Tipos de huella hídrica y algunos ejemplos en alimentos

Para medir la huella hídrica de un producto, actividad o alimento, clasificamos el agua que se consume en distintos colores. Conoce qué aguas se consideran para ello, y cuáles no
Por Álvaro Bayón 30 de octubre de 2023
huella hídrica gota agua
La sequía es uno de los retos más importantes de los próximos años. Sin agua nuestra forma de vida está en riesgo. Medir la huella hídrica de lo que consumimos puede ayudarnos a no malgastarla. Y para medirla, es necesario conocer la clasificación del agua que se consume en diferentes colores. En las siguientes líneas los enumeramos, además de dar varios ejemplos de la huella hídrica en alimentos.

Los colores del agua

Para medir la huella hídrica de un producto o actividad, se clasifica el agua que se consume en distintos colores.

🔵 Agua azul

Es el agua de ríos y arroyos, lagos, lagunas, embalses y acuíferos, que corre en dirección al mar. Esta agua puede reutilizarse.

Se considera que existe huella hídrica azul cuando se obtiene de cualquier fuente considerada azul y es evaporada o incorporada en algún producto que la retenga. Por ejemplo, el agua de riego en productos agrícolas o la que beben los animales en productos ganaderos.

🟢 Agua verde

Es el agua de las precipitaciones (lluvia o nieve) retenida en el suelo, absorbida por las raíces y conservada en los tejidos de las plantas. A diferencia del agua azul, que es fácil de aprovechar, la verde solo puede utilizarse en la producción agrícola.

Por ejemplo, el agua contenida en las plantas con las que se fabrican productos textiles, o aquella con la que se alimenta al ganado, es huella verde.

🔘​ Agua gris

Es toda agua necesaria para diluir un contaminante hasta que sea seguro. Comprende toda forma de contaminación independientemente de su origen.

La huella hídrica gris no se contabiliza según la normativa ISO, aunque muchos investigadores consideran que debería incluirse. Los vertidos procedentes de la industria se corresponden típicamente con la huella gris.

⚫ Aguas que no sirven para medir la huella hídrica

Además, hay dos colores inservibles que no se consideran en la huella hídrica.

  • En un extremo, el agua blanca, que es la que se evapora inmediatamente después de llover, y nunca llega a aprovecharse para ningún otro proceso.
  • En el extremo opuesto, el agua negra, la que está contaminada por encima de su capacidad. Algunos vertidos tóxicos, como el sucedido en Aznalcóllar (Sevilla) en 1998, o aguas residuales sin tratar como sucedió con el colector de Ontinyent (Valencia) en 2019, serían aguas negras.

El agua que consumimos

Un campo de golf de 18 hoyos puede consumir en un solo día lo que un hogar español durante 35 años. ¿Y una persona? La huella hídrica de un ciudadano en nuestro país llega a los 6.700 litros al día. ¿En qué alimentos gasta tanta agua al comer?

  • 35 % carne
  • 12 % leche
  • 10 % aceite
  • 7 % cereales
  • 5 % productos industriales
  • 4 % cacao, té o café
  • 26 % otros

➡️ La huella hídrica de algunos alimentos (en litros por kilo)

💧 = 1.000 litros

huella hídrica alimentos
Fuente: diversas investigaciones R. Ididhi, H. Ben Salem, 2020; Mekkonnen MM, Hoekstra AY, 2010, Moreno-Ortega, 2019 y Water Foorprint Network.
Imagen: Eroski Consumer

¿Qué pasa si no llueve?

La vegetación y la lluvia se retroalimentan entre sí. La sequía es mala para las plantas y, sin ellas, mantener las reservas de agua se hace más difícil.

En un ecosistema saludable, la vegetación retiene el agua en el suelo con sus raíces; la lluvia que permanece en el terreno aporta agua a reservas subterráneas y ríos, y las plantas devuelven parte de esa agua a la atmósfera, facilitando así nuevas lluvias. Los acuíferos nutren lagos, lagunas y humedales. Río abajo, el agua que llega transporta cantidades moderadas de sedimentos, que nutren los ecosistemas litorales que son, también, un refugio de la biodiversidad.

Con menos lluvia y más calor, el suelo se seca y se reduce la vegetación, lo que hace al suelo vulnerable. Cuando llueve, el agua se escurre por la superficie. Los acuíferos se secan y, con ello, las lagunas y los humedales. El agua de la lluvia arrastra y erosiona el suelo, lo que impide que la vegetación vuelva a asentarse, y se produce desertificación. Aguas abajo, el río aporta un exceso de sedimentos al mar, los ecosistemas litorales se desestabilizan, con la consiguiente pérdida de
biodiversidad.

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