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“Desconfía de los productos ‘enriquecidos’ con vitaminas y alimenta a tus hijos con comida que no los necesite”

Mikel López Iturriaga, director de El Comidista

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: miércoles 10 noviembre de 2021

Desde su sección en el diario El País bajo el nombre de El Comidista, Mikel López Iturriaga comanda un equipo de periodistas y expertos en nutrición para brindar información sobre cocina y gastronomía, enseñar a preparar todo tipo de recetas, dar ideas prácticas, mostrar las artimañas de cierta industria alimentaria y, también, informar sobre alimentación sin bulos. Sobre esto último hablamos con él en esta entrevista. “Simplemente intentamos hacer periodismo honesto sobre comida y contarles a los lectores lo más aproximado a la verdad”, dice.

Algunas verdades son un azote para la industria. ¿Qué información le llega por parte de los fabricantes?

Cierta industria alimentaria se empeña en confundir a la gente para vender más. Pero es consciente de que los consumidores cada vez tienen más en cuenta la salud a la hora de decidir qué compran, por eso redobla esfuerzos para destacar las presuntas cualidades de sus productos. Cuando se trata de ultraprocesados, carnes procesadas o bebidas alcohólicas tienen que esforzarse por parecer lo que no son. Por eso gastan mucho dinero en estudios no demasiado rigurosos que los retraten como sanos.

¿Algún gremio especialmente intenso en sus intentos de disfrazarse como saludables?

Especial mención en este terreno merecen el vino y la cerveza, que pueden estar muy ricos, pero los mires por donde los mires no son saludables. Su industria se empeña en contarnos a los periodistas que hidratan, que rejuvenecen, que son antioxidantes y hasta que son buenos para el alzhéimer o la próstata, para que olvidemos un pequeño detallito: llevan una sustancia tóxica y cancerígena llamada alcohol.

Muchas veces se publican fake news que parten de informaciones tergiversadas por la industria, pero que al periodista le llegan revestidas de nota de prensa con estudio científico. ¿Cuál es la nota de prensa más descabellada que ha recibido?

Recuerdo con gran cariño el estudio que decía que los flavonoides del vino disminuyen el riesgo de fractura de cadera. Inmediatamente me imaginé a alguien completamente cocido tambaleándose por la calle diciendo: ‘No os preocupéis si me caigo, no pasa nada, me he pimplado una botella de tintorro así que tengo la cadera de titanio’.

¿Por qué los productos dirigidos a niños son tan susceptibles de ir “avalados” por estudios o asociaciones profesionales?

Los envases de esos productos para niños, cargados de azúcar, de sal o de grasas insanas, están forrados de reclamos saludables

Porque esa preocupación por la salud de la que hablaba antes se dispara cuando hablamos de los niños. Cualquier madre o padre quiere dar a sus hijos alimentos sanos, por lo que la industria de los ultraprocesados y los productos azucarados tiene que hacer un sobreesfuerzo para disfrazarlos y engatusar a esos progenitores preocupados. Vive Dios que lo consiguen: los envases de esos productos para niños, cargados de azúcar, de sal o de grasas insanas, están forrados de reclamos saludables (‘con calcio’, ‘con fósforo’, ‘con vitaminas A, B y D’, ‘con más proteínas’) o de avales de instituciones untadas por la gran industria alimentaria. Mi consejo: desconfía por sistema de todos los productos que lleven estos reclamos, y siempre que puedas, alimenta a tus hijos con comida que no los necesite.

Cuando les llega un estudio “avalado” por una asociación médica, universidad o doctor, ¿lo dan por bueno o buscan voces independientes para que lo valoren?

Cuando nos llega un estudio nos ponemos el casco y la armadura, cogemos el escudo, blandimos la espada y nos ponemos en formación de ejército romano. Metafóricamente hablando, claro. En los estudios dudosos consultamos a nuestros expertos de cabecera en cuestiones de nutrición, algunos de ellos colaboradores de El Comidista, pero después de 10 años de web hemos aprendido a detectar en tres minutos los claramente sesgados. En muchos casos, no hay que perder mucho tiempo para averiguar quién ha financiado el estudio: si rascas y aparece la industria alimentaria o la del alcohol, pon de inmediato el estudio en cuarentena. O tíralo a la papelera directamente.

¿Hay voces o entes más fiables, más independientes, o eso es una invención?

Hay entidades y voces fiables, y por suerte muchos ejercen una labor de divulgación más accesible que nunca gracias a Internet y las redes sociales. La cuestión es saber distinguirlos, porque conviven con entidades supuestamente científicas y desinteresadas, financiadas por la industria y con más de un científico que ha vendido su alma al diablo. Frente a ellos, hay que fiarse de lo que dicen organismos oficiales o dietistas-nutricionistas, tecnólogos o expertos en seguridad alimentaria con cierta reputación.

¿Le compensa a la industria gastar grandes cantidades de dinero en hacer estudios?

Por supuesto que le compensa. Por cada medio al que se le desatan las alertas, hay 10 que lo rebotan sin plantearse su fiabilidad. Sobre todo, si de esos estudios se puede sacar un titular que nos diga lo que queremos oír: que las patatas fritas son buenísimas para la circulación, que el chocolate retrasa el envejecimiento o que la cerveza es mejor que el paracetamol. Eso se traduce en más clics, más retuits, más alcance, más tráfico y, en último término, más ingresos.

Además de la necesidad de tráfico de los medios digitales, las redacciones viven una triste realidad: cada vez están más diezmadas. ¿Se aprovechan de esa debilidad?

En un panorama de precariedad como el actual no es fácil mantener posturas éticas firmes

En estos tiempos de escasez que viven los medios, a muchos no les queda otra que contentar a las marcas para captar su publicidad. Si tú llevas una web o una revista sobre niños que está pasando estrecheces económicas, y te llega ese estudio de una marca de leche, ¿no les dorarías la píldora dándole bola, a la espera de que te caiga su próxima campaña? No digo que esté bien hacerlo. Solo trato de explicar cómo funciona este negocio en sus peores momentos. En un panorama de precariedad como el actual no es fácil mantener posturas éticas firmes.

¿Qué gana una asociación al poner su sello en una caja de galletas de dinosaurios enriquecidas con cinco vitaminas y hierro?

Financiación por parte de la industria. Que yo sepa, han dejado de hacer esto de los sellos porque era un verdadero escándalo. Pero estamos en un caso parecido al de los medios y la publicidad: al final, estas concesiones solo tienen un motivo, y es el dinero.

Si se canalizara más dinero público a la investigación, ¿se evitaría que los científicos tuvieran que rebajarse a hacer este tipo de estudios interesados?

Totalmente. Estoy convencido de que en ocasiones se prestan a este tipo de historias porque su profesión no está lo suficientemente bien pagada y reconocida socialmente. Si España como país se volcara de verdad en la ciencia, creo que serían menos.

Las restricciones a la publicidad de alimentos infantiles en la televisión y el hecho de que los padres sepan algo más acerca de nutrición, ¿están haciendo que las comunicaciones de las marcas se vuelvan más agresivas o insistentes para dar a conocer sus productos en forma de noticias científicas?

Hasta ahora*, las restricciones a la publicidad han sido prácticamente inexistentes porque en España la publicidad se ‘autorregula’. En este momento, la industria hace lo que le da la santísima gana y las sanciones son más raras de ver que al yeti montado en un unicornio, así que no creo que eso influya. En cuanto a la mayor información de los padres… vamos a hacer un ejercicio de voluntarismo y vamos a pensar que sí influye, y que de alguna manera empuja a las marcas a esforzarse más en avalar científica o pseudocientíficamente las virtudes de sus productos.

¿Hay algún gremio especialmente insistente?

En este terreno, la ‘santísima trinidad’ de la brasa la forman los productos infantiles, la cerveza y el vino. Solo podrían competir con ellos el chocolate y el jamón ibérico, que también le dan duro al estudio ‘científico’ financiado.

El consumidor confía en la imparcialidad y veracidad de la prensa. ¿Qué puede hacer para saber si algo que se publica en un medio es información no interesada y veraz?

Primero, pensar si está leyendo esa información en un sitio fiable o en una web ‘cazaclics’. Segundo, fijarse en las fuentes de las que sale la información: los medios rigurosos suelen enlazar a estudios concretos de instituciones o revistas prestigiosas, incluyen voces autorizadas en la materia y matizan mucho sus afirmaciones con explicaciones claras. Los medios cantamañanas usan expresiones del tipo ‘diversos estudios confirman’, ‘los científicos aseguran’… Suelen ser más contundentes en titulares y textos, y acostumbran a basar sus afirmaciones en estudios de remotas universidades de las que nadie ha oído hablar nunca. Por último, conviene bucear un pelín en las fuentes para detectar posibles conflictos de intereses o financiación por parte de empresas. Si la información es favorable a sus intereses, ¡cuidado!

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(*) La entrevista fue realizada antes del anuncio del Ministerio de Consumo acerca del veto a la publicidad de alimentos insanos, que entrará en vigor en 2022.

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