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Las hierbas y especias aromáticas aportan frescor y sabor a un elemento tan graso como el queso
Los quesos frescos, que se obtienen a partir de leche pasteurizada, tienen una consistencia pastosa, un color blanco, un sabor suave y carecen de corteza. Son quesos acuosos debido a que se comercializan con el suero de la leche. Sus nutrientes se asimilan y aprovechan mejor que los de la leche gracias a la fermentación producida por las bacterias acido ácticas o el cuajo. Por este motivo resultan recomendables sobre todo para quienes sufren de estómago delicado y no toleran bien la leche entera, como alimento alternativo rico en calcio y otros nutrientes.
Los quesos más utilizados para aromatizar son el queso fresco tipo de Burgos, el de búfala o el queso de cabra
Por su sabor suave pocas veces se come solo y acostumbra a acompañarse de otros alimentos o de hierbas aromáticas que realzan su sabor. De hecho, es sorprendente el frescor que aportan las especias y hierbas a un elemento tan graso como el queso. Los quesos aromatizados tienen multitud de aplicaciones: pueden acompañar ensaladas y canapés, o hasta funcionar como entrantes por sí solos.
Con ayuda de unas hierbas aromáticas, un tarro de cristal y aceite de oliva virgen, se puede dar desde casa un toque original y de frescor a los quesos. Los más utilizados suelen ser el queso fresco tipo de Burgos, el queso de búfala o de cabra. Para hacerlo, se esteriliza el tarro de cristal donde vayamos a guardar el queso, sumergiéndolo durante diez minutos en agua hirviendo.
A continuación se introduce el queso en el recipiente, con hierbas o especias al gusto (pimientas variadas, estragón, romero, laurel, guindillas, albahaca o cebollino, entre otros). Cubrimos la mezcla con el aceite de oliva y cerramos el bote. Lo depositaremos por espacio de 24 horas en el frigorífico. Después de este tiempo, el queso ya estará listo para su consumo.
Se recomienda no prolongar su utilización más allá de una semana. La conservación del queso se llevará acabo siempre en el frigorífico y cubierto de aceite de oliva. El secreto del éxito cuando se preparan este tipo de quesos está en procurar moderar la cantidad de aromatizantes. Un exceso de los mismos puede resultar un poco cargante para el paladar.
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