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La dieta en la Diabetes Mellitus

La diabetes es una enfermedad crónica que afecta aproximadamente al 5% de la población de nuestro país

  • Última actualización: 16 de julio de 2009

La diabetes mellitus es una enfermedad crónica en la que se produce una alteración en el aprovechamiento de los azúcares debido a una carencia parcial o total de la hormona insulina o a que esta no cumple su función.
La insulina hace posible que los azúcares entren en las células para poder ser utilizados como fuente de energía. Si ésta es escasa o funciona mal, los azúcares se acumulan en la sangre, produciendo lo que se denomina hiperglucemia (niveles por encima de lo normal de azúcar -glucosa- en la sangre).

Se calcula que en España entre el 3 y el 5% de la población es diabética, de los cuales la mayor parte (85%) sufren la llamada diabetes tipo II o del adulto (no dependiente de insulina), y en menor proporción (15%), la diabetes tipo I o infantil (precisa de administración de insulina). No obstante, existen otros tipos de diabetes: tipo mody (de inicio en la edad infantil pero con características típicas de diabetes de adulto), diabetes pregestacional y gestacional (de incidencia durante el embarazo), diabetes III (comienza en el adulto como la diabetes tipo I y evoluciona como la diabetes tipo II), diabetes secundarias a alteraciones orgánicas o a enfermedad de páncreas, tiroides, glándulas suprarrenales…, e intolerancia hidrocarbonada. En este último caso, las hiperglucemias son menos severas que en el resto. En relación con los tipos de diabetes más comunes, las causas son múltiples y varían según nos refiramos a la tipo I o a la II:
- En la diabetes tipo II, están implicados factores genéticos (herencia), la obesidad (80% de los diabéticos tipo II sufren sobrepeso u obesidad), las dietas desequilibradas (muy energéticas y ricas en azúcares sencillos), el sedentarismo y el envejecimiento de la población.
- En la diabetes tipo I, influyen una cierta predisposición individual, así como alteraciones del sistema inmune (de denfensas del organismo) e infecciones víricas que pueden desencadenar reacciones de autoinmunidad con destrucción de las células pancreáticas que secretan la insulina. Es por esta razón que quienes la sufren necesitan ya de entrada inyectarse insulina.

Síntomas más frecuentes:
En cuanto a la manifestación de sus síntomas, depende del tipo de diabetes que se trate:
* Diabetes tipo I. Los síntomas más comunes son aquellos que derivan de un exceso de glucosa en sangre (hiperglucemia). En su inicio (conocido en clínica como debut diabético), las manifestaciones típicas son las que se describen a continuación. Cuando la glucosa en sangre supera unos limites determinados, el riñón no puede impedir que ésta se elimine por la orina (glucosuria). Además, para eliminar tal carga de azúcares por el riñón, es necesario diluirlos en la propia orina; el azúcar arrastra gran cantidad de agua y la persona diabética orina mucho (poliuria). Al perder tanta agua, el organismo se deshidrata y el diabético tiene mucha sed y bebe mucho(polidipsia). Por otro lado, como está aprovechando mal su principal fuente de energía (azúcares), se estimula mucho más su apetito y come en exceso (polifagia), aunque esto no soluciona el problema, por lo que pierde peso y se siente cansado. Una vez se inicia el tratamiento médico y dietético, remiten todos los síntomas.
* Diabetes tipo II. No se presentan los síntomas descritos en el párrafo anterior, y es por esta razón que se intuye que más de la mitad de las personas que la sufren no están diagnosticadas. En ellas, los síntomas son más inespecíficos y no tan claros, ya que el origen de la diabetes no es que no exista insulina sino que esta es insuficiente o que se aprovecha mal.

La dieta, fundamental en el tratamiento de la diabetes.
En cuanto al papel de la alimentación en esta patología crónica, se sabe que una dieta equilibrada (la conocida dieta mediterránea), es un aspecto muy importante a tener en cuenta respecto a su prevención. Pero además, en la persona ya diabética, la dieta es uno de los pilares fundamentales del tratamiento, ya que colabora en la regulación de los niveles de azúcar en la sangre y previene posibles complicaciones a corto plazo (hiperglucemias e hipoglucemias) y largo plazo (enfermedades cardiovasculares: hipertensión, hipercolesterolemia, hipertrigliceridemia, etc.). En ocasiones, la dieta se combina junto con la administración de insulina (tipo I) o junto con la toma de ciertos medicamentos llamados antidiabéticos orales (A.O.), aunque estos no son necesarios en todos los casos (tipo II). Así mismo, se recomienda la práctica regular de ejercicio (aumenta el llamado buen colesterol en sangre, mejora la circulación periférica y el aprovechamiento de los azúcares por parte del musculo, permite reducir las dosis de insulina o A.O…) lo que no sólo es beneficioso para las personas que tienen diabetes, si no para toda la población en general.

Tratamiento dietético.
La dieta no puede curar la diabetes pero sí controlarla mejor y por ello, el tramiento dietético deberá llevarse a cabo durante toda la vida. La dieta debe ser individualizada; en función de las características de cada persona, su estilo de vida, tratamiento específico (insulina o A.O.), etc. En general, los puntos más importantes a tener en cuenta son los siguientes:
- Dieta individualizada, variada y equilibrada.
- Fraccionada en 5-6 tomas al día (menor volumen de alimento por toma, mejor control de los niveles de glucosa en sangre).
- En concordancia con el tratamiento con insulina o con la toma de antidiabéticos orales y con la práctica de ejercicio físico.
- Rica en fibra (verduras, legumbres, frutos secos, cereales integrales y fruta en las cantidades adecuadas a cada caso).
- Reducida en grasas saturadas y colesterol (moderar el consumo de lácteos completos y los muy grasos, carnes grasas, huevos y sus derivados, charcutería, vísceras..), como prevención a largo plazo de enfermedades cardiovasculares.
- Controlada en alimentos que contienen hidratos de carbono simples (azúcar, miel, mermelada, zumo y fruta, bebidas azucaradas, golosinas, chocolate y derivados…) y complejos (cereales, patatas, legumbres).
Se recomienda sustituir el azúcar o la miel por edulcorantes no nutritivos tales como la sacarina, el ciclamato, el aspartame y el sorbitol, ya que además de que no aumentan los niveles de azúcar en la sagre, no aportan calorías, lo que es beneficioso para quienes tienen sobrepeso u obesidad.




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