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Nutricionistas de bolsillo, ¿de verdad son estas apps una herramienta de poder?

Las aplicaciones que escanean alimentos para descubrir su perfil nutricional se presentan como una herramienta que empodera al consumidor, aunque delegan nuestras elecciones alimentarias

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: viernes 10 enero de 2020
Imagen: Getty Images

Las aplicaciones para conocer el perfil nutricional de los alimentos envasados han
irrumpido con fuerza en el mercado. Con
millones de descargas en pocos meses y
cientos de miles de productos catalogados,
estas apps forman parte de un nuevo modo de entender la
alimentación… o, mejor dicho, de intentarlo. Porque, como
señala la doctora Alba Santaliestra Pasías, presidenta
del comité científico de la Academia Española de Nutrición y Dietética, su éxito “es consecuencia de la nula o limitada
educación alimentaria que tiene la población, unida a la
gran oferta de opciones que hay en los lineales de los supermercados
y a las campañas de marketing de productos poco
saludables, que dificultan la posibilidad de conocer la mejor
opción de forma sencilla”.

Los trucos de la etiqueta

Como resume Santaliestra, estas apps ofrecen al consumidor
“información traducida” sobre los productos
que tiene previsto adquirir. Pero ¿en realidad necesitamos
un traductor nutricional? ¿Acaso el etiquetado no es lo suficientemente
claro? “La información nutricional es clara,
pero existen datos adicionales que dificultan las elecciones,
hacen hincapié en aspectos muy poco relevantes desde
el punto de vista nutricional e impiden
al consumidor prestar atención a la información
relevante”, responde. Entre
los elementos que distraen encontramos
los reclamos de salud, las palabras que
despiertan evocaciones (como “natural”,
“artesano” o “de la abuela”), las imágenes
atractivas de los envases y, por supuesto,
el hecho de que la información
importante muchas veces se presenta en
letra pequeña y con palabras técnicas. El
ejemplo más flagrante es la gran cantidad de sinónimos que se utilizan para sustituir la palabra azúcar: dextrosa, fructosa,
glucosa, maltosa o sacarosa (hay que
prestar atención a las palabras que acaban
en -osa).

Ante esta opacidad, las aplicaciones se presentan
como una herramienta de empoderamiento
para el consumidor. Un simple clic con el móvil
permite al usuario abrirse paso entre las imágenes
coloridas, los eufemismos desconocidos, las
tipografías diminutas o las promesas de salud,
y quedarse con la información que de verdad le
interesa; esto es, saber si un producto es saludable
o no.

En contrapartida, depender de un algoritmo
para tomar decisiones alimentarias podría
entenderse como una pérdida de poder, máxime
cuando no todas las apps analizan y puntúan los
productos de la misma manera. Y es que, como se ve en esta exhaustiva comparativa de aplicaciones nutricionales, las principales herramientas del momento
tienen sus rasgos propios. “Hacen un servicio,
pero deberían estar avaladas por entidades o sociedades
libres de conflicto de interés de ningún
tipo”, advierte Alba Santaliestra.

Diferentes formas de valorar

La falta de consenso es un aspecto para analizar. Y hay otro no menos importante:
el tipo de información que ofrecen. “La app
que te indica si un alimento es saludable o no debe
ser 100 % fiable y, a día de hoy, sabemos que no hay
ninguna perfecta, porque no existe un criterio único
para determinar si un alimento es saludable o no”,
observa Alma Palau Ferré, presidenta del Consejo
General de Colegios Oficiales de Dietistas-Nutricionistas (CGCODN).

Fuente: elaboración propia a partir de los resultados del escaneo de estos productos. En la columna ‘Veredicto de Consumer Eroski’ se recoge la conclusión de los expertos consultados: Gemma del Caño, Miguel Ángel Lurueña, Beatriz Robles y Laura Saavedra.

Según Palau, más de la mitad de las aplicaciones que podemos encontrar en Internet son de muy baja calidad. “Una app
no puede suplir la educación alimentaria, ni tampoco
la información del etiquetado nutricional, que
se aprende a interpretar con educación”, señala. Además,
solo valoran productos de forma individual, y no la compra en su conjunto, por lo
que, el menú completo puede
tener carencias y no seguir una
dieta equilibrada.

En opinión de Manuel Moñino,
vicepresidente de la misma
institución y delegado en
la Federación Europea de Dietistas-Nutricionistas (EFAD),
si bien las nuevas apps son una
herramienta más para interpretar
el etiquetado nutricional,
no constituyen la clave, pues “se
corre el riesgo de simplificar en
exceso el valor nutricional de un
alimento”. Para entender esta
idea, Moñino desarrolla la siguiente
reflexión: “Algunas penalizan
el procesado de alimentos
a favor de la comida real,
cuando la dieta mediterránea,
además de productos frescos, integra a numerosos procesados como, por ejemplo, el pan, las conservas
de pescados o las legumbres cocidas”. Para él, el uso
de estas aplicaciones “puede facilitar la elección de
alimentos saludables, pues en algunos casos aplican
perfiles nutricionales que están consolidados, como
el Nutri-Score. Pero, aun así, pueden dar valores que
sorprendan al consumidor, por ejemplo, puntuar de
forma negativa alimentos cuyo aporte graso parta
del aceite de oliva y no sean fuente de azúcar o sal”.

A su vez, “la penalización de algunas en
cuanto al contenido en aditivos no contribuye a la
educación en materia de alimentación, pues hay
productos saludables que contienen aditivos, cuya
comercialización segura no sería posible sin ellos”,
observa Moñino. La clave parece estar en aprender a
comer bien y a reconocer los productos que son sanos
por nosotros mismos. Al respecto, Alba Santaliestra
sostiene que es esencial invertir en educación
nutricional de forma global. “Estas herramientas
son utilizadas por grupos de población interesados
por la salud, por mejorar sus hábitos alimentarios
y, en general de su estilo de vida, pero hay muchos
otros grupos poblacionales —por ejemplo, aquellos
con un nivel socioeconómico menor—, en los
que será necesario educar para potenciar las buenas
elecciones”, razona. “Un punto débil de estas
herramientas es que se centran en la identificación
y clasificación de alimentos procesados; y se deben
hacer todos los esfuerzos para encaminar a la
población a los productos frescos y mínimamente
procesados”. Es decir, los que no llevan etiquetas.

Enero 2020 Imagen: CONSUMER EROSKI

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