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Petróleo no convencional

Destinado a aumentar su producción en los próximos años, es aún más contaminante que el convencional

El petróleo se acaba, aunque no tanto. Las reservas de crudo convencional, es decir, más ligero, con menos azufre y más fácil de extraer, son cada vez menores, pero todavía quedan muchas reservas de crudo no convencional. Las mejoras tecnológicas, el aumento de la demanda, y la disminución del crudo «fácil» hacen cada vez más competitiva su transformación en combustible para los próximos años. El medio ambiente volvería a ser el mayor perjudicado, ya que este tipo de petróleo es más contaminante y requiere más agua y energía para su procesado que el convencional.

El petróleo no es una única sustancia homogénea. De hecho, hay una gran variedad de crudos, aunque normalmente las compañías petrolíferas basan su producción en el convencional. En el otro extremo se encuentra el no convencional, más pesado, sulfurado y difícil de extraer, por lo que no se explota en la actualidad, salvo en dos excepciones: el crudo extrapesado del Orinoco venezolano y el betumen, una sustancia similar al alquitrán, de las arenas bituminosas de Alberta (Canadá).

En 2015 el petróleo no convencional podría llegar al 40% del total

Sin embargo, a medida que el petróleo convencional se agota y la demanda aumenta, el no convencional gana cada vez más protagonismo. Si en el año 2000 representaba el 16% de la producción mundial total, en 2007 alcanzaba el 25%, y se estima que en 2015 llegará al 40%, según José María Abad Hernández, del Centro Internacional de Investigación Financiera del IESE. Asimismo, un estudio de la consultora Wood Mackenzie (WM) auguraba el año pasado que el crudo y el gas no convencionales cubrirán más de 20% de la demanda global en 2025 y constituirán el 40% del gas de Estados Unidos en 2010.

En cuanto al volumen posible de extracción, los responsables del Congreso Mundial del Petróleo, celebrado este verano en Madrid, aseguraron que hay 300.000 millones de barriles de crudo no convencional ya en explotación en Venezuela y Canadá, y que ya hay detectados, aunque sin contabilizar todavía como reservas probadas, entre siete a nueve billones de barriles. Por su parte, el estudio de WM estima en 3,6 billones de barriles las reservas de este tipo de crudo, mientras que la Agencia Internacional de Energía pronostica que el consumo de petróleo no convencional será de dos millones de barriles diarios de aquí a 18 años.

Dificultades y riesgos medioambientales

El estudio de la consultora WM recordaba que la producción del crudo no convencional es más cara y contaminante y exige más cantidades de agua, energía y disolventes que la convencional. Así se puede comprobar en las actuales extracciones de estos crudos. En el caso del petróleo extrapesado venezolano, si bien es líquido, su viscosidad es mayor que la convencional, y requiere un mayor esfuerzo para llevarlo a la superficie y su posterior transporte (no sirven por lo general los oleoductos normales).

En cuanto al betumen canadiense, es aún más viscoso que el crudo extrapesado, y se encuentra atrapado en capas sedimentarias pegajosas (arenas bituminosas). En este caso, se utiliza la minería a cielo abierto (más contaminante e intensiva en energía que la subterránea) como método más común de extracción, si bien se espera que a medida que mejore la tecnología y las arenas bituminosas superficiales vayan escaseando, se optará por métodos de bombeo de los depósitos del subsuelo.

Asimismo, las plantas dedicadas a mejorar estos crudos requieren mucha más energía, normalmente en forma de gas natural. En el caso de Canadá, los expertos consideran que este aumento del consumo de gas podría ser insostenible a largo plazo.

La producción del crudo no convencional es más cara y contaminante y exige más cantidades de agua, energía y disolventes que la convencional

El agua es otro de los grandes perjudicados por estas instalaciones. A la hora de separar el betumen de la arena y de otros sólidos, se necesita gran cantidad de agua o de vapor, según el sistema utilizado. Se calcula que un barril de crudo bituminoso puede necesitar hasta cuatro barriles de agua. Posteriormente, el agua de proceso no reciclada se envía a embalses que pueden sufrir escapes o filtraciones subterráneas.

Por su parte, las emisiones contaminantes también son mayores. Los procesos de producción y mejora de los crudos extrapesados y bituminosos pueden expulsar hasta seis veces más dióxido de carbono (CO2) que los convencionales. En el caso de la producción de betumen, se liberan sustancias tóxicas como dióxido de azufre, óxidos de nitrógeno, ácido sulfhídrico, compuestos orgánicos volátiles, ozono, hidrocarburos aromáticos policíclicos, partículas sólidas y compuestos reducidos de azufre. Por su parte, el petróleo extrapesado venezolano tiene un alto contenido en azufre, además de metales como níquel y vanadio. El descarte de subproductos, como coque y azufre, es otro problema medioambiental adicional, ya que los crudos no convencionales producen cantidades mucho mayores que los convencionales.

No obstante, sus defensores esperan que los avances tecnológicos, impulsados por la necesidad cada vez mayor de este tipo de crudo, hagan disminuir su coste y su impacto ambiental. Por ejemplo, la producción del crudo sintético canadiense es un 50% más barata que a comienzos de los años 90, y sus emisiones de CO2 se han reducido en un 35%. Por su parte, las instalaciones venezolanas también han aumentado notablemente su eficiencia gracias a los nuevos sistemas de extracción, producción y mejora del producto.

Futuro del petróleo no convencional

Los yacimientos venezolanos y canadienses no serán los únicos en extraerse si se cumplen las previsiones. Las reservas estimadas de crudo extrapesado en Rusia son similares a las venezolanas, si bien no se espera que vayan a ser extraídas a corto plazo. Por su parte, otros países cuentan con interesantes reservas, como Estados Unidos, que podría contar con unos 40.000 millones de barriles no convencionales.
La gran variedad de crudo no convencional, como el que yace en el fondo marino, o los sistemas que transforman el gas o el carbón a líquido, podrían aumentar las posibilidades.

No obstante, no todo el mundo piensa igual. Shane Streifel, economista experto en energía del Banco Mundial, cree que las fuentes no convencionales de petróleo seguirán siendo relativamente pequeñas durante la próxima década. El avance tecnológico podría utilizarse para aumentar la capacidad de extracción del petróleo convencional, y recuperar antiguos yacimientos o buscar nuevos. En este sentido, los expertos reunidos en el Congreso Mundial del Petróleo afirmaron que hay detectados, aunque sin contabilizar todavía como reservas probadas, entre siete y ocho billones de barriles convencionales remanentes.

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