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Mariano Domingo, director del CReSA

«La investigación en salud animal debe someterse a un control de calidad»

Las continuas mejoras en sanidad animal están marcando un antes y un después en seguridad alimentaria. La implementación de sistemas de control, así como un mayor conocimiento acerca de la influencia de la dieta y los productos farmacológicos, está limitando en gran medida el efecto de brotes infecciosos, aunque estos continúan existiendo. El papel del CReSA, dirigido por Mariano Domingo, es aportar nuevas claves para su control.

El pasado septiembre se inauguró el Centre de Recerca en Sanitat Animal (CReSA), centro mixto UAB-IRTA que realizará investigación de referencia en sanidad animal. El nuevo centro dispone de un edificio de 4.857 metros cuadrados construidos, de los cuales 1.046 son laboratorios con barreras de contención de microorganismos de hasta un nivel de bioseguridad 3. De esta forma será posible investigar con agentes patógenos graves. Unas 50 personas, entre investigadores y personal de apoyo y de administración, 11 proyectos en curso y 17 contratos con empresas y entidades del sector son las cifras que acaban de dibujar el núcleo de un laboratorio que empieza su andadura y que aspira a crecer, según nos explica su director, Mariano Domingo.

¿Qué líneas de trabajo abordarán en el CReSA?

El centro trabajará sobretodo en sanidad animal, pero nuestra actividad también puede extenderse a campos colindantes, como la nutrición o la genética, que influyen en el estado de salud del animal. En nutrición, por ejemplo, nuestro trabajo será de colaboración con otros grupos e intentaremos responder a cuestiones como qué efectos tienen los alimentos alternativos como probióticos sobre el aparato digestivo de los animales, efectos sobre su estructura o sobre el desarrollo del sistema inmunitario en el intestino.

Y en el caso concreto de las enfermedades animales, ¿hay alguna línea central que defina la investigación actual?

Cada vez es más importante conocer a fondo la interacción patógeno-organismo. La revolución genómica también ha llegado a bacterias y virus y nos va a permitir desarrollar nuevos métodos de control, nuevas vacunas y programas de vigilancia. También es importante ver cómo los agentes infecciosos han variado a lo largo del tiempo. Nuestro equipo está trabajando ahora mismo en diferentes proyectos sobre Haemophilus parasuis, circovirosis porcina o bursitis infecciosa de las aves, principalmente.

Hay un informe reciente de la UE sobre las futuras vacunas y métodos de diagnóstico para enfermedades animales de la lista A. Leyendo ese informe se tiene la sensación de que está todo por hacer.

Es que durante muchos años la UE ha basado el control de esos brotes con una única herramienta, el sacrificio de los animales y la imposición de barreras para impedir la dispersión de los focos. Es un sistema que ha acabado funcionando. Así se ha visto con la peste porcina o la fiebre aftosa. Pero los últimos episodios y una sensibilidad mayor del público, que presencia sacrificios masivos de animales sin acabar de entender el porqué, han ayudado a formar la impresión general de que estas medidas no son ya admisibles. Y que se necesitan nuevas herramientas, aunque supongan un coste más elevado. De ahí la necesidad de nuevas vacunas, productos vacunales marcados, nuevas herramientas de prevención con las que se podría cambiar la situación.

No obstante, el ciudadano continúa asistiendo a sacrificios masivos. ¿Por qué no se vacuna más?

«Se necesitan nuevas vacunas y herramientas, aunque supongan un coste más elevado»

Con las vacunas actuales no se puede diferenciar entre animales infectados por el virus de campo y animales vacunados. También está el posible riesgo, en algunos casos, de que la vacuna contribuya a la dispersión del virus. Eso obliga a una serie de restricciones sobre el transporte, la venta y el sacrificio de los animales, lo que al final repercute en la economía. Es decir, no es que esté prohibida tajantemente la vacunación preventiva, que se podría autorizar. Es que no interesa por todos esos inconvenientes.

Pero esa misma economía, ¿no puede frenar el desarrollo de nuevas herramientas biotecnológicas que quizá resulten demasiado caras?

No hay que olvidar que es una actividad productiva, y que eso afecta. Pero es relativo y no quiere decir que no lleguen los avances. Hay muchas cosas que hacer en investigación y vamos a mejorar en los próximos años. Ya hay una vacuna marcada que funciona, la de la enfermedad de Aujeszky [enfermedad vírica que afecta principalmente a cerdos, y sus síntomas son trastornos nerviosos y respiratorios] y los diagnósticos en esta enfermedad son muy eficaces.

Se ha hablado de la diversidad de patógenos y las dificultades para investigación.

En el caso de bacterias, hay mucha diversidad y eso es una limitación importante a la hora de desarrollar vacunas, aunque no afecta tanto al diagnóstico. En el caso de enfermedades víricas, es más fácil proteger, pero también esta el problema de la variabilidad de las cepas. Lo estamos viendo ahora con la lengua azul, enfermedad en la que los serotipos son muy numerosos.

¿Cuáles son sus retos inmediatos?

«Cada vez es más importante conocer a fondo la interacción de los patógenos con el animal afectado»

El primero es terminar las partes de la instalación que faltan. Antes de iniciar las actividades en el laboratorio hay que cumplir con los requisitos previos al funcionamiento de un centro como este, como una auditoria por parte de la Administración y recibir la autorización de la UE, entre otros. Y en cuanto podamos, empezar a trabajar, hacerlo lo mejor posible e instaurar un control de calidad.

Eso es nuevo.

Nunca se ha hecho hasta ahora un control de calidad en la investigación universitaria. Normalmente no está sujeta a controles porque se considera una fase previa del I+D. Es después, a los fabricantes de los productos, a los que se les obliga a cumplirlo. En nuestro caso entendemos que un control de calidad ofrece garantías de que el trabajo está bien hecho.

¿Puede este control de calidad además ayudar a ajustar el presupuesto cuando se tiene poco dinero para investigar?

No. En realidad lo que hace es añadir un sobreprecio de un 15% o un 20%. Pero el valor añadido compensa. Además, cada vez es menos aceptable que la investigación para la empresa o la administración no tenga un control de calidad. Antes o después hay que cambiar la forma de trabajar porque luego son terceros los que le pedirán a la empresa que documente la calidad del trabajo subcontratado.

LA PERCEPCIÓN PÚBLICA DE LA SALUD ANIMAL

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A juicio de Mariano Domingo, el control actual de las enfermedades animales permite hablar de una situación «muy limpia», sobretodo si se compara con la que se daba en países como España hace tan sólo 20 años con brotes continuos de peste porcina clásica, peste porcina africana o fiebre aftosa. Ahora, según este especialista en epizootias, todas ellas están «prácticamente erradicadas» aunque llegan más a la opinión pública debido al efecto amplificador de los medios de comunicación.

Las mejoras en salud animal, sostiene, con nuevos y mejores fármacos en el mercado, han contribuido notablemente a este cambio de perspectiva. Por ello, advierte de la necesidad de no bajar la guardia y no dejarse deslumbrar por experiencias alternativas. «No es oro todo lo que reluce», señala en relación a las granjas ecológicas. Estudios llevados a cabo por su equipo de investigación ponen de manifiesto que las diferencias entre animales tratados con antibióticos o siguiendo métodos naturales sin fármacos no demuestran que estos últimos estén mucho mejor. «Piense qué pasaría si la sociedad humana dejara de tomar antibióticos, hay personas más susceptibles a las enfermedades». Otra cosa bien distinta, puntualiza, es el uso de antibióticos como promotores del crecimiento. «Esta práctica no es admisible».

Domingo entiende que la opinión pública se desplace al otro extremo y reclame lo natural. ¿Pero qué se entiende por natural? «Si significa prescindir de fármacos antiparasitarios, habrá riesgo de parásitos en la carne; si los animales pastan sueltos en el campo, la presión de las enfermedades será mayor». La solución, según este experto, pasa por matizar los extremos y hallar puntos de equilibrio.


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