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Chequea tu consumo de cobre

Los cereales integrales y las nueces son fuentes destacadas de este oligoelemento

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: martes 31 octubre de 2006

El cobre en un oligoelemento esencial para la vida y para el mantenimiento de la salud, y para que se vean sus resultados en el organismo es necesario ingerirlo en pequeñas cantidades. Se encuentra en el organismo en una concentración baja -entre 50 y 80 miligramos-, inferior a las concentraciones del hierro y el zinc, sin embargo, su biodisponibilidad es muy alta. Esto significa que el organismo tiene mucha capacidad para absorber el cobre, y es el hígado, el tejido muscular y la sangre, donde se encuentra en mayor cantidad.

Necesario en la actividad enzimática


El cobre está relacionado con la actividad de muchas enzimas que requieren de él para llevar a cabo sus funciones. El cobre forma parte de la estructura de algunas proteínas como la ceruloplasmina, que participa en la oxidación del hierro, por lo que la deficiencia de cobre afecta al aprovechamiento del hierro y puede conducir a anemia. También interviene en la absorción del zinc y en su distribución por todo el organismo y ejerce también un papel destacado en el desarrollo de los vasos sanguíneos. Se considera asimismo, un elemento necesario para la recuperación de los tejidos dañados.

¿Qué problemas provoca su déficit?


La deficiencia dietética de este oligoelemento es muy rara en tanto que se necesita un aporte diario muy pequeño si se compara con otros minerales como el calcio, el fósforo, el magnesio o el zinc, por ejemplo. El cobre suele ser deficitario en personas que están sometidas a nutrición parenteral total, pacientes en diálisis renal y en niños prematuros. La presencia de un exceso de fibra en la dieta va a hacer que la cantidad de cobre que queda adherida a la fibra se elimine por las heces, sin embargo, esto se compensa con el exceso de cobre que se ingiere a través de la dieta. Una deficiencia de cobre se puede detectar tanto en el hígado como en el cabello, ya que es en estas partes del cuerpo donde se detectan los niveles de cobre más elevados. La falta de este elemento puede provocar cuadros de anemia, hipercolesterolemia y alteraciones óseas que se pueden corregir administrando dosis adecuadas de cobre.

¿Puede causar toxicidad?


Los estudios realizados hasta el momento no reflejan una toxicidad provocada por la alimentación. La acumulación de cobre en el organismo comienza a ser importante cuando la cantidad que se ingiere es de 200 a 500 veces superior a lo recomendado. Sí es sabido que en determinadas enfermedades puede haber toxicidad, como ocurre en la enfermedad de Wilson. Esta enfermedad se produce por una serie de alteraciones en el metabolismo del cobre que se suele diagnosticar en la adolescencia. Se caracteriza por una acumulación de cobre en el hígado, cornea, riñón y sistema nervioso.

Si el consumo de cobre a través de la alimentación es excesivo, el organismo puede almacenar pequeñas cantidades del mismo. La excreción de cobre se realiza fundamentalmente por las heces, y sólo una pequeña parte se elimina por vía urinaria.

¿Qué cantidad de cobre se debe incluir en la dieta?


La cantidad de cobre que se recomienda ingerir a través de los alimentos es aproximadamente de 2 miligramos diarios. La alimentación no es el único factor que influye sobre los niveles de cobre en el organismo. El embarazo -sobre todo durante el tercer trimestre-, las inflamaciones graves y el cáncer son algunos factores que determinan la absorción del cobre, aumentando la concentración plasmática de este mineral.

¿En qué alimentos se encuentra?


El cobre se encuentra en altas concentraciones en los cereales integrales, en las nueces y en las leguminosas. También este oligoelemento se puede obtener al consumir hígado, pescado y marisco.

¿Cómo conseguir los 2 miligramos diarios?


Los requerimientos de cobre se pueden alcanzar fácilmente si se lleva a cabo una alimentación variada y equilibrada en la que no falten alimentos básicos como son los cereales y derivados (arroz, pasta, pan) -en las principales comidas-, mejor si es en su forma completa o integral, y consumiendo las raciones recomendadas de legumbres -entre 2 y 4 raciones semanales- y de frutos secos -entre 3 y 7 raciones semanales-.

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