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Comedores sociales

Su buen funcionamiento depende del voluntariado

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: martes 14 enero de 2003

Voluntad y ganas de trabajar. Estos son los únicos requisitos que las diversas asociaciones y organizaciones sociales exigen para formar parte de su equipo de voluntarios. En España el número de necesitados sigue creciendo, por esta razón desde las asociaciones benéficas y diversos organismos sociales, se trabaja duro para habilitar los llamados comedores sociales. A ellos acuden personas con pocos recursos para comer caliente al mediodía o a la noche. Gracias a los cientos de voluntarios que trabajan desinteresadamente, en la actualidad, muchos de estos centros proporcionan una asistencia más global. Las comidas se complementan con servicios de lavandería, aseos y duchas, apoyo, seguimiento y reinserción. Una labor imposible de llevar a cabo sin el esfuerzo del voluntariado.

Los comedores amplían sus servicios

Según un informe de Cáritas y la Fundación Foessa, en España conviven unos 30.000 ‘sin techo’. Detrás de ese número se hallan personas marcadas por la pobreza, falta de oportunidades, circunstancias adversas o mala suerte sin más, que les obligan a malvivir sin residencia habitual y en condiciones sumamente precarias. Se estima que en España hay más de 8 millones y medio de personas que sobreviven con menos de la mitad de la renta media per cápita. Unos 85.000 hogares, más de 500.000 personas, están sumidos en lo que los especialistas denominan la “pobreza extrema”, esto es, disponen de menos del 15% de la renta media per cápita.

Si a esta cifra le sumamos las dificultades de los cada vez más numerosos inmigrantes que acuden a nuestro país en busca de una oportunidad, no es de extrañar que los servicios sociales institucionales reciban de buen grado la ayuda de las entidades benéficas.

Los comedores sociales, antaño limitados a la ración diaria de sopa caliente, trabajan en ampliar sus cometidos. La mayor parte de los comedores que funcionan en España ofrecen una atención cada vez más integral a los necesitados. Su financiación procede de la variada colaboración a través de organizaciones como Cáritas y diversas congregaciones religiosas.

Los requisitos que precisan las diversas organizaciones para admitir voluntarios son simples. Sus labores, variadas. Servir comida, recoger platos, cocinar en algunos casos, ocuparse del ropero en otros, pero sobre todo, estar en disposición de dedicar tiempo y esfuerzo a personas necesitadas de ‘calor humano’. “Pedimos estabilidad, una motivación real para ayudar a los demás, en definitiva, echar una mano”, afirma Borja Agirre, trabajador social a cargo del comedor de la Congregación Apostólicas del Corazón de María (-c/ Manuel Allende, 10, Bilbao-), que sirve comidas entre las 12.30 y 13.30. Este centro también dispone de sala de estar donde sentarse, leer el periódico o ver la televisión. Borja piensa que los motivos personales que conducen al voluntario a prestar su ayuda deberían quedar en un segundo plano.

Sin embargo José Antonio Lizarralde, responsable de Aterpe (-c/ Elvira Zipitria, 1, en la Parte Vieja de San Sebastián-), centro de día que abre a diario sus puertas para asistir a unas sesenta personas gracias a un centenar de voluntarios, está convencido de que el contacto con estas personas es muy positivo para el propio voluntariado. “Te va transformando. Estas personas están viviendo en la exclusión porque esta sociedad enferma genera personas que han ido rompiendo con ella. Es fácil darse cuenta de qué es lo que no tienes que hacer, y se aprende a mimar tus lazos, tu entorno. Se valora más todo lo que te rodea y te das cuenta de la suerte que has tenido”, explica el responsable.

Respecto al perfil de este voluntariado, que tanto aporta y a su vez recibe, se puede decir que hasta hace poco eran sobre todo mujeres mayores, vinculadas durante muchos años a instituciones benéficas, y con una fuerte motivación religiosa. Sin embargo, cada vez hay participan más jóvenes en estas tareas. “Vamos a colegios a invitarles, vienen estudiantes de Educación Social, individualmente o en grupo”, asegura Borja.

También colaboran prejubilados con tiempo libre para servir a los demás. “Somos mucha gente en este barco”, afirma Lizarralde. Por eso “es fundamental la coordinación y comprometerse en serio”. En algunos sitios se organizan turnos, y en otros los voluntarios se responsabilizan de acudir varios días fijos a la semana, según su disponibilidad. No suele haber problemas de convivencia, y los responsables de los servicios pueden expulsar a aquellos que la alteren, de modo que los voluntarios en pocas ocasiones se enfrentarán a situaciones violentas.

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