Quemagrasas: no funcionan

Los "quemagrasas" que se comercializan para perder peso son ineficaces y pueden resultar peligrosos para la salud
Por Julio Basulto 27 de agosto de 2013
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Imagen: e-Magine Art

“Así como el zumo de limón elimina la grasa de sus platos [muy poco, por cierto, por eso usamos detergentes], nuestro compuesto a base de limón fulminará la grasa de su abdomen y le conducirá a su peso ideal“. Planteamientos similares a este acompañan a los mal llamados “quemagrasas”. Tales argumentos, que suelen decorarse con tecnicismos como “metabolismo”, “termogénesis” o “insulina”, son tan falaces y absurdos como sugerir que comer muchas aves nos permitirá volar con la majestuosa cadencia de una gaviota. Pese a que la legislación es bien explícita a la hora de prohibir semejantes barbaridades, ello no impide que año tras año aparezcan en distintos medios falsas promesas para que adelgacemos con carísimas píldoras, siempre “naturales”, siempre inútiles y no siempre exentas de efectos adversos (algunos, graves). En el presente texto se explica por qué ningún quemagrasa funciona, cuáles son los riesgos de usarlos y se aborda el caso particular del “glucomanano”.

Ningún quemagrasa funciona

No hay más que decir. Por más que legiones de falsos gurús (que suelen depender de las ventas de los «complementos adelgazantes») quieran convencernos de que adelgazaremos con salvado de avena, vinagre de sidra, chitosán, hierbas chinas o con cualquier otro complemento o extracto «natural», lo cierto es que ni es útil ni recomendable confiar en dichas sustancias para perder peso con éxito. ¿Qué significa «perder peso con éxito»? Para el GREP-AEDN, tal y como detalló en diciembre de 2012 en su documento ‘¿Cómo identificar un producto, un método o una dieta «milagro»?’, una pérdida exitosa de peso es aquella que:

  • no produce una rápida pérdida de peso (porque genera el llamado «efecto yoyó«).
  • hace que se pierda grasa y no masa muscular.
  • consigue que la pérdida se mantenga con el paso de los años.
  • evita que el paciente aprenda conceptos erróneos acerca de la alimentación y sí integre, en cambio, unos hábitos de alimentación adecuados.
  • mejora la salud y la calidad de vida.
  • no tiene efectos secundarios adversos.

Con respecto a este último punto, cabe decir que los efectos secundarios de los medicamentos solo se permiten si son leves y, sobre todo, si el tratamiento funciona para lo que está indicado. ¿Funcionan los «quemagrasas» para adelgazar? La máxima autoridad europea en materia de alimentación, la EFSA, no ha aprobado ninguna declaración de salud para ningún alimento o complemento con respecto a una supuesta capacidad para eliminar de forma específica la grasa corporal. Es decir, dichas declaraciones de salud son ilegales. Capítulo aparte merece el caso del glucomanano.

El caso del glucomanano

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Imagen: CONSUMER EROSKI

El glucomanano es un aditivo alimentario que proviene de las raíces tuberosas de la planta konjac (Amorphophallus konjac) y que no se produce de forma natural en los alimentos, según la EFSA. Se usa como emulsionante y espesante, pero también se vende en forma de complementos. La EFSA autorizó en 2010 la siguiente declaración de salud: «El glucomanano, en el contexto de una dieta restringida en energía, contribuye a la pérdida de peso». La declaración solo puede acompañar a alimentos que contengan un gramo de glucomanano por porción, siempre que se avise al consumidor de que el beneficio se obtiene con una ingesta diaria de tres gramos de glucomanano en tres dosis, tomadas antes de las comidas junto con 1-2 vasos de agua, en el contexto de una dieta hipocalórica y en adultos con un verdadero exceso de peso. Su efecto no sería «quemagrasas» sino que, dado que el glucomanano es un tipo de fibra dietética no digerible en el intestino delgado, ejercería un efecto de saciedad y reduciría la ingesta de energía.

Sin embargo, la EFSA, en su dictamen de 2010, indicó algo importante: que los estudios en los que basó su postura eran a corto plazo, es decir, ninguna investigación había valorado el efecto del glucomanano en la pérdida de peso más allá de los tres meses. Es por ello que conviene tener en cuenta una investigación publicada en febrero de 2011 en la revista Obesity (Silver Spring), titulada: ‘Suplementos alimenticios para la pérdida de peso: revisión sistemática de las revisiones sistemáticas’. El trabajo evaluó el papel del glucomanano y no halló que presentara eficacia terapéutica. Concluyó que no hay evidencias plausibles que justifiquen que dicha sustancia produzca pérdidas de peso relevantes desde un punto de vista clínico.

Los riesgos de usar quemagrasas para adelgazar

Uno de los mayores expertos mundiales en el ámbito de la investigación científica, el profesor Edzard Ernst (quien tiene centenares de publicaciones a sus espaldas) concluyó en marzo de este mismo año lo siguiente: «Las ayudas alternativas para adelgazar son fraudulentas». Lo afirmó tras coordinar durante años, y mediante estrictos métodos científicos, investigaciones sobre una larga lista de ayudas alternativas para adelgazar.

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Imagen: Neeta Lind

Así, si los complementos «alternativos» para adelgazar no cumplen su objetivo, cualquier efecto adverso está del todo injustificado. ¿Cuáles son esos riesgos? El Centro Nacional de Medicina Complementaria y Alternativa (NCCAM), en julio de 2013, advirtió que los «quemagrasas» o similares, además de ineficaces, pueden estar «contaminados con ingredientes de medicamentos». Esto último fue analizado con detalle por la dietista-nutricionista Maria Manera en este texto, que escribió en 2009 para EROSKI CONSUMER.

El NCCAM, en cualquier caso, añade que estos productos pueden «tener efectos secundarios dañinos». Encontramos un ejemplo en una revisión de la literatura publicada por Yellapu y colaboradores, que incluyó al fallo hepático agudo como uno de los posibles efectos secundarios de los «quemagrasas». Los riesgos, sin embargo, no acaban en el hígado, ya que se extienden al intestino, al corazón, al cerebro y un largo etcétera de órganos y sistemas corporales.

No vale la pena, en suma, depositar esperanzas en complementos o «ayuditas» que cuestan un dineral y pueden deteriorar nuestra salud. Para perder peso, en caso de estar indicado, hay que ir en primer lugar al médico, para que valore nuestro estado general y determine, entre otros aspectos, si necesitamos bajar de peso. En segundo lugar deberíamos acudir al dietista-nutricionista, ya que es el profesional sanitario capacitado e indicado para orientarnos con respecto a la pérdida de peso. No se debe descartar la posibilidad de recurrir a un psicoterapeuta. El éxito del tratamiento consiste en modificar la conducta alimentaria y eso puede ser algo complejo, ya que se mezclan múltiples aspectos psicológicos. Todo ello sin olvidar que, tal y como apuntan los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades, «el peso saludable no es una dieta, es un estilo de vida».

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