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¿Somos discretos en Internet?

El control y la precaución con los datos que los usuarios dejan en los diversos servicios de la Red puede evitar numerosos disgustos

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: lunes 23 julio de 2012

En Internet, como en todas las facetas de la vida, la
discreción es la mejor forma de conducirse para evitar conflictos
. La privacidad respecto a identidades y datos personales puede incidir de forma positiva o
negativa en la reputación del usuario y la seguridad de su economía y cuentas. Pero preservar dicha intimidad no está solo en manos de los
organismos reguladores o de los mecanismos que dispongan los
servicios que se utilicen, sino que también depende en
gran parte del usuario. ¿Somos todo lo discretos que desearíamos en
nuestra vida digital? A continuación se exponen las imprudencias más comunes que se cometen en Internet, algunos de los programas que las han detectado y los consejos para optimizar la discreción.

Imagen: Anastàssia

Si en el momento de escribir un comentario en Facebook o Twitter de manera pública no se mide el alcance de las palabras, se puede pagar muy caro

La caridad empieza por uno mismo; la
discreción también. Por mucho que la Agencia de Protección de
Datos Española
marque unas normas de seguridad y privacidad a los
diversos servicios, redes sociales y plataformas de la Red, y por
mucho que estas las cumplan a rajatabla con todo tipo de mecanismos,
opciones personalizables y niveles de cifrado de la información, si
en el momento de escribir un comentario en Facebook o Twitter de
manera pública no se mide el alcance de las palabras, se puede
pagar muy caro.

Abundan los casos de personas
despedidas por publicar en Twitter y Facebook comentarios
despectivos
, por criticar
a sus jefes
o expresar aburrimiento por su trabajo. También por
anunciar lo bien que estaban de vacaciones en determinado lugar,
cuando se suponía que estaban de baja médica o en un congreso. En
otros casos, algunas personas ven su reputación en entredicho por
hacer referencias a abusos con el alcohol o alguna droga en las redes
sociales que utiliza.

Programas para cazar indiscretos

En fechas recientes se ha lanzado un programa
que se dedica a recopilar y mostrar las opiniones polémicas que las
personas dejan en estas redes de forma pública, y el listado era
inacabable. ¿Por qué estas personas son tan incautas? Muchos
son neófitos en materia digital, y aunque darse de alta en
algunos servicios es muy fácil, no adquieren conciencia de que
sus comentarios pueden tener una repercusión enorme. Hace dos años
el servicio Openbook se dedicó a
poner de manifiesto lo que se decía de forma pública en Facebook
,
para sonrojo de muchos.

Se ha lanzado un programa que se dedica a recopilar y mostrar las opiniones polémicas que las personas dejan en las redes sociales

Algunos usuarios no configuran bien la
privacidad que desean dar al servicio y luego no miden sus palabras,
o confunden el ámbito profesional con el personal. En un mundo como
el digital, tan interconectado, no es nada raro que el superior
en el trabajo siga a su subordinado, incluso que le vigile; si no se le
impide, no hace nada ilegal. Los hay incluso que publican
fotografías en Twitter de sus tarjetas de crédito, tal como pone de
manifiesto la cuenta needathebitcard,
que se dedica a recopilarlas
para mostrar la inconsciencia de sus
dueños.

Otro apartado es el de las fotos que se
exponen en Facebook sin controlar su privacidad y que pueden ser
vistas de manera pública por todo el mundo con una búsqueda en
Google. Hay que ser conscientes de que determinadas fotos pueden
ser vistas por agencias de recursos humanos
que dudan si
ofrecernos o no un trabajo. Incluso existen páginas que explican cómo
ver fotos privadas de Facebook
.

Hace dos años se hizo famoso otro
servicio, PleaseRobeMe,
donde se recopilaban los comentarios de los usuarios de Facebook
en los que decían dónde estaban en un determinado momento
, de modo
que a la vez anunciaban que su casa estaba vacía y a disposición de
los cacos. No conviene contar en las redes dónde y cuándo nos vamos de vacaciones.

No solo se trata de jefes cotillas; también los gobiernos de todo el mundo empiezan a demandar información

Por otro lado, no solo se trata de
jefes cotillas, de reputaciones o hackers; también los
gobiernos de todo el mundo empiezan a demandar información
de lo que sus ciudadanos escriben en las redes sociales. En muchas
ocasiones es en referencia a violaciones
de los derechos de propiedad intelectual
, pero también por
comentarios que se consideran impropios o amenazas a terceros. Tanto
Google como Twitter
han hecho públicas las peticiones recibidas
durante este año, y sorprende que las haya de casi todos los países
occidentales, España incluida.

Cuidado en el momento de facilitar datos personales

Lo mismo sucede con lo que se escribe
en correos electrónicos o incluso con ciertos
datos dejados en servicios
que se contratan o comercios en los que
se compra.

A veces un correo puede ser reenviado sin
consentimiento
a contactos del destinatario que desconoce el emisor, de
manera que revele tanto la autoría del comentario como la
dirección de correo del remitente. No hay mala intención, pero este tipo de
prácticas pueden causar mucho perjuicio si caen en manos
inadecuadas.

Otro caso similar se da cuando
se contrata un dominio de Internet y se piden datos como el
nombre, apellidos y un teléfono personal. Si tal información no se facilita
en modo privado, bastará con que alguien ponga en Google el nombre dado junto a la palabra teléfono para que este aparezca.

Consejos para optimizar la discreción

  • Antes empezar la actividad en una
    red social, estudiar bien la configuración de privacidad y una vez
    dominada, fijarla al nivel deseado. Manejar
    la privacidad en Facebook
    y Twitter
    es muy importante.

  • Cuanta más privacidad, menos
    interacción con el medio, por lo que hay que decidir si se desea estar
    de forma pública o privada
    , solo visible para los contactos del usuario. En el
    segundo modo se tendrá más libertad, pero la popularidad se
    resentirá. En el primer caso, se optimiza el uso de las redes, pero
    se debe extremar la cautela y pensar siempre dos veces lo que
    se publica
    .

  • Controlar quién sigue la
    actividad social
    y bloquear o no admitir a personas que no
    interesen; ningún jefe puede obligar a que el ususario le acepte en un
    servicio.

  • Nunca exponer datos personales de
    manera abierta
    , como teléfonos, números de cuenta, datos de tarjetas,
    etc. Para ello, están los servicios de mensajería y los correos
    electrónicos.

  • Exigir siempre, cuando se deba dejar
    información por contrato en algún servicio o comercio, que los datos personales no se
    muestren de forma pública
    .

  • Controlar los reenvíos que se hacen
    de los correos electrónicos
    , tanto con la cautela de lo que
    se escribe y a quién, como con advertencias legales de
    confidencialidad. En principio, toda comunicación privada entre dos
    personas es confidencial y no puede ser revelada a terceros.

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