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Código de colores para elegir los alimentos

Rojo, amarillo y verde llevan implícita la información de prohibición, prudencia y permiso en la elección de alimentos

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: martes 5 junio de 2012

Una iniciativa del Hospital General de Massachusetts, de la Escuela Médica de Harvard, pretende inducir la elección de alimentos saludables en perjuicio de los más grasos y azucarados a través de un código de colores. El lenguaje abstracto resuelve problemas complejos. Un simple triángulo blanco con borde rojo en una señal de carretera indica al conductor que debe ceder el paso. Esta información, que implica toma de decisiones y de acciones importantes, la traduce el cerebro de manera casi inconsciente y automática. Esta es la respuesta y el grado de conocimiento que se persigue para mejorar la salud. Los colores verde, amarillo y rojo indicarían que los alimentos son saludables, poco nutritivos y poco o nada aconsejados.

Verde, amarillo y rojo: alimentos saludables, poco nutritivos y poco o nada aconsejados

Durante los seis meses que se prolongó la primera fase del experimento, el equipo de investigadores buscó respuestas promovidas solo por el color. Se escogieron alimentos intercambiables: una persona puede elegir una manzana o un bollo como tentempié, una botella de agua o un refresco con azúcar. Se quiso conocer hasta qué punto se discrimina si la información que se recibe es inmediata y no meditada. Con una sola mirada se percibe el color y, en cuestión de segundos, se descodifica el código de información y se hace la elección.

El verde identifica los alimentos más saludables, el amarillo agrupa los que son menos nutritivos y el rojo indica los poco o nada aconsejados

A modo de semáforo, con verde se identificaron los alimentos más saludables, el amarillo sirvió para agrupar los alimentos algo menos nutritivos y el rojo indicaba los poco o nada aconsejados. De verde se etiquetaron las frutas, las verduras, el agua y las bebidas no azucaradas y los emparedados de carnes magras. De amarillo se señalaron los alimentos con menos valor nutritivo, como batidos de leche y frutas edulcoradas. De rojo pintaron los envoltorios de los productos ricos en grasas, en grasas trans y las bebidas azucaradas.

En este primer periodo, las cajas de la cafetería se programaron para registrar e identificar cada artículo verde, amarillo o rojo que se compró. La nota recogía el precio y el color predominante del consumo. Además, se incluía una leyenda con información nutricional adicional, pero esa era toda la comunicación que recibía el consumidor. Ni consejos, ni razones, ni estadísticas.

Alimentos ordenados según su grado de salud

En la segunda fase del estudio, se mantuvo el código de colores y se estructuraron y organizaron los alimentos que se ofertaban en todas las vitrinas del complejo sanitario, incluidas las máquinas expendedoras. A la altura de los ojos se colocaron los alimentos verdes. Para ellos fueron las zonas más luminosas y primarias. Conforme resultaban menos saludables, los productos perdían altura y luz. Incluso los frigoríficos atendieron a esta premisa y, de este modo, los helados y los sándwiches de salsas y las hamburgesas estaban menos visibles que los yogures, los bocadillos vegetales y las carnes magras. Además, se colocaron cestas de agua y fruta fresca al término de los lineales de comida caliente. Los resultados fueron rotundos.

Alimentos de color verde, más sanos

Concluido el estudio, los investigadores recabaron la información y cuantificaron los datos. En la primera fase, cuando la acción se limitó a codificar en colores los alimentos, la venta de todos los productos de color rojo disminuyó un 9,2% (incluso en el caso de las bebidas de color rojo, el descenso alcanzó un 16,5%). Mientras, la venta de alimentos saludables aumentó un 4,5%, una cifra que se colocó en el 9,6% en el caso de las bebidas verdes.

En la segunda fase, las ventas de artículos de color rojo cayeron un 4,9%, que se añadió al descenso logrado en la fase primera, y de nuevo el consumo de bebidas rojas cayó en mayor medida: un 11,4%. Por su parte, la venta de bebidas verdes aumentó otro 4%. En definitiva, los consumidores optaron por una mejora cualitativa de su alimentación, solo conducida por un código que buscó su voluntad con la transmisión de información aceptada: el verde es positivo y el rojo, no.

COLORES PARA DISTINGUIR LOS ALIMENTOS: LA SENCILLEZ TIENE LA LLAVE

Rojo, amarillo y verde. Los tres colores llevan implícita la información de prohibición, prudencia y permiso. Es un lenguaje universal que desde pequeños se aprende al interpretar en un semáforo. La clave de este estudio ha sido ligarlo a los alimentos, sin añadir más información y sin pretender ampliar el conocimiento del consumidor. Incluso no fue necesario apoyarse en otras estrategias, como hacer más atractivo el precio o premiar la elección saludable.

El uso de este código para alertar del tipo de elección que se realiza en la comida se revela muy eficaz. Su interpretación no requiere ninguna habilidad especial y puede descodificarse cuando un cliente tiene prisa.

Esta evidencia supone reforzar la necesidad de mejorar la dieta de los occidentales, una dieta que provoca niveles de obesidad en grado de pandemia. Todas las iniciativas inocuas, que inviten por convencimiento a una elección saludable, tendrán su fruto a medio plazo. Igual que la obesidad infantil es un problema con un origen no lejano, su solución aún se busca. Y puede encontrarse.

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