¿Cómo afecta el frío a las articulaciones? Claves para aliviar el dolor

En España, más de 11 millones de personas conviven con enfermedades reumáticas como la artritis o la artrosis, dolencias que suelen a agudizarse durante los meses más fríos del año
Por Sonia Recio 8 de enero de 2026
enfermedades reumáticas y frío
Imagen: Liza Summer
El descenso de las temperaturas y la humedad típica del invierno suelen pasar factura a quienes padecen problemas articulares. Estas condiciones climáticas no solo aumentan la rigidez y reducen la elasticidad de los tejidos, sino que también pueden intensificar la respuesta inflamatoria y la percepción del dolor. Por eso, en esta época del año es habitual que las articulaciones se sientan más tensas o doloridas. Para sobrellevar mejor estos episodios y mantener la movilidad, es fundamental adoptar medidas preventivas que ayuden a proteger las articulaciones y aliviar las molestias.

Enfermedades reumáticas: más frecuentes de lo que se cree

Más de 11 millones de personas en España —casi uno de cada cuatro adultos— conviven con alguna enfermedad reumática, según los datos de prevalencia del estudio EPISER de la Sociedad Española de Reumatología (SER). A pesar de su elevada incidencia, estas patologías siguen siendo grandes desconocidas y arrastran mitos muy arraigados, como la idea de que se trata casi siempre de problemas “de gente mayor”.

Nada más lejos de la realidad. Las enfermedades reumáticas pueden aparecer a cualquier edad y en personas de todo tipo, independientemente del género, la raza o la situación socioeconómica. Si bien algunas patologías, como la artrosis o la osteoporosis, están relacionadas con el envejecimiento, “hay otras muchas como las enfermedades inflamatorias y las autoinmunes sistémicas como el lupus, la esclerodermia, las espondiloartritis, las vasculitis o la artritis idiopática juvenil, entre otras, que afectan a personas jóvenes e incluso a niños y niñas”, explica la doctora Sagrario Bustabad, presidenta de la SER.

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Imagen: dragana991

La información, clave para adelantarse a la enfermedad

Identificar los síntomas a tiempo es fundamental para modificar la evolución de las enfermedades reumáticas y mejorar su pronóstico. Desde la SER insisten en la importancia de acudir al médico de Atención Primaria ante cualquier sospecha. “El objetivo es que el paciente sea derivado al reumatólogo y de esta manera conseguir una intervención temprana y un mejor pronóstico”, subraya la doctora Bustabad. 

La detección precoz no solo permite iniciar el tratamiento en fases iniciales, sino que también ayuda a prevenir, en muchos casos, daños articulares irreversibles. Además, tal y como señala el reumatólogo Antonio Naranjo, este abordaje temprano tiene un impacto directo en la calidad de vida de los pacientes y reduce los costes tanto para el sistema sanitario como para las personas afectadas. En el caso de la artritis reumatoide, la evidencia científica es clara, según el especialista: “El tratamiento precoz aumenta las probabilidades de entrar en remisión de la enfermedad, algo muy positivo para las personas afectadas”.

¿Por qué el frío agrava las enfermedades reumáticas?

El frío y la humedad suelen intensificar el dolor y la rigidez en personas con enfermedades reumáticas como la artrosis y la artritis. Aunque sus causas son distintas —la artrosis se asocia al desgaste del cartílago y la artritis tiene un componente inflamatorio más marcado—, ambas responden de forma sensible a los cambios ambientales.

Las bajas temperaturas provocan contracción muscular y vasoconstricción, reduciendo el flujo sanguíneo a las extremidades y espesando el líquido sinovial, lo que limita la lubricación articular y aumenta la fricción en un 20-30 %. La humedad agrava este efecto al expandir tejidos inflamados y sensibilizar nociceptores, como confirma un estudio de la Universidad de Manchester (Reino Unido) con 2.500 pacientes que registró peores síntomas en días húmedos y fríos.

Como consecuencia, actividades cotidianas como caminar o subir escaleras pueden resultar más dolorosas. Este malestar suele llevar a una menor actividad física, lo que a su vez contribuye a la pérdida progresiva de movilidad y fuerza hasta el 60 % de casos durante invierno. Revisiones publicadas en The Journal of Rheumatology apuntan que estos cambios pueden incrementar de forma significativa la rigidez muscular y articular.

Consejos para cuidar las articulaciones en invierno

Proteger las articulaciones durante los meses de frío requiere combinar calor, movimiento y hábitos saludables que ayuden a reducir la inflamación y prevenir la rigidez. Estas recomendaciones no sustituyen al tratamiento pautado por el reumatólogo, pero sí pueden marcar una diferencia notable en el día a día de las personas con enfermedades reumáticas.

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Imagen: EddieKphoto

🔹 Movimiento y ejercicio adaptado

El sedentarismo favorece la rigidez articular y el debilitamiento de la musculatura, lo que incrementa la sobrecarga sobre las articulaciones y agrava el dolor. Los especialistas recomiendan mantener una actividad física regular y ajustada a cada persona: paseos cortos, ejercicios de movilidad articular o gimnasia suave en interiores ayudan a conservar la fuerza, la flexibilidad y la funcionalidad.

🔹 Evitar el frío y la humedad, pero sin renunciar a la actividad

Limitar la exposición prolongada a ambientes fríos y húmedos en esta época del año es importante. Conviene priorizar los espacios interiores secos, bien aislados y con una temperatura confortable, así como evitar los cambios bruscos de temperatura. Tras la ducha, es importante secar bien la piel para impedir que la humedad aumente la rigidez.

En días especialmente fríos o húmedos conviene acortar las salidas y alternar periodos de actividad con breves descansos, adaptando el ritmo al nivel de dolor. El objetivo es mantenerse activo, sin tener dolor intenso o persistente.

🔹 Preparar el cuerpo antes de salir

Antes de exponerse al frío exterior, conviene dedicar unos minutos a realizar estiramientos suaves y ejercicios de “precalentamiento” de hombros, caderas, manos y rodillas. Esta activación previa reduce el impacto del cambio térmico sobre músculos y tendones y ayuda a prevenir contracturas dolorosas.

🔹 Abrigo adecuado y calor local

Proteger las articulaciones con ropa térmica, guantes, calcetines gruesos o rodilleras contribuye a conservar el calor corporal y a disminuir la sensación de tirantez. Asimismo, la aplicación de calor local —mediante almohadillas térmicas, compresas tibias, mantas eléctricas o duchas calientes— puede aliviar la rigidez, mejorar la circulación sanguínea y facilitar el movimiento, especialmente por las mañanas.

🔹 Alimentación y otros cuidados

Seguir una dieta equilibrada con un perfil antiinflamatorio, rica en pescado azul, frutos secos, jengibre o cúrcuma, ayuda a modular la inflamación de base. Mantener un peso saludable también reduce la carga sobre articulaciones como caderas y rodillas. Y si el dolor interfiere en la vida diaria, es fundamental consultar con el reumatólogo para valorar un ajuste del tratamiento.

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