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Sabrosos y nutritivos, contienen además una sustancia de acción diurética
Los espárragos trigueros crecen con el sol de finales de invierno y poseen una textura firme pero tierna y jugosa.
Son de bajo valor calórico, ya que su principal constituyente es el agua. Además, son ricos en sales minerales (potasio, fósforo, magnesio...), vitaminas (C, beta-caroteno y ácido fólico) y contienen una sustancia denominada ácido aspargínico que estimula la diuresis, es decir, que aumenta la producción de orina, lo que los hace recomendables para quienes tienden a retener líquidos pero no para quienes padecen trastornos renales o de vejiga.
Debido a su elevado contenido en celulosa (fibra insoluble), el espárrago actúa estimulando las funciones intestinales, lo que resulta beneficioso para quienes padecen de estreñimiento. Sin embargo, su consumo frecuente no se aconseja en caso de niveles de ácido úrico elevados en sangre o gota, debido a su contenido en purinas, que en el organismo se transforman en ácido úrico.
De todas las variedades, los espárragos trigueros son los más sabrosos y los más indicados para consumir con un sólo aliño, aunque también son ingredientes adecuados de revueltos, purés, cremas, etc.
La mejor manera en que conservan todas sus propiedades nutritivas es cocinándolos al vapor, agrupados en manojos para evitar que se rompan. Otra forma de cocinarlos es a la brasa o a la plancha con unas gotitas de aceite y sal gorda, con lo que adquieren un sabor delicioso, aunque la pérdida nutritiva es mayor que con la cocción al vapor (principalmente de vitamina C y de ácido fólico).
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