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Consumo de leche y otros productos lácteos
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Probióticos en niños para protegerles de la gripe

Recientes investigaciones afirman que, tomados durante el invierno, resultan efectivos para reducir la duración de los síntomas de la gripe y del resfriado, como la fiebre y la tos

  • Autor: Por MAITE ZUDAIRE
  • Fecha de publicación: 20 de enero de 2011
Imagen: Judi Cox

Cada año, los niños de cualquier edad, igual que los adultos, están expuestos al riesgo de contagio del virus de la gripe durante el periodo que dura la epidemia. Niños, ancianos, mujeres embarazadas y personas enfermas son los grupos más vulnerables. Los más pequeños, en particular quienes acuden a guarderías y a la escuela, son agentes importantes en la diseminación del virus, ya que el mayor nivel de contagio se registra por vía respiratoria. En todos los casos, el refuerzo del sistema de defensas es el método adecuado para hacer frente a la gripe. Además de la selección de alimentos idónea para tal fin, se ha comprobado que el consumo diario durante los meses de invierno de un complemento específico de probióticos supone en los niños una manera segura y efectiva para reducir la duración de los síntomas de la gripe y del resfriado, como la fiebre y la tos.

Probióticos y sistema inmune

En los niños, en particular en los más débiles, al malestar propio de la gripe, como fiebre alta, dolores musculares, anorexia y molestias digestivas (náuseas, vómitos), se pueden sumar complicaciones respiratorias (bronquitis, bronquiolitis), otitis (entre el 20% y el 62% de los niños la sufren), enfermedades pulmonares o convulsiones febriles, que son más graves cuanto menor es el niño.

El buen estado del sistema inmune es fundamental en los menores para que puedan afrontar cualquier proceso infeccioso. Esta situación dependerá, en parte, del tipo de alimentación y nutrición que sigan los pequeños. Nutrientes concretos de los alimentos como las vitaminas C, vitamina A y E, y minerales como el hierro y el selenio hacen su labor respecto al aumento de los anticuerpos y, por tanto, en la actividad inmunológica antiviral y antibactericida. Por otra parte, en los últimos años ha aumentado el interés por el uso de complementos para reforzar la salud inmunitaria. Numerosas investigaciones muestran la capacidad de probióticos específicos (determinadas cepas de bacterias) para modular diversos factores del sistema inmunológico, tanto innatos como adquiridos.

El complemento probiótico es un producto que se comercializa en farmacias, laboratorios de nutrición o tiendas especializadas de dietética. Engloba a una selección específica de microorganismos vivos con efectos orgánicos saludables. La selección de bacterias se realiza de acuerdo a las personas a quienes se destinan, sean niños, adultos o personas con necesidades especiales por cuestiones de salud. En cualquier caso, siempre se ha de entender que es un complemento a la dieta y no un sustituto de algunos alimentos que la componen. El valor añadido de estos complementos se traduce en un menor uso de medicamentos para la tos y el resfriado entre los pequeños y en menos días de faltas a clase a causa de estos trastornos. Algunos estudios confirman, incluso, un menor uso de antibióticos en edades tempranas tras su ingesta durante unos meses, con los consiguientes beneficios como la reducción de las reacciones adversas por el medicamento, los costos y menos riesgo de desarrollo de resistencia a los antimicrobianos.

Imagen: Wikimedia

En una reciente revisión sobre probióticos e inmunidad realizada por investigadores australianos de la Griffith University, el Australian Institute of Sport, la University of Queensland y el Centre of Excellence for Applied Sports Science Research, se informa del papel beneficioso de los probióticos en distintos niveles del sistema inmunológico. El mecanismo de acción de algunos de ellos ("LGG", "Bifidobacterium lactis", "Lactobacillus acidophilus") se relaciona con su capacidad de competir con los microbios patógenos para los sitios de adhesión, aumentar la secreción de mucinas (moco) que inhiben la adhesión de los patógenos, aumentar la concentración de proteínas antimicrobianas (defensinas, mucinas) o modular la permeabilidad de la mucosa gastrointestinal. Este último aspecto es relevante para impedir la entrada de los microbios patógenos y demás tóxicos a la circulación sistémica.

Los probióticos modulan diversos factores del sistema inmunológico y evitan la invasión de patógenos

En la revisión sobre el uso de probióticos como terapia nutricional dirigida por el Department of Human Nutrition, Food & Animal Sciences de la University of Hawaii (Estados Unidos), los autores coinciden con la investigación anterior en señalar que ciertos probióticos han demostrado influir en varios aspectos de la función inmune. En estudios realizados en animales y humanos con diferentes tratamientos de las bacterias ("L. casei", "L. acidophilus" o "bífidus B."), se ha constatado un aumento de secreción de inmunoglobulinas A (IgA), un tipo de defensas del organismo.

Los expertos informan también de varios estudios que han concluido que los probióticos (sobre todo "L. casei" y "L. rhamnosus GG") aumentan la producción de citoquinas, unas proteínas que regulan el crecimiento y modulación de la secreción de inmunoglobulinas. En sendas investigaciones, los autores convienen que los mecanismos de acción por los cuales los probióticos afectan al sistema inmunológico están todavía por determinar, al igual que la dosis-respuesta más segura y efectiva. Por ello, al pensar en un complemento dietético para los niños, será el profesional sanitario experto en nutrición quien valore y determine el tipo de probiótico que tomará, la dosis y la duración del mismo.

Dieta de refuerzo

Imagen: Rex Roof

Este tipo de bacterias intestinales, las bacterias lácticas, son esenciales para la ontogenia (desarrollo del organismo referido en especial al periodo embrionario), la regulación del sistema inmunológico, la protección del cuerpo frente a infecciones y el mantenimiento de la homeostasis intestinal en los niños. La interacción de una equilibrada flora microbiana intestinal con las células epiteliales intestinales y las del sistema inmunológico ejerce efectos beneficiosos en la parte superior del tracto respiratorio, de la piel y en la vía uro-genital. Esto se traduce en un menor riesgo y/o una mejor respuesta a infecciones y trastornos respiratorios, dermatitis e infecciones de orina, todas ellas, afecciones comunes en los niños hoy en día.

La lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses es el alimento que mayor y mejor refuerza el sistema inmune del lactante

A los niños, según su edad, les benefician uno u otro tipo de alimentos para el fortalecimiento de su sistema inmune a través del equilibrio de la flora intestinal. Para los recién nacidos y hasta los 6 meses, la leche materna exclusiva es el alimento natural que mayores y mejores resultados positivos tiene en el desarrollo y refuerzo de su sistema inmune. Lisozimas, inmunoglobulina A, macrófagos y enzimas activas son algunos de los componentes de refuerzo inmunitario que contiene la leche humana.

Una vez que tienen edad para comer de todo, el menú infantil incluirá los alimentos que por su composición tienen mayor y mejor influencia en la nutrición de las defensas. Entre ellos, figuran los alimentos ricos en lactobacilus, como las hortalizas fermentadas (picles como el chucrut), además de los yogures y las leches fermentadas y otras menos comunes como el miso y el tamari. Estos dos últimos productos se obtienen por fermentación del haba de soja y se pueden emplear para aderezar los caldos, las sopas, las cremas y los purés del menú infantil. Si se añade poca cantidad, una cucharita de postre por ración, el niño no notará la diferencia y se reforzará su salud.

La fibra y los oligosacáridos de los vegetales son sustrato de las bacterias lácticas, las más beneficiosas para el sistema de defensas

Al mismo tiempo, se puede generalizar que una alimentación infantil rica en verduras, hortalizas, frutas, cereales, legumbres y con la cantidad justa, no abundante ni exagerada, de proteína animal, favorece el desarrollo de los lactobacilus. Los carbohidratos no digeribles de los vegetales, como la fibra y los fructooligosacaridos, son sustrato fermentable por la flora intestinal que le permite producir más bacterias lácticas.

Por tanto, para prevenir los resfriados, catarros y gripes en los niños, el primer paso es adecuar la alimentación. Si se estima conveniente, el profesional de la nutrición valorará la necesidad de reforzar la dieta con un complemento específico de probióticos, en la cantidad y en la duración justa para que resulte beneficioso, efectivo y seguro para su salud.


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