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Alimentos funcionales

No curan ni previenen por sí solos alteraciones ni enfermedades

¿Qué son los alimentos funcionales?

No existe una definición universalmente aceptada para los alimentos funcionales, puesto que se trata más bien de un concepto que de un grupo de alimentos. El término “functional food” surge por primera vez hace 14 años en Japón, donde actualmente este tipo de productos gozan de una gran popularidad. Este país fue pionero en establecer un sistema de aprobación para estos alimentos, basado en resultados de investigaciones sobre los efectos beneficiosos atribuidos a un producto concreto. En Europa, el primer documento de consenso sobre conceptos científicos en relación con los alimentos funcionales fue elaborado en 1999 por un grupo de expertos coordinados por el ILSI (International Life Sciences Institute), según el cual “un alimento funcional es aquel que contiene un componente, nutriente o no nutriente, con efecto selectivo sobre una o varias funciones del organismo, con un efecto añadido por encima de su valor nutricional y cuyos efectos positivos justifican que pueda reivindicarse su carácter funcional o incluso saludable”. Los efectos positivos pueden ser tanto por su contribución al mantenimiento del estado de la salud y bienestar como por la reducción del riesgo de padecer una determinada enfermedad.

Conviene aclarar que los alimentos funcionales no curan ni previenen por sí solos alteraciones ni enfermedades y que no son indispensables, sino una opción a tener en cuenta en circunstancias concretas (deportistas de elite, personas que tienen alergia a ciertos componentes de los alimentos o que padecen enfermedades como diabetes, insuficiencia renal, alteraciones digestivas, etc.). Además, conviene contemplar su consumo bajo los criterios de una dieta equilibrada y con el asesoramiento de un especialista.

Los componentes que hacen que un alimento sea funcional siempre han estado presentes en la naturaleza, pero es en las últimas décadas cuando los investigadores han comenzado a identificarlos de forma aislada y a determinar los beneficios concretos que éstos proporcionan a nuestro organismo. Por ello, podemos aprovechar los alimentos que por sí mismos contienen estas sustancias beneficiosas, sin necesidad de recurrir siempre a los alimentos funcionales o enriquecidos.

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