Junio: Las habas tiernas

Menos calóricas que las habas secas
Por EROSKI Consumer 1 de junio de 2003

La mejor temporada para la compra de habas frescas es durante los meses de enero y junio. Constituyen un alimento importante en cualquier dieta equilibrada debido a que aportan un alto valor de saciedad y a sus propiedades nutritivas.

Respecto a su contenido de vitaminas destacan el ácido fólico, la vitamina B3 y la C. En cuanto a su contenido mineral, cabe destacar la presencia de potasio y magnesio. Su importante aporte de fibra, procedente de la piel (hollejos) facilita la movilidad intestinal y evita la retención fecal en el organismo, aunque también favorece, junto a algunos oligosacáridos (rafinosa, estaquiosa…) la flatulencia al ser fermentados por la flora intestinal. Las habas frescas tienen menor cantidad de hidratos de carbono complejos (almidón) que las secas por lo que son menos calóricas, lo que resulta interesante en dietas de control de peso.

A la hora de la compra es importante tener en cuenta que las vainas deben estar crujientes y presentar un color verde brillante. Si al doblarlas no se rompen, esto es señal de que no están frescas y si se observan manchas de color marrón en la vaina, esto es un claro signo de descomposición. A su vez, las semillas frescas han de presentar un color verde pálido o blanco cremoso.

De las habas frescas se consumen tanto las vainas como las semillas. Las vainas pequeñas se pueden consumir enteras, tratadas de la misma manera que las judías verdes, mientras que las de mayor tamaño deben desgranarse inmediatamente antes de cocerse. Pueden servirse enteras, en forma de puré o como una sopa de verano.

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