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Marzo: La cigala

Un marisco del grupo de los crustáceos, de bajo aporte calórico y pocas grasas

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: martes 21 marzo de 2006
La cigala es un crustáceo marino de cuerpo alargado que mide entre 15 y 25 centímetros y que tiene diez patas. Por ser un crustáceo posee caparazón, en su caso liso y de color anaranjado o rosáceo. La carne que contiene debajo del caparazón, y sobre todo en la cola, goza de gran aprecio entre los entendidos en cocina y entre la población general. Es muy característica de las costas de Europa Occidental y suele vivir en los fondos blandos y lodosos carentes de algas.

Un crustáceo con pocas calorías y muchas proteínas


Los crustáceos se clasifican en función del tamaño de su cuerpo, los hay de cuerpo alargado - bogavante, cigala, gamba, langosta, langostino- y de cuerpo corto -cangrejo, nécoras, centollo y percebe-.

La cigala más abundante es la que se encuentra en el Atlántico, aunque no es la única, porque existe otra especie similar pero de menor tamaño en el mar Mediterráneo.

De todos los crustáceos, es la cigala la que aporta menos calorías. Su principal nutriente son las proteínas. La cantidad de grasas que contiene es la más baja de los crustáceos después de los percebes. En cuanto a minerales y vitaminas destaca su contenido en potasio, fósforo, magnesio, yodo y vitamina B12.

Las patas, bien sujetas al cuerpo

La cigala resiste muy poco tiempo fuera del agua por lo que es difícil encontrarla viva en los puntos de venta. A la hora de comprarla es importante detectar si la pieza es fresca o no. Son signos de frescura un caparazón rosáceo y resistente, ojos brillantes de intenso color negro, olor agradable y las patas bien sujetas al cuerpo.

La cigala se vende tanto fresca como congelada, y en muchos casos en lugar de entera, se ofrecen únicamente las colas ya que es la parte más exquisita. Su precio está en función del tamaño de la pieza. En algunos casos se pueden encontrar cigalas, la forma más común de degustarlas. En ese caso hay que tener en cuenta que su color apenas cambia al cocer, algo que no ocurre en el resto de los crustáceos. También se puede cocinar a la parrilla, a la plancha o frita y, si se añade como ingrediente en paellas, les aporta un toque muy especial.

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