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Café e hipertensión, una relación contradictoria

La ecuación café-salud continúa siendo una incógnita de investigación importante con implicaciones para la salud pública

Dentro de la prevención del riesgo cardiovascular, un factor predominante es la hipertensión. Las recomendaciones dadas a los pacientes hipertensos para reducir su presión arterial son una dieta adecuada, restringir el consumo de alcohol y de sal, no fumar y realizar ejercicio. Lo que no está claro es si a estas recomendaciones se debería añadir la de reducir el consumo de café. Así lo recuerda un trabajo recién publicado en el Journal of Human Hipertensión, firmado por el epidemiólogo británico Mark Hamer.

Los trabajos epidemiológicos son contradictorios. Algunos muestran que un mayor consumo de café se asocia con hipertensión mientras que otros estudios dicen justo lo contrario. Los resultados contradictorios podrían explicarse, muy probablemente, por la participación de otros factores. «El estado hipertenso, la vulnerabilidad genética, y la interacción con el fumar o el estrés pueden ser importantes», asegura Mark Hamer.

Una explicación de por qué el café podría afectar a unos individuos más susceptibles está en los genes. Así lo ha propuesto este año un equipo de investigadores de la Universidad de Toronto (Canadá), que han evaluado si la cafeína podría estar implicada en el desarrollo de enfermedades cardiovasculares en relación con el gen CYP1A2.

Este gen, que codifica para una enzima que ayuda a descomponer y metabolizar la cafeína, se halla en los humanos en dos versiones conocidas, una de las cuales, la CYP1A2*1F, metaboliza la cafeína más lentamente que la otra. Los investigadores afirman que las personas portadoras de ese gen serían «metabolizadoras lentas» y tardarían, por tanto, más tiempo en eliminar el café y la cafeína de su organismo.

Un 64% más de riesgo

La cafeína dada en pastillas tiene como resultado un aumento de la presión cuatro veces más que cuando se toma café Para ver qué implicación podía tener el café y ese gen en la salud cardiovascular, el equipo realizó un estudio con más de 2.000 personas que habían sufrido un ataque al corazón y los compararon, mediante un cuestionario y un análisis genético, con otros 2.000 individuos sanos. Según los resultados, los metabolizadores lentos que beben hasta tres tazas de café de 250 mililitros al día tienen un 36% más de probabilidad de sufrir un ataque cardíaco que los que sólo toman una taza. La probabilidad se incrementa hasta un 64% en los portadores del gen CYP1A2*1F que toman cuatro tazas o más, y el riesgo es mayor incluso en menores de 60 años. En cambio, el consumo de dos a tres tazas parece resultar protector en el caso de los portadores de la otra versión del gen, que les convierte en lo que puede denominar metabolizadores rápidos.

«Los resultados son claros y bastante sorprendentes», afirma Ahmed El-Sohemy, investigador de la Universidad de Toronto que ha dirigido esta investigación, dada a conocer el pasado marzo. ¿Cómo sabe uno si es metabolizador lento o rápido? Un test genético sería la mejor forma y, en cambio, los efectos frente al café no siempre son la mejor pista. «Uno no puede deducir que es metabolizador lento simplemente por que se siente inquieto tras una taza de café», dice Ahmed El-Sohemy. El efecto estimulante del café está determinado principalmente por la forma en que actúa en el sistema nervioso central, no con el tiempo que permanece la cafeína en el cuerpo.

De cualquier forma, añade el investigador, los resultados del trabajo no son suficientes para lanzar la alarma y recomendar a los portadores del gen CYP1A2*1F la reducción o supresión de café, ya que pueden haber otros factores. Por ejemplo, las personas que consumen más café podrían estar más estresadas y dormir menos porque tienen mucho trabajo, razón por la cual estas personas estarían tomando más café como remedio a sus pocas horas de sueño, así que el mayor consumo de café no estaría en las causas sino en los efectos de una vida estresada. O quizá estas personas más estresadas que consumen más café también se alimentan peor. Dicen los científicos que para confirmar o rebatir el papel del gen CYP1A2*1F se debería repetir el experimento con otros grupos de población, étnica y genéticamente diferentes y con estilos de vida diversos, de forma que se pueda discriminar los efectos de la cafeína de otros.

No es sólo la cafeína

No está claro cómo ésta puede actuar sobre el metabolismo humano aunque todo apunta a que puede afectar la flexibilidad de los vasos sanguíneos. La cuestión es hasta qué punto afecta y si los efectos de la cafeína del café no pueden quedar amortiguados por otros componentes del café. Ahí está otro de los obstáculos para determinar los efectos negativos del café sobre la hipertensión y la salud cardiovascular. Se estima que el café tiene hasta 2.000 compuestos diferentes, de los cuales el más conocido es precisamente la cafeína, con efectos fisiológicos bien conocidos.

Algo curioso, recuerda el epidemiólogo Hamer en su trabajo, es que la cafeína dada en pastillas tiene como resultado un aumento de la presión cuatro veces más que cuando se toma café. Un trabajo publicado por investigadores de la Universidad de Harvard el año pasado en el Journal of American Medical Association (JAMA), revelaba una mayor incidencia de la hipertensión en consumidores de refrescos de cola con cafeína y no entre los consumidores de café, por lo que se cree que algunos componentes del café que interactúan con la cafeína podrían resultar protectores.

El café contiene compuestos antioxidantes, flavonoides y polifenoles que pueden ser beneficiosos aunque, en contrapartida, también se ha visto una relación positiva entre el consumo de café y algunas moléculas que son indicadoras del proceso inflamatorio (lo que sugiere que el café podría contribuir o tener relación con esos procesos inflamatorios). Sin embargo, pueden darse factores de confusión en las investigaciones. En el caso de la investigación de JAMA, otra explicación podría estar en que los consumidores de refrescos de cola tienen, posiblemente, peor dieta y mayor ingesta de calorías que los consumidores de café.

No hay evidencia, dice Hamer, de que exista una relación de causa y efecto entre el mayor consumo de café y la hipertensión. «Hay una tendencia reciente que sugiere algunos beneficios del consumo de café, aunque se necesita más trabajo experimental para entender totalmente el efecto de los compuestos del café y su interacción con otros factores, como el riesgo genético, la dieta, el estilo de vida y el fumar». La ecuación café-salud, afirma Hamer, continúa siendo una incógnita de investigación importante con implicaciones para la salud pública.

LOS OTROS COMPUESTOS DEL CAFÉ

Hasta ahora toda la atención del café y sus «maldades» se han centrado en la cafeína. Pero con los dos millares de compuestos que conforman esta bebida, no se puede decir que no hay candidatos suficientes para ser investigados en relación con la hipertensión. Un buen candidato es la hidroxy hidroquinona, un compuesto pro-oxidativo del café, del que se han hallado resultados muy interesantes.

En 2006, investigadores japoneses del Laboratorio de Ciencias Biológicas de la Kao Corporation eliminaron del café este compuesto pro-oxidativo. Lo probaron en ratas de laboratorio hipertensas y vieron que tenía efectos beneficiosos en los roedores. Otros estudios del mismo grupo han mostrado que hay otro compuesto en el café con efectos beneficiosos sobre la tensión arterial. Se trata de un polifenol, el ácido clorogénico, que parece mejorar la salud cardiovascular en roedores.

Quizás a partir de ahí podría empezar a pensarse en un café no ya libre de cafeína sino libre de hidroxy hidroquinona. O fórmulas de café con mayor concentración de ácido clorogénico aunque, realmente, los experimentos realizados hasta ahora han sido en ratones y aun está por ver que los mismos efectos beneficiosos se den en humanos.




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