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¿Sabes qué es la beta-lactoglobulina?

La proteína del suero más abundante de la leche de la vaca es uno de los componentes más alergénicos de este alimento

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: jueves 19 noviembre de 2020
alergia a proteina leche Imagen: Pezibear

No es lo mismo intolerancia a la lactosa que alergia a la proteína de la leche de la vaca (APLV). La primera aparece por la falta en nuestro organismo de una enzima (la lactasa) que dificulta o imposibilita la digestión de la lactosa, un azúcar de la leche. La alergia a las proteínas de la leche es una enfermedad caracterizada por una respuesta exagerada del sistema inmunitario (defensas) a las proteínas de la leche, principalmente a la caseína y la beta-lactoglobulina.  En las siguientes líneas abordamos qué es la beta-lactoglobulina, las alergias con las que está relacionada y cómo identificar los alimentos que pudiera contenerlos.

Qué es la beta-lactoglobulina

La leche es un alimento rico en calcio que aporta numerosas vitaminas (A, D y sobre todo del grupo B2). Pero además de vitaminas y minerales (potasio, magnesio), los principales componentes de la leche son de tres tipos:

  • Hidratos de carbono azúcares o glúcidos, en concreto la lactosa.
  • Lípidos o grasas, en especial los triglicéridos y, en menor cantidad, el colesterol.
  • Proteínas o prótidos.

La leche tiene una treintena de proteínas. Entre las más importantes que posee la leche líquida y sus derivados, están la caseína y las seroproteínas, como la beta-lactoglobulina o la alfa-lactobumina. Y hay otras, como la seroalbúmina, la lactoferrina y diversas inmunoglobinas, que están tanto en la leche líquida como en la carne de vacuno.

La beta-lactoglobulina es la proteína sérica más abundante en la leche de vaca y otras rumiantes (oveja, cabra, burra, yegua), así como en otros mamíferos (cerda, perra, gata o delfín). Sin embargo, no está presente en la leche materna humana; tampoco en la de roedores, ni conejos ni camellos hembras.

Cuál es su función

¿Para qué sirve la beta-lactoglobulina? Su función biológica no se ha establecido todavía con total seguridad. Como explica Eduard Baladia, director del Área de Gestión del Conocimiento Científico de la Academia Española de Nutrición y Dietética, “su función no está muy clara.  Puede que tenga un papel en el transporte de grasas, y también se cree que pudiera tener un papel a nivel inmunológico, pero estamos hablando de funciones que no son para los humanos”. Entonces, ¿para nuestro organismo es importante? “Para los humanos es una proteína más. No hace falta buscar la beta-lactoglobulina en ningún lado, no la necesitamos”, comenta el experto.

Alergias alimentarias relacionadas con la beta-lactoglobulina

Pero, a pesar de que no sea fundamental para nuestro cuerpo, en algunos casos la beta-lactoglobulina puede dar alergia. De hecho, es una de las proteínas más alergénicas de la leche de vaca junto a la caseína. ¿Por qué? “Probablemente —explica Baladia— se deba a que es una proteína que no se recibe con la leche materna” y a que forma parte de uno de los primeros alimentos de los bebés que cuenta con una cantidad considerable de proteínas “extrañas”, sobre todo cuando se deja la lactancia materna. Y en esas primeras tomas se incluye la leche de fórmula, pues, aunque no es como la leche de vaca, se obtiene de ella y contiene las mismas proteínas.

Alergia a la proteína de leche de vaca (APLV)

En algunos casos, el organismo reconoce a la beta-lactoglobulina como una “sustancia extraña” (alérgeno) y la ataca mediante respuesta del sistema inmune, desencadenando una reacción alérgica. Esto ocurre de manera especial en los sistemas digestivos inmaduros, es decir, “cuando se da leche de vaca de forma prematura en lugar de lactancia materna. Cuanto más temprano se ofrece, más probabilidad de respuesta alérgica”, comenta el dietista-nutricionista. Por eso es frecuente en niños menores de un año. Sin embargo, la mayoría dejará de tener APLV en la infancia: en el primer año, el 50-60 % de los niños; a los 2 años el 70-75 %; y a los 4 años, el 85 %. En un 10 %, la alergia seguirá tras los 10 años de edad, y probablemente sea de por vida ya, “aunque pueda haber algún caso de remisión”, señala.

yogur lacteo alergia
Imagen: lpegasu

Pero la reacción de la alergia a proteínas de leche de vaca (APLV) no siempre es instantánea. Lo es en el 60 % de las ocasiones tras la primera toma y, rara vez, después de la semana de introducir la fórmula adaptada. La alergia en la que el organismo produce anticuerpos, entre ellos la inmonuglobina E (IgE), suele ser inmediata (antes de una hora) y la no mediada por IgE es más tardía. También pueden surgir síntomas tras el contacto con alguien que ha manipulado leche de vaca y hay casos durante la lactancia materna exclusiva, cuando la ingesta de leche de vaca en la dieta de la madre ha sido elevada.

¿Qué síntomas produce? Como detalla la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (SEICAP), serán cutáneos (urticaria, edema, inflamación o dermatitis atópica), respiratorios (dificultad para respirar, rinitis y conjuntivitis), digestivos (dolores cólicos, vómitos, diarreas) y podría llegar a la anafilaxia. Y puede haber otras reacciones alérgicas tardías, más específicas de la alergia no mediada por IgE: proctocolitis sensible a proteínas de leche de vaca, FPIES (síndrome de enterocolitis por proteínas alimentarias) o enteropatía sensible a proteínas de leche de vaca.

Otras alergias

“Los niños con alergia a proteínas de leche de vaca tienen más posibilidades de desarrollar alergia a otros alimentos que los niños sin alergia”, comenta Sergio Quevedo, miembro de la junta directiva de la SEICAP. Y no solo alimentarias. La alergia a proteínas de leche de vaca IgE mediada es un factor de riesgo para desarrollar nuevas alergias en el futuro, en concreto alergias a alérgenos ambientales, asma o rinitis alérgica.

La gran mayoría de los alérgicos a leche de vaca pueden manifestar alergia a la leche de cabra y oveja, pues las proteínas son muy parecidas. “Puede que no se tome directamente leche de cabra o de oveja, pero con un queso u otro producto que contiene leche de otros mamíferos puede haber síntomas de reactividad cruzada”, detalla el experto médico.

Pero hay más. “Si la APLV se produce por un problema de inmadurez y el cuerpo detecta a ciertas proteínas como extrañas, existen otros alimentos con otras proteínas que también podrían dar una respuesta alérgica, como la proteína de huevo o del cacahuete. Tener alergia a más de un alérgeno le pasa a una tercera parte de los que padecen una alergia alimentaria”, comenta Eduard Baladia.

La asociación con alergia al huevo es la más frecuente. La clara contiene los alérgenos mayores, entre ellos, el ovomucoide. Otras de sus proteínas menos alérgicas son la ovoalbúmina, la ovotransferrina y la lisozima. Ocurre en niños menores de un año con síntomas en los primeros 20-30 minutos (mediada por IgE) o pasadas las dos horas o incluso días (no mediada).

Cómo detectar la presencia de beta-lactoglobulina en alimentos

Los alérgicos a las proteínas de leche de vaca deben evitar la leche de vaca y sus derivados, así como los alimentos que tienen proteínas de leche de vaca entre sus ingredientes. Incluso se recomienda a las madres que están dando el pecho a sus hijos, y estos tienen síntomas alérgicos, que retiren de su dieta productos lácteos para que la leche materna no contenga proteínas lácteas que se transmitan a los pequeños.

Por tanto, las personas con APLV deben eliminar de su alimentación productos como: yogur, cuajada, queso, requesón, mantequilla, algunas margarinas, nata, helados, crema agria… Tampoco pueden tomar queso ni leche de cabra, de oveja o de búfala (mozzarella). También entran como alimentos que hay que evitar los elaborados con leche: dulces, flan, natillas, galletas, chocolate con leche, papillas de bebé lacteadas, potitos que contienen leche, sorbetes, fiambres, salchichas, embutidos…

jamon queso alergia leche
Imagen: congerdesign

¿Cómo saber si un alimento tiene beta-lactoglobulina u otras proteínas de la leche? Habrá que fijarse en el etiquetado de los productos preparados que se compran. Y es que, según la normativa española basada en el Reglamento (UE) 1169/2011, en los alimentos envasados, la información sobre los alérgenos debe aparecer de forma destacada en la lista de ingredientes, mediante una composición tipográfica que la diferencie claramente (con otro tipo de letra, estilo o color de fondo, por ejemplo). Y si no hubiera listado de ingredientes, debe incluirse la mención “contiene”, seguida de la sustancia o producto.

Quevedo es tajante: “No deben tomar ningún alimento que pueda contener lácteos”. ¿Y cuáles son? A veces es difícil identificarlos, pero la SEICAP señala que pueden contener leche los productos que posean alguno de los siguientes componentes:

  • Albúminas, lactoalbúmina
  • Globulina, lactoglobulina
  • Colorante de caramelo
  • Saborizante de caramelo
  • Caseína, caseinato
  • Saborizante natural
  • Grasa de manteca
  • Solidificante
  • Suero, suero en polvo
  • Suero sin lactosa
  • Saborizante artificial
  • Proteínas de suero
  • H4511 (caseinato cálcico)
  • H4512 (caseinato sódico)
  • H4513 (caseinato potásico)
  • Lactosa. “Los alimentos que llevan lactosa a veces están contaminados con proteínas de leche de vaca, por eso quien tenga APLV no debe tomar productos con lactosa”, explica el doctor.

La Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica también insiste en este documento de 2019 que algunos de los componentes pueden ser de origen distinto a la leche (albúmina o globulina de huevo, manteca de cerdo, saborizantes). “Si no está claramente expresado su origen, es más prudente evitarlos”, afirma la entidad.

Y es que algunos alimentos pueden contener derivados lácteos, aunque no estén expresados en el etiquetado. En ese sentido, Baladia reconoce los pacientes con alta sensibilidad, a veces, tienen reacciones alérgicas con una cantidad muy pequeña, que podría aparecer en embutidos (jamón de York o serrano, mortadela), margarinas y batidos vegetales, algunos tipos de pan (de molde o Viena, sobre todo), sopas preparadas, horchata, conservas de legumbres, chocolate puro, cubitos de caldo, cefalópodos congelados, caramelos, productos cosméticos, medicamentos, guantes de látex, etc. De hecho, hay quienes pueden experimentar síntomas al utilizar cuchillos, recipientes o planchas contaminadas con productos lácteos. “Para evitar esta ingesta inadvertida, se recomienda extremar la precaución al comer fuera de casa”, alerta la SEICAP.

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