesantes o gelificantes) por sus nombres específicos (lisozima, albúmina, caseína o lecitina) dificultan la correcta comprensión del etiquetado.

Para la American Academy of Allergy, el problema está en el hecho de que una proteína alimenticia puede tener más de un nombre. Por ejemplo, la proteína de la leche puede llamarse también lactoalbúmina, fosfato de lactoalbúmina, lactoglubolina o lactulosa. El papel de los consumidores a la hora de familiarizarse con los nombres técnicos o científicos resulta aquí de especial importancia.

ALERGIAS ALIMENTARIAS


Según el estudio epidemiológico Alergológica, el 3,6% de las personas que acuden al especialista presentan algún tipo de alergia a alimentos. Las frutas son los alimentos más implicados en esta patología, ya que suponen un 30% del total de los casos. Datos de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC) confirman que, algunas frutas como el melocotón o la pera, dejan de producir reacciones alérgicas cuando se les quita la piel.

En España, los alimentos más implicados en los casos de alergia son la leche y el huevo, que afectan especialmente a la población infantil. En los últimos 13 años, el porcentaje de personas afectadas por alergias a los alimentos se ha duplicado. El primer estudio realizado en España sobre este tema data de 1992. Entonces, el porcentaje de personas con esta patología era del 3,6%. Ahora, la cifra se ha multiplicado hasta alcanzar el 8,5%.

Los expertos advierten que la introducción de nuevos alimentos en la dieta diaria es uno de los motivos que puede explicar, en parte, este aumento. Por este motivo proponen que se realicen evaluaciones de riesgo alérgico antes de introducir alimentos como las frutas exóticas.

En la mayoría de los casos, las reacciones a alimentos se reflejan en urticarias, y en los niños es posible que desaparezcan con el tiempo. Para el resto de los afectados, la única solución es evitar el contacto con el alimento y sus derivados, de ahí la importancia de un etiquetado completo y riguroso.

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