Las sardinas forman parte de numerosas fiestas populares de nuestro país, especialmente en los meses verano, por ser uno de los pescados más abundantes, asequibles y fáciles de preparar. Entre las celebraciones más conocidas, encontramos la noche de San Juan, las sardiñadas de Galicia, las fiestas del Carmen o el Entierro de la Sardina, una fiesta que marca el final del Carnaval y la llegada de la Cuaresma.
Propiedades nutricionales de las sardinas
Entre sus propiedades nutricionales, las sardinas destacan por aportarnos buenas dosis de proteínas y de grasas saludables, vitaminas como la A y la B12, además de diversos minerales: calcio, fósforo, magnesio y yodo.
Estas características la convierten en un alimento muy adecuado en la infancia, la adolescencia, el embarazo y la lactancia, épocas en las que las necesidades de nutrientes son elevadas. Eso sí, también contienen sodio; por tanto, no conviene entusiasmarse añadiéndoles sal.

Pero no todo son ventajas. Como la mayoría de pescados azules, las sardinas son ricas en purinas (que se transforman en ácido úrico al ser metabolizadas en nuestro organismo), por lo que quienes padecen de hiperuricemia o gota deben limitar su consumo.
Por supuesto, sus bondades varían en función de su preparación. Fritas, rebozadas o enlatadas en aceite tendrán un mayor aporte calórico que en escabeche o asadas a las brasas.
Las señales para elegir buenas sardinas
Al hacer las compras, encontrarás sardinas de diferentes maneras, aunque las más comunes son frescas o en conserva.
🐟 Frescas
Si las adquieres frescas, usa tus sentidos: al tacto, la consistencia de su carne debe ser firme; a la vista, sus ojos han de ser brillantes y no pueden estar hundidos, y la escama debe estar pegada al pescado; y al olfato, por último, mejor que no tengan un olor marino muy pronunciado.
Además, hay truco para evitar que la casa se impregne del olor que desprenden al cocinarse: prepáralas al papillote; marinadas en vinagre de manzana o como topping en una receta de arroz; al horno, sobre una cama de sal; o con un soplete de cocina.
🐟 En conserva
Si compras la sardina en conserva, ganarás en calcio. Con esta forma de conservación, aporta más cantidad de este nutriente que cuando está cruda. Esto es así porque durante el tratamiento térmico al que es sometida, la espina se ablanda y el calcio de esta pasa a la carne.

El tamaño de la sardina importa
La talla de la sardina es fundamental para elegir la forma de preparación:
🐟 Sardinas pequeñas
Las pequeñas son idóneas para hacer revueltos o tortillas (como las sardinas en tomate) una vez quitadas las espinas.
Estos ejemplares contienen una carne más fina y delicada y es habitual cocinarlas fritas, rebozadas, enharinadas, con un toque al ajillo o con una salsa bilbaína (un refrito de ajo, perejil, un toque de guindilla o de vinagre que se agrega al pescado una vez cocinado).
🐟 Sardinas grandes
Los ejemplares de mayor tamaño son perfectos para hacer a la brasa o a la plancha. De esta manera, se cocinan enteras, con cabeza e, incluso, junto con las vísceras.
Cómo hacer sardinas en casa
Pero, además de los clásicos, la sardina es tan versátil que puede convertirse en la protagonista de diferentes preparaciones. Por ejemplo:
- Base de guisos o arroces marineros. Por ser una carne tan delicada, apenas necesita cocción y es mejor agregar al guiso en el último momento y dejar que se cocine con el calor del reposo.
- Solas y en compañía. Las sardinas en conserva se pueden comer en bocadillo, como ingrediente de ensaladas o tortillas. Las saladas, debido a su fuerte sabor, se suelen consumir con aceite de oliva para suavizarlas.
- En la sartén. Fritas con aceite de oliva, enharinadas, rebozadas o empanadas. Si son pequeñas se fríen enteras, mientras las grandes es preferible abrirlas en filetes.
- En escabeche. Si, una vez cocinadas, sobran de un día para otro, se pueden aprovechar y hacer un escabeche. Se fríen unos ajos en aceite y, cuando están dorados, se añade vinagre, una hoja de laurel y un poco de agua. Se agrega, ya fuera del fuego, un poco de pimentón. Se cubren y se deja reposar durante una hora. Transcurrido este tiempo, ya están listas.


