Saltar el menú de navegación e ir al contenido

EROSKI CONSUMER, el diario del consumidor

Buscador

logotipo de fundación

Canales de EROSKI CONSUMER


Estás en la siguiente localización: Portada > Alimentación

¿Podemos fiarnos de las apps nutricionales que escanean productos?

Las usan millones de personas, pero ¿son fiables? Evaluamos la eficacia de estas aplicaciones con la ayuda de un equipo de nutricionistas y tecnólogos alimentarios

Imagen: Getty Images

Las aplicaciones para escanear alimentos procesados y obtener una valoración nutricional del producto están de moda. Entre ellas, sobresalen cuatro: Yuka, MyRealFood, Open Food Facts y El CoCo. En las siguientes líneas explicamos cómo funcionan y en qué se diferencian. Además, veremos sus fortalezas y debilidades y analizaremos si son fiables sus resultados, con ayuda de cuatro especialistas: Gemma del Caño, experta en I+D+i y calidad de la industria alimentaria; Miguel Ángel Lurueña, doctor en Ciencia y Tecnología de los Alimentos; y Beatriz Robles y Laura Saavedra, ambas dietistas-nutricionistas y tecnólogas alimentarias.

Yuka

Esta app fue creada por el francés François Benoit, un padre de familia que buscaba  cómo hacer accesible la información sobre el etiquetado. Es muy popular en Francia, con más de 10 millones de usuarios.

  • Precio: gratis / 14,99 euros al año la versión prémium | Descargas: más de 5 millones en Google Play

¿Cómo funciona? Yuka evalúa alimentos y cosméticos. En cuanto al análisis nutricional, tras escanear el código de barras, la herramienta puntúa cada producto sobre 100, a partir de tres criterios:

  • 60 % de la nota: la calificación en Nutri-Score.
  • 30 % de la nota: penaliza la presencia de aditivos basándose en informes de la Autoridad Europea para la Seguridad de los Alimentos (EFSA), la agencia francesa de seguridad sanitaria (ANSES), el Centro Internacional de Investigaciones sobre el
    Cáncer (CIIC) y otros estudios independientes.
  • 10 % de la nota: valora en positivo si el producto cuenta con la etiqueta ecológica europea. Este sello no siempre garantiza que el producto ha cumplido todos los criterios de una producción sostenible. Cuando el producto suspende, la app propone alternativas mejor evaluadas.
  • Financiación. Según la compañía, procede de la cuota anual de 15 euros de las suscripciones prémium y de los 59 euros del Programa Nutrición –solo disponible en Francia–, a través del
    cual ofrece conocimientos sobre alimentación, recetas y acceso a nutricionistas.

Opinión de los expertos

Lo mejor. “Otorga una valoración numérica que puede ser cómoda para el consumidor porque le resulta fácil de interpretar”, opina Beatriz Robles. “Sin embargo, esto es un arma de doble filo, porque si los criterios no se basan en la evidencia científica, esa nota por sí misma tiene poca validez, pero el usuario no va a apreciar matices”, añade.

Lo peor. “A pesar de que una parte de la nota se basa en Nutri-Score, no muestra la calificación que se obtendría con este sistema”, afirma Miguel Ángel Lurueña. “Además, esta herramienta necesita de un mejor ajuste porque algunas  puntuaciones no son correctas”, indica Laura Saavedra.

Todos los expertos coinciden en los dos puntos débiles: la valoración positiva de los productos ‘bio’ y la clasificación de los aditivos. “Ninguno de los dos aportan información que influya en la calidad nutricional del alimento”, explica Gemma del Caño.

“La etiqueta ‘eco’ indica que están cumpliendo una legislación en relación con su sistema de producción, pero no son necesariamente más sostenibles (pueden venir del otro lado del planeta, con su correspondiente huella de carbono) y no hay ninguna evidencia de que sean  nutricionalmente mejores”, apunta Robles, quien añade: “En cuanto a los aditivos, la clasificación en ‘sin riesgo’, ‘riesgo limitado’, ‘riesgo moderado’ o ‘riesgo elevado’ lleva a pensar que hay aditivos peligrosos que debemos evitar, cuando todos los que se usan en el mercado son seguros en las dosis empleadas y son evaluados por la EFSA. Además, no es transparente, ya que no explica qué peso otorgan a la opinión de la EFSA ni el porqué de esa ponderación, frente a estudios independientes de los que no se conoce calidad ni robustez”.

MyRealFood

Carlos Ríos, nutricionista y gurú del movimiento ‘realfooding’ en Instagram, es quien marca la pauta de esta aplicación. Define su propuesta como un estilo de vida saludable basado en consumir lo que él llama “comida real” y huir de los ultraprocesados.

  • Precio: gratis | Descargas: más de 500.000 en Google Play

¿Cómo funciona? La base de esta aplicación es la comunidad de realfooders: “Crean contenido proponiendo recetas saludables y se motivan entre ellos”, explica Carlos Ríos. Para evitar los bulos, la app establece moderadores que eliminan o desmienten cualquier información no acorde con la evidencia científica.

Esta aplicación clasifica los productos en tres grupos en
función del Índice Real Food: comida real, buen  procesado y ultraprocesado. Este índice ha sido creado por el propio Carlos Ríos a partir del sistema NOVA. Esta clasificación, creada en 2010 por la Universidad de São Paulo, agrupa los alimentos según el grado de procesamiento. “Lo hemos simplificado con la ayuda de un equipo de dietistas-nutricionistas
y de abogados expertos en regulación del etiquetado buscando la mayor facilidad del usuario”, añade. En esta app hay espacio para los aditivos: “Informa de su presencia e indica si es inocuo o controvertido en función de los estudios científicos”, aclara Ríos.

  • Financiación. Por el momento, con recursos propios, aunque en el futuro contará con planes prémium.

Opinión de los expertos

Lo mejor. “En relación con Yuka, da más independencia al consumidor porque no ofrece una nota absoluta, sino varios tipos de información (grado de procesado, ingredientes, información nutricional…)”, opina Beatriz Robles. “Es positivo que emplee el
criterio de advertencia ‘alto en…’, siguiendo el sistema de
etiquetado frontal empleado en Chile, que es un criterio objetivo”, añade Gemma del Caño. “Además, el grado de procesamiento es un aspecto importante a la hora de elegir o evitar el consumo de un producto”, comenta Saavedra.

Lo peor. El sistema de clasificación es, en palabras de Miguel Ángel Lurueña, “fácil de interpretar, pero demasiado simplista”. Y añade: “Puestos a simplificar sería más recomendable clasificar en saludable o insano”. Para Robles, “el sistema NOVA es público y objetivo, no ha lugar a la interpretación y podría ser un buen criterio”. Sin embargo, la letra pequeña de la app indica que “adapta y se basa en estudios científicos actuales del sistema NOVA”. Para esta experta, “esa adaptación introduce un factor subjetivo desconocido, con lo que pierde imparcialidad sin hacer público el método de evaluación”.

Y, como en Yuka, el asunto de los aditivos es un motivo de crítica. “Pone en duda la seguridad de algunos aditivos al calificarlos como ‘controvertidos’, lo que puede generar desconfianza y miedos infundados (quimiofobia)”, analiza Lurueña. Además, como recuerda Robles, “indica que se basa en las opiniones de la EFSA y en estudios independientes, sin identificar dichos estudios”. “Requiere de una evidencia científica más sólida para apoyar esa teoría”, remata Laura Saavedra.

Open Food Facts

En 2012, el programador francés Stéphane Gigandet lanzaba esta ‘Wikipedia de los alimentos’: una base de datos colaborativa, editada y financiada por voluntarios, sobre más de 800.000 alimentos. La app es una versión simplificada de este proyecto.

  • Precio: gratis | Descargas: más de 500.000 en Google Play

¿Cómo funciona? La valoración de esta aplicación se realiza a través del sistema Nutri-Score: una escala de cinco letras y colores que representa la calidad nutricional de un alimento. Va desde el color verde (la A) para los productos más saludables hasta el naranja oscuro (la E), para los menos buenos. Además, ofrece información sobre los niveles nutricionales del  producto por 100 gramos en grasa, grasa saturada, azúcares y sal.

Como las dos anteriores, Open Food Facts también aporta información sobre los aditivos. En este caso, enlaza individualmente y redirige a la clasificación de este componente según la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA) y la EFSA.

También dedica un apartado a la huella de ecológica del producto, informando tanto de los materiales y el lugar de la fabricación del envase, como de la procedencia del alimento. En
algunos productos se añade más información: marcas, alérgenos o etiquetas (‘bio’, sin gluten, veganos…).

  • Financiación. Se declara sin ánimo de lucro y se financia con las donaciones de voluntarios.

Los expertos opinan

Lo mejor. “Lo más positivo es que utiliza un criterio objetivo, publicado por una entidad oficial (Santé publique France): si cualquier consumidor coge los criterios Nutri-Score y se pone a calcular la valoración de un producto, obtendrá una valoración única y no interpretable, que será la misma que da la aplicación”, asegura Beatriz Robles.

Además, todos coinciden en afirmar que se trata de una aplicación útil para comprar productos de la misma categoría. “Y los datos son abiertos, por lo que se pueden corregir de forma sencilla”, añade Del Caño. “Cuenta con una base de datos mundial de productos muy amplia”, reconoce Saavedra. Robles recomendaría esta app a “consumidores con un conocimiento nutricional medio, que conozcan el sistema Nutri-Score”. Y Miguel Ángel Lurueña la aconseja “solo para comparar productos de la misma categoría”.

Lo peor. Uno de sus puntos débiles resulta del cálculo de Nutri-Score. “Al ser una aplicación colaborativa, algunas valoraciones no están bien calculadas”, afirma Robles. “Además, hay productos en los que el sistema Nutri-Score puede despistar. Por ejemplo, frutos secos o aceite de oliva (que son saludables, pero con la clasificación de esta app pueden parecer insanos) o refrescos sin azúcar, que no se pueden calificar de saludables, pero que obtendrían una buena puntuación”, apostilla Lurueña. En esta misma línea opina Del Caño: “Me gustaría que ofreciera más información. Nutri-Score es útil para comparar productos de la misma categoría, pero no para ver cómo son en exclusiva. Por ejemplo, encontramos con la misma calificación una Coca-Cola Zero y un Actimel”.

El CoCo

La app del Consumidor Consciente cuenta con el asesoramiento de Maira Bes-Rastrollo, catedrática de Medicina Preventiva y Salud Pública, y el dietista-nutricionista Juan  Revenga. A finales de este mes, esta aplicación estrenará un nuevo sistema de valoración.

  • Precio: gratis | Descargas: más de 100.000 en Google Play

¿Cómo funciona? La app emite un veredicto propio puntuando el alimento del 0 al 10, basándose en tres fuentes científicas de referencia:

  • La clasificación de las 17 categorías alimentarias de la OMS (Organización Mundial de la Salud) de 2015.
  • El sistema NOVA, que evalúa el grado de procesamiento:
    alimentos sin procesar (NOVA 1), ingredientes culinarios (NOVA 2), alimentos preparados con dos o tres elementos de los grupos anteriores (NOVA 3) y los ultraprocesados (NOVA 4).
  • Los sellos de advertencia chilenos.

El algoritmo aplica, en primer lugar, los dos primeros, y el
resultado ofrece diferentes combinaciones:

  • OMS Sí, NOVA 1 o 3: 10 puntos.
  • OMS Sí, NOVA 4: 6 puntos.
  • OMS NO, NOVA 1 o 3: 5 puntos.
  • OMS NO, NOVA 4: 4 puntos.

Posteriormente, se aplica el sistema de advertencias chileno, que descontará un punto según la cantidad de azúcar, sal, densidad energética y grasa. Así se obtiene una nota de 0 a 10. El nutricionista Juan Revenga insiste en que uno de los principales objetivos “se centra en ser transparentes con los usuarios, indicando las fuentes utilizadas”.

También aportará datos sobre los aditivos. “No va a sembrar la menor duda sobre la seguridad de ningún aditivo: si están autorizados por la EFSA, se considerará seguro”, explica Revenga. Sin embargo, sí ofrecerá una opinión personal sobre la función de cada aditivo,  distinguiendo entre la tecnológica (relativa a antiapelmazantes, antioxidantes, agentes de carga…) y la cosmética, es decir, aquellos aditivos que se usen para disfrazar las cualidades organolépticas y sensoriales del producto (colorantes, edulcorantes, potenciadores de sabor, espesantes…).

  • Financiación. La app se financia con recursos propios y próximamente incorporará suscripciones prémium.

Los expertos opinan

Lo mejor. Para todos los expertos, es el sistema más completo. “Utiliza tres criterios objetivos, no interpretables, pero combinándolos para cubrir las carencias que cada uno de ellos pueda tener”, opina Beatriz Robles. Esta nutricionista recomienda
que, si se descarga, además de emplearla para ver la valoración de alimentos individualmente, se use para comparar productos
similares, porque pueden llevarse sorpresas: dos panes de molde aparentemente iguales, por ejemplo, pueden tener una calificación muy distinta. “Realmente sirve para elegir mejor”, apunta.

Lo peor. Los aditivos vuelven a estar en el foco de las dudas. “El punto débil es que se reserve un apartado para los aditivos con una valoración ‘personal’  (subjetividad), pero la forma de hacerlo reduce mis reticencias”, analiza Robles. Laura Saavedra concluye: “Ni esta aplicación ni ninguna de las anteriores pueden sustituir el consejo personalizado de un profesional sanitario”.

Ortorexia, cuidado con la obsesión por comer sano

La información sobre alimentación se ha erigido en una de las principales herramientas de prevención de la salud. Pero la comida también puede convertirse en una obsesión que derive en un trastorno, una realidad para 400.000 españoles, según un reciente informe de la Fundación Fita. Los medios hablan con frecuencia de la ortorexia, un trastorno caracterizado por la obsesión por comer sano. Adelaida Trías, psicóloga en el Instituto de Trastornos de la Alimentación (ITA), explica: “Esta patología todavía no aparece en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría (DSM-5), ni la estamos viendo en consulta”.

Por otra parte, la científica y divulgadora Deborah García Bello advierte sobre las implicaciones de entender la alimentación sana como identidad personal y social, cayendo en la búsqueda de la aprobación externa por las decisiones alimentarias (como likes en redes sociales, felicitaciones o comentarios de desaprobación de amigos o familiares). Coincide Trías: “Puede ser nocivo en personas especialmente vulnerables a la aprobación externa o muy preocupados por la imagen”.

No obstante, el origen de este tipo de trastornos es siempre multicausal. La psicóloga cita algunos rasgos indicativos o que predisponen al trastorno como inseguridad, baja tolerancia a la frustración, pensamientos circulares, hiperactividad, dificultades relacionales, además de restricciones alimentarias, purgas con vómitos o utilización de laxantes e incluso abuso de alcohol y otras sustancias y, en algunos casos, autolesiones.

Enero 2020 Imagen: CONSUMER EROSKI

Para acceder a más contenidos, consulta la revista impresa.

Al publicar un comentario aceptas la política de protección de datos

Te puede interesar:

Infografías | Fotografías | Investigaciones