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Obesidad en el embarazo: riesgos y cuidados

El exceso de peso en la embarazada es un factor de riesgo para la madre, el feto y el recién nacido

  • Fecha de publicación: 21 de febrero de 2012
Imagen: fonticulus

En España, la obesidad es una patología cada vez más prevalente en todos los grupos de edad y las mujeres embarazadas no están exentas de padecerla. Según el grado de sobrepeso que tenga la mujer al comenzar la gestación, el profesional sanitario establecerá cuántos kilos son recomendables ganar, ya que el incremento ha de ser menor que el de una mujer con peso normal. El exceso de peso, previo al embarazo o adquirido durante el mismo, es siempre un factor de riesgo que puede presentar complicaciones en la gestación, en el parto y posparto.

A una mujer que tiene un peso normal al inicio del embarazo, se le recomienda aumentar de 7 a 11 kilos durante toda la gestación. Son los necesarios para contribuir a la ganancia ponderal del feto y a los tejidos de soporte de la madre. Los aumentos menores se relacionan con el riesgo de retardo del crecimiento intrauterino. Sin embargo, ante el embarazo de una mujer obesa, las recomendaciones son distintas.

Si bien la gestación no es una época para someterse a un régimen de pérdida de peso, no hay que alejarse de las metas nutricionales que aconsejan los especialistas: resaltar la importancia de seleccionar alimentos de gran calidad nutricional y evitar los que son ricos en calorías y que resultan innecesarios. En caso de que la gestante sufra un aumento muy brusco de peso, sobre todo en los primeros cinco meses de gestación, la revisión ginecológica descartará una posible diabetes gestacional.

La disminución de ingesta calórica provoca un aporte insuficiente de nutrientes esenciales y puede causar trastornos en el desarrollo del feto

Asimismo, después de 20 semanas de embarazo, también hay que estar atenta a un aumento repentino de peso, ya que si se acompaña de hinchazón en pies, manos y rostro, puede ser síntoma de preeclampsia. Esta situación se caracteriza, además de los signos citados, por hipertensión arterial, incremento de proteínas en la orina y dolor de cabeza. Afecta a un 10% de las gestantes y, hasta ahora, el tratamiento se basa en el reposo total para los casos más leves y en la inducción del parto, en los más graves.

Riesgos de la obesidad en el embarazo

Las mujeres obesas que buscan quedarse embarazadas deberían conocer los riesgos que su situación implica para el futuro de su gestación. Entre ellos figuran:

  • En la primera gestación (primíparas), una mayor posibilidad de partos muy prematuros (previos a las 32 semanas) y muertes fetales tempranas o tardías.
  • En las mujeres multíparas, es más elevado el riesgo de muerte fetal tardía, a las 28 semanas o posterior.
  • Aumenta la frecuencia de preeclampsia, relacionada de manera directa con el incremento del índice de masa corporal (IMC).
  • Mayor riesgo de dar a luz un lactante con un defecto del tubo neural (como la espina bífida), más allá de la ingesta de ácido fólico. Al parecer, el consumo adecuado de folato no parece conferir protección a estas mujeres, en comparación a las embarazadas de peso normal.
  • Son más numerosas y frecuentes las complicaciones obstétricas, como un parto prolongado, lo cual aumenta el riesgo de cesárea (y la prolongación del tiempo de recuperación) y el de tener un niño prematuro.
  • Mayor riesgo de padecer diabetes gestacional, cuando se detectan altos niveles de glucosa por primera vez durante el embarazo en mujeres no diabéticas. Las consecuencias de un mal control de esta enfermedad metabólica son muchas.
    • Para la gestante: 1 de cada 4 afectadas desarrolla diabetes mellitus tipo 2 al cabo de 5 o 10 años.
    • Para el futuro bebé: sufrir hipoglicemia neonatal y lesiones durante el parto; mayor riesgo de muerte; retraso en el desarrollo pulmonar; mayor riesgo de diabetes mellitus tipo 2 en la adolescencia y en la adultez, entre otras.

El riesgo de las dietas de adelgazamiento durante el embarazo

La gestación no es un momento idóneo para comenzar a hacer un régimen de adelgazamiento. Hasta el momento, no hay evidencias científicas que permitan asegurar que las dietas hipocalóricas administradas durante el embarazo resulten beneficiosas para la futura madre o el bebé. Al contrario, está demostrado que la disminución de ingesta calórica provoca un aporte insuficiente de nutrientes esenciales y puede causar trastornos en el desarrollo del feto.

Un déficit de nutrientes provoca el empleo de proteínas y grasas como fuente de energía, con la producción de cuerpos cetónicos que alteran el desarrollo neurológico fetal. Por tanto, es recomendable que las embarazadas obesas no se sometan a una restricción de calorías, sino que deben seguir el mismo criterio nutricional que una embarazada no obesa.

Plan de alimentación de la embarazada

Se sabe con certeza que el descenso sostenido de peso previo a la gestación previene muchas de las complicaciones asociadas a la obesidad. Por consiguiente, es importante, para alcanzar el término de la gestación sin problemas, un adecuado manejo dietético y con controles prenatales específicos. Para ello, los alimentos básicos que no deben faltar en la dieta de la mujer embarazada son los siguientes:

  • Lácteos. Mejor desnatados, tan ricos en cantidad de calcio y proteínas como sus homólogos enteros, pero con la mitad de grasa y de calorías.
  • Cereales y derivados. Pan, arroz, pasta, en cantidad y frecuencia moderada, de acuerdo a las indicaciones de la pauta dietética establecida por el especialista. El pan, las galletas y los cereales de desayuno, siempre conviene que sean integrales para aumentar el valor de saciedad y contribuir al aporte de fibra.
  • Legumbres. Combinadas con ingredientes vegetales, en la cantidad y frecuencia establecida en la pauta dietética.
  • Frutas. Sobre todo, que sean frescas y de temporada, con piel y muy bien lavadas.
  • Verduras y hortalizas. Se debe comer, al menos, una ensalada al día. Incluir verduras como ingrediente de primeros y segundos platos, cocinadas con poca grasa.
  • Carnes, pescados y huevos. Elegir los cortes magros de las carnes y eliminar la grasa visible. Elaborarlos con técnicas culinarias que requieran poca grasa, al horno, a la plancha, a la parrilla, al vapor o estofados con poca cantidad de aceite.
  • Grasas y aceites (de oliva y semillas). Hay que utilizar con prudencia el aceite, ya sea de oliva o de semillas, y se aconseja limitar al máximo el resto de alimentos grasos, como mantequilla o margarina, mayonesa, nata, manteca, sebo, embutidos, frutos secos grasos, aceitunas o aguacates, entre otros.

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