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Bronquiolitis, bronquitis y asma, ¿cómo distinguirlas?

Es importante estar atentos al modo en que respira el bebé y a los esfuerzos que realiza para llenar sus pulmones de aire

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: jueves 20 octubre de 2011

Imagen: Mrs. W.
Parecidas pero diferentes. Bronquiolitis, bronquitis y asma bronquial son tres entidades que tienen muchos puntos en común, que no siempre son fáciles de distinguir y que a veces se solapan, con lo que existe una notable confusión. Por suerte, algunos conceptos ayudan a diferenciarlas.

  • La bronquiolitis es la infección de los bronquíolos, que son la parte final y más delgada del árbol bronquial. Esta enfermedad, casi exclusiva del lactante y del niño menor de dos años, puede ser producida por distintos virus, pero sobre todo está causada por el llamado "virus respiratorio sincitial" o VRS. Se manifiesta por silbidos y dificultad respiratoria.
  • La bronquitis es la infección de los bronquios más grandes, los que nacen en la tráquea y se van bifurcando hasta acabar en los bronquíolos. Sin embargo, los pediatras utilizan este término siempre que la auscultación demuestra que existe obstrucción bronquial. Dicha obstrucción puede ser causada por un virus pero también por una inflamación no infecciosa, por ejemplo, alérgica.
  • Esto último es lo que sucede de forma repetida en el asma: traduce una especial sensibilidad de los bronquios, que reaccionan de manera exagerada ante diversos agentes (ácaros del polvo y pólenes, pero también virus, aire frío y humedad), cerrándose e inflamándose y causando la consiguiente dificultad respiratoria. 

Bronquiolitis, bronquitis y asma comparten la obstrucción del árbol bronquial, los silbidos y la dificultad respiratoria. Pero, además, las bronquiolitis pueden facilitar o causar la aparición de asma bronquial. De hecho, algunos especialistas creen que en realidad son su primera manifestación. Por otro lado, muchos pediatras emplean el término bronquitis por no alarmar con la palabra asma, de modo que los límites entre esas tres afecciones se hacen todavía más imprecisos.

La bronquiolitis suele iniciarse con un cuadro catarral de las vías respiratorias altas y síntomas similares a los de un resfriado común. La diferencia es que a los dos o tres días se añaden signos de dificultad respiratoria, de intensidad variable, consecuentes a la inflamación y obstrucción que el virus ha ocasionado en los bronquíolos. Así, sus síntomas exteriores más claros son:

  • Aumento de la frecuencia respiratoria, superior a 50 respiraciones por minuto.
  • Aleteo nasal, con dilatación de los orificios nasales en cada inspiración.
  • Tiraje intercostal o hundimiento de los espacios que separan las costillas, como expresión del esfuerzo que debe hacer para que llegue aire a sus pulmones. 
  • Quejido espiratorio, como un gruñido, por la dificultad que tiene para sacar aire. 
  • Sibilancias o pitos como silbidos, también espiatorios. 

Este esfuerzo puede ser agotador para el bebé, que debe ser atendido lo antes posible. Si a estos signos se añade la cianosis o coloración azulada en labios y dedos, significa que la respiración no solo es difícil sino insuficiente, pues ya no logra oxigenar bien la sangre. En estos casos, y aunque el niño ya haya sido visitado y diagnosticado, se debe acudir urgentemente al hospital, igual que si se le observa aletargado o los síntomas de dificultad empeoran.

En los casos leves de bronquiolitis el tratamiento es muy pobre. Por un lado, los antibióticos son inefectivos para tratar una infección vírica. Por otro, los bronquíolos del bebé no responden a los medicamentos que se emplean para dilatar y desinflamar los bronquios en el asma. De este modo, el tratamiento se reduce a los mismos cuidados que se recomiendan para un resfriado (suero fisiológico, aire limpio y buena hidratación). La única diferencia es que se debe mantener una actitud de expectación: si el cuadro empeora, la asistencia debe ser hospitalaria, pues el niño puede llegar a requerir de cuidados intensivos.

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