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Más higiene, menos infecciones urinarias

Cerca del 80% de las cistitis podrían prevenirse con prácticas higiénicas correctas

Imagen: Robert McDonald

Las infecciones urinarias son el segundo tipo de infección más frecuente en el ámbito ambulatorio, tras las infecciones respiratorias. Las mujeres son las principales afectadas, y se estima que una de cada tres sufrirá este tipo de infección en algún momento a lo largo de su vida. Esta mayor propensión se debe a que la uretra (conducto que va desde la vejiga hasta el orificio exterior) es mucho más corta, lo que facilita la penetración de las bacterias. La décima entrega de la campaña "Recomendaciones SEFAC" está dedicada a las infecciones urinarias. La Sociedad Española de Farmacia Comunitaria, SEFAC, ha considerado oportuno incidir en este tema ya que considera que fomentar prácticas higiénicas correctas evitaría un gran número de infecciones.

La infección más frecuente es la que conocemos como cistitis, en la que los gérmenes afectan las vías urinarias inferiores (uretra y vejiga). La culpable suele ser, con mucha frecuencia, la bacteria "Escherichia coli", que se encuentra de forma habitual en las zonas distales del tubo digestivo. Las relaciones sexuales aumentan la probabilidad de padecer una cistitis debido al paso de bacterias hacia la uretra. El embarazo, la diabetes y los problemas que dificultan el vaciado de la vejiga son otros factores que incrementan el riesgo de infecciones urinarias.

Por este motivo, a partir de cierta edad las infecciones también empiezan a ser más frecuentes en los hombres que padecen problemas prostáticos. Los síntomas más frecuentes son escozor o dolor al orinar, con sensación de quemazón y necesidad de orinar con frecuencia. La orina puede ser turbia y, en ocasiones, hemática. La cistitis no suele acompañarse de fiebre alta. Si se presenta con fiebre elevada y dolor lumbar debe sospecharse una infección de las vías urinarias altas con afectación del riñón (pielonefritis). El diagnóstico se efectúa mediante un sencillo análisis de orina, que, gracias al cultivo, también aporta información sobre el germen causante y el antibiótico más adecuado para el tratamiento.

Infecciones recurrentes, un problema habitual

Realizar micciones frecuentes resulta útil en la prevención de infecciones de orina

Las infecciones urinarias recurrentes son un problema frecuente, sobre todo, en mujeres jóvenes sexualmente activas. Tras sufrir una cistitis, cerca del 25% de afectadas padecen una reinfección, que en muchos casos se repite de forma periódica. A pesar de que el problema no es grave, supone un malestar importante y también una repercusión económica por los costes sanitarios que conlleva. En estos casos no suele haber ninguna anomalía física que justifique las infecciones repetidas, aunque en un estudio se comprobó que estas mujeres tenían una menor distancia entre el ano y la uretra.

En la mayoría de los casos las infecciones frecuentes son debidas a causas relacionadas con las bacterias las que provocan (hay algunos tipos de "E. coli" con mayor capacidad para fijarse a las células epiteliales). También se han implicado factores genéticos que inciden sobre la facilidad con la que las bacterias se adhieren a las células del epitelio urinario y sobre las propiedades del moco vaginal. Asimismo, se conoce que las mujeres con infecciones urinarias recurrentes tienen una mayor colonización de la vagina y de la zona alrededor de la uretra con bacterias con mayor capacidad para provocar infecciones urinarias.

Recomendaciones

Los expertos de la SEFAC emiten algunas consideraciones para disminuir la incidencia de este problema:

  • Si las cistitis son frecuentes, puede resultar útil tomar una única dosis de antibiótico después del coito o bien efectuar tratamiento profiláctico continuo, con la administración periódica de antibióticos. Siempre bajo supervisión médica.
  • El uso de espermicidas puede favorecer las infecciones ya que afecta a la concentración vaginal de lactobacilus, variando el pH y facilitando la colonización de gérmenes uropatógenos.
  • La zona genital debe mantenerse limpia, realizando la higiene de adelante hacia atrás para reducir las posibilidades de introducir bacterias desde el área rectal a la uretra. Es importante instruir a las niñas en estas prácticas.
  • Después de tener relaciones sexuales, orinar y limpiar la zona genital.
  • Realizar micciones frecuentes puede resultar útil ya que dificulta el crecimiento que los gérmenes, al impedir que estos permanezcan en la vejiga durante el tiempo necesario.
  • Beber líquidos en abundancia, además de facilitar las diuresis, también ayuda a limitar el crecimiento bacteriano.
  • Al ir al baño, intentar que no queden residuos de orina en la vejiga vaciándola completamente.
  • Mantener la orina con un pH ácido a fin de dificultar el crecimiento bacteriano, que se consigue tomando alimentos ricos en vitamina C, como el zumo de naranja.

ARÁNDANOS EN PREVENCIÓN

Imagen: vanora

Desde los tiempos antiguos se ha atribuido a los arándanos cualidades curativas. Los nativos americanos los utilizaban para el tratamiento de enfermedades de riñón y vejiga y, en la actualidad, se han mostrado útiles en la prevención de las infecciones urinarias. A pesar de que se consideraba que el alto contenido en ácido de esta fruta era el mecanismo por el cual ayudaban a prevenir el desarrollo de las bacterias, investigaciones posteriores señalan que es diferente.

Las responsables de su efecto beneficioso son las proantocinidinas (PAC). Estas sustancias químicas impiden a las bacterias "E. coli" adherirse al epitelio del tracto urinario al inhibir la adhesión de las fimbrias del germen, tal y como han demostrado, en un modelo artificial, investigadores del Instituto Politécnico de Worcester (Massachusetts, EE.UU.). Aun así, los investigadores apuntan que el zumo de arándanos sólo permite prevenir un determinado tipo de infección, y que todavía no existe un modelo de prevención para todas las variantes. Además, el efecto es totalmente reversible, pues en el momento que se deja de tomar el zumo, las bacterias recuperan la capacidad infectiva.

Otro reto para los investigadores es encontrar la dosis exacta para mejorar la eficacia del zumo, así como el tiempo de tratamiento y el modo de optimizar sus efectos a largo plazo, pues de momento parece haberse comprobado su efectividad, pero aún queda mucho camino por delante para encontrar la dosis exacta. La eficacia de los arándanos está también probada clínicamente. En una revisión llevada a cabo por la Cochrane Library, se evaluaron diez estudios que incluían más de 1.000 pacientes, la gran mayoría mujeres de mediana edad. En todos ellos, los resultados señalaban que tanto el zumo de arándanos como los comprimidos hechos a partir de la fruta reducían la incidencia de infecciones en las mujeres.




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