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Deterioro cognitivo sin vitamina B12

Un estudio sugiere que los valores altos de homocisteína, que aumentan el riesgo de deterioro cognitivo, podrían evitarse con el consumo de vitamina B12

  • Autor: Por JORDI MONTANER
  • Fecha de publicación: 28 de febrero de 2007
Imagen: Pedro Simões

Una investigadora estadounidense añade una nueva propiedad a las muchas que relacionan las vitaminas del complejo B con el sistema nervioso y el cerebro: la vitamina B12 parece capaz de prevenir el deterioro cognitivo propio del envejecimiento. Tanto, que algunos especialistas abogan por que todos los ancianos con más de 70 años incluyan un miligramo diario de vitamina B12 en la dieta.

Mary Haan, de la Universidad de Michigan, investigó a un millar y medio de ancianos mejicanos, prestando una atención especial a sus análisis de sangre, y descubrió que los valores elevados del aminoácido homocisteína llegaban a doblar el riesgo de demencia o deterioro cognitivo en estos pacientes. En segunda instancia, descubrió que quienes consumían más vitamina B12 eran también quienes menos homocisteína en sangre presentaban, por lo que determinó que la vitamina B12 previene las demencias y el deterioro cognitivo a través de una inhibición de la homocisteína. La autora dejó claro, sin embargo, que esta acción es exclusiva de la vitamina B12 y no ha lugar con el resto del complejo vitamínico B.

La homocisteína

No se trata del primer estudio en demostrar el papel deletéreo de la homocisteína, pero sí en confirmar el potencial de la vitamina B12 frente a la demencia. El estudio de Framingham, el trabajo epidemiológico de mayor envergadura llevado a cabo en el mundo, suscribió en su día que niveles de homocisteína en sangre por encima de 14 micromoles por litro aumentaban peligrosamente el riesgo de demencia. De este modo, sentó las bases para investigar si una inhibición terapéutica de la homocisteína se traduce asimismo en una reducción de riesgo. Otros estudios han investigado el efecto de inhibir la homocisteína en pacientes de riesgo y han dado con resultados contradictorios, pero el trabajo de Haan, publicado en una edición reciente del American Journal of Clinical Nutrition, se limita a verificar con datos epidemiológicos que un consumo regular de vitamina B12, niveles más bajos de homocisteína y menor riesgo de demencia o deterioro cognitivo andan de la mano.

Haan siguió a sus pacientes por espacio de cinco años. Un 4,4% desarrolló demencia, y el 3,9% mostró signos de deterioro cognitivo. Su estudio concretó que niveles de homocisteína en sangre por encima de 13 micromoles por litro aumentan el riesgo de demencia en un 136%. También se quiso indagar en el efecto del ácido fólico; sin embargo, el estudio no halló ninguna relación significativa entre el consumo de folatos, los niveles de homocisteína y el riesgo de demencia. «Aun cuando no cabe duda de que los niveles de homocisteína constituyen un predictor independiente del riesgo de demencia, el papel de la vitamina B12 debe aún concretarse con estudios diseñados para esta finalidad», concluye Haan.

«Pese a que los niveles de homocisteína constituyen un predictor del riesgo de demencia, el papel de la vitamina B12 debe aún concretarse con más estudios»

Su artículo va precedido de un editorial firmado por Robert Clarke (Universidad de Oxford), en el que se apunta a que la vitamina B12 desplaza a los folatos del primer lugar entre los nutrientes con capacidad para prevenir el deterioro cognitivo y la demencia. Con la finalidad a nuevas investigaciones, Clarke aboga por profundizar en el efecto de esta vitamina y discernir si es obra de la fracción activa holotransbalamina o del ácido metilmalónico (un metabolito). Por último, el especialista británico aboga por que todos los ancianos con más de 70 años incluyan un miligramo diario de vitamina B12 en sus dietas.

¿Cosas de viejos?

Cuesta a los científicos asumir que el deterioro cognitivo es inapelable en la tercera edad cuando todavía no se han identificado los detonantes fisiopatológicos de semejante trastorno. Datos puramente observacionales confirman que el ser humano mantiene un buen nivel de competencia cognitiva hasta después de los 75 años. Pero la controversia está servida: Paul B. Baltes (Alemania) y K. Warner Schaie (EEUU) han demostrado que el deterioro mental se hace incipiente hacia los 60 años y reviste una importancia enorme a partir de los 80 años; mientras que John L. Horn y G. Donalson (EEUU) identifican un proceso de deterioro muy marcado que avanza gradualmente ya a partir de los 45 años... En lo único que se está de acuerdo es que el riesgo aumenta conforme nos hacemos viejos.

De forma un tanto banal, la ciencia toma la pérdida de memoria como rasgo esencial de la capacidad cognitiva y analiza la demencia de los ancianos por lo que son incapaces de recordar, sin tener en cuenta algunos aspectos mentales en los que los más viejos superan claramente a los más jóvenes, como la experiencia y los conocimientos acumulados, que aun no siendo fáciles de rescatar, siguen amueblados en sus cabezas. Tal vez discurran con lentitud, pero hay ancianos que pueden aportar una visión de conjunto esencial en la resolución de muchos problemas, evaluar mejor pros y contras, disponer de más puntos de referencia.

A la hora de determinar por qué los ancianos pierden la razón, los neurólogos prestan atención a la deprivación sensorial (menor agudeza visual o auditiva), responsable de cambios importantes en las estructuras cerebrales y, por extensión, en el comportamiento cognitivo. La tercera edad también es terreno abonado para una serie de trastornos físicos con repercusión en el flujo cerebral o la estructura nerviosa, que se suman a no pocos efectos secundarios de los fármacos destinados a aliviar tales dolencias. Por último, entra en juego un factor psicológico, psicosocial: los ancianos quedan progresivamente solos y aislados, al perder cónyuges, familiares o amigos, tras sufrir cambios drásticos en sus relaciones interpersonales, vida profesional y afectiva que pueden afectar negativamente a su rendimiento intelectual.

LA DUODÉCIMA

Imagen: Rodrigo Senna

La vitamina B12, al igual que el resto de vitaminas del complejo B, desempeña un papel importante en el metabolismo, ayuda a la formación de glóbulos rojos en la sangre y al mantenimiento del sistema nervioso central. Es una vitamina que se encuentra en los huevos, carnes, mariscos, leche y derivados. El cuerpo humano tiene la capacidad de almacenar grandes cantidades de vitamina B12, por lo que un déficit de esta naturaleza es sumamente raro.

No tan rara es la incapacidad para absorber la vitamina B12 desde el tracto intestinal, algo propio de algunos con anemia perniciosa. Los vegetarianos más estrictos corren también el riesgo de no incorporar al organismo cantidades adecuadas de vitamina B12, salvo que utilicen suplementos. Niveles bajos de vitamina B12 se caracterizan por expresarse en forma de un entumecimiento u hormigueo en las extremidades, además de otros síntomas neurológicos como la debilidad o la pérdida del equilibrio.




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