Entrevista

José Antonio Muñoz-Yunta, neurólogo infantil de la Unidad de Neuropediatría del Hospital del Mar, de Barcelona

«Los niños autistas presentan un tipo de epilepsia sin convulsiones»
Por Clara Bassi 26 de febrero de 2008
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Imagen: CONSUMER EROSKI

Los niños autistas sufren un tipo de epilepsia que no se manifiesta con convulsiones y que, por lo tanto, no es clínica -según el lenguaje médico-, sino sólo apreciable mediante ciertas pruebas diagnósticas. Este hallazgo ha supuesto un paso extraordinario en la comprensión neurobiológica del autismo y podría derivar en una nueva forma de tratarlo, que incluiría la detección de esa actividad epileptiforme subclínica y el uso de antiepilépticos. El neuropediatra del Hospital del Mar, José Antonio Muñoz-Yunta, responsable del estudio publicado en la prestigiosa revista ‘Clinical Neurophisiology’, explica los detalles del descubrimiento en esta entrevista.

Su equipo ha encontrado una relación entre epilepsia y autismo. ¿Qué se sabía anteriormente?

Se sabía desde hacía años, desde la década de los 70, que la población con autismo tenía una mayor prevalencia de epilepsia que la población general. La epilepsia afecta, según las series, a entre un 30% y un 60% de la población de afectados por autismo, dependiendo de la edad de los pacientes, mientras que en la población general la prevalencia se sitúa entre un 1% y un 2%. A más edad, más epilepsia tiene el paciente autista. Me refiero a la epilepsia clínica, en la que el individuo presenta convulsiones que se pueden detectar con un electroencefalograma (EEG).

¿En qué ha consistido su investigación?

Ha sido una investigación paso a paso, en la que hemos estudiado a los niños autistas con una técnica llamada magnetoencefalografía. Esta técnica capta la actividad epiléptica profunda mejor que el electroencefalograma, en la que se pierde gran cantidad de corriente eléctrica al pasar a través de varios cuerpos opacos, como las meninges y el líquido cefalorraquídeo. Con la magnetoencefalografía hemos visto que los pacientes autistas presentan actividad epileptogénica en áreas del córtex profundo y, en concreto, procedente del surco silviano y del área perisilviana que le rodea.

¿A qué capacidades afecta esta actividad epileptogénica?

Los ataques de epilepsia eléctrica afectan a zonas de organización del lenguaje, la socialización o la personalidad, que fallan en el autismo. También hemos visto que las personas con autismo tenían afectada la zona perisilviana del hemisferio derecho e izquierdo, mientras que en los niños con Síndrome de Asperger -forma leve del autismo en la que se conserva el lenguaje-, sólo estaría afectado el lado derecho. Se ha encontrado la fase fisiopatológica del autismo. De la misma forma, un grupo estadounidense ha estado estudiando el autismo regresivo (personas sanas que luego desarrollan autismo) y ha puesto de manifiesto que presentaban actividad epileptiforme y que perdían el lenguaje.

¿En qué población lo han estudiado?

El autismo precisa una intervención muy precoz, habilitadora, psicopedagógica y también con antiepilépticos

Lo hemos estudiado en autismos genéticos primarios, con un clúster (subgrupo) muy homogéneo de 36 niños, y los resultados señalan que tienen esta alteración en la parte perisilviana. La alteración es la misma tanto en el autismo primario como en el regresivo de la investigación estadounidense, a la que me he referido anteriormente.

¿Qué implicación tendrá a partir de ahora este hallazgo?

Tendrá implicaciones trascendentales porque actualmente se trata la epilepsia si existen ataques epilépticos clínicos, pero a partir de ahora se podrá tratar la actividad epileptiforme sólo visible con EGG. Las neuronas no motoras estarían contaminando el cerebro e induciendo a un deterioro en el autismo, pero ahora se podría tratar y, además, de forma precoz.

¿Habría que aplicar la magnetoencefalografía a todos los niños autistas sistemáticamente para comprobar si tienen esta actividad epileptiforme?

No, lo que habría que hacer es buscar la actividad epileptiforme. Actualmente, sólo hay una magnetoencefalografía en Madrid (y creo que sería necesaria otra en Barcelona). Por este motivo, el estudio, liderado desde la Ciudad Condal, se ha llevado a cabo en el Centro de Magnetoencefalografía-Fundación Pérez Modrego, de Madrid, cuyo director es Tomás Ortiz.

¿Podrían mejorar estos niños si se tratara la actividad epileptiforme?

Algunos sí. Ahora habrá que estudiar con los llamados Trastornos Específicos del Lenguaje (TEL), que afectan a pacientes no autistas que no hablan. Todo está correlacionado. Con estimulación eléctrica transcraneal repetitiva -técnica que se aplica con un aparato que se encuentra sólo en el Hospital Clínico de Barcelona- se podría inhibir esta actividad eléctrica de las neuronas que están alteradas sin usar medicación.

¿Cuál es la trascendencia de este hallazgo?

Modificar el concepto de epilepsia clásica. De hecho, la población esquizofrénica también presenta actividad epileptiforme anómala y, por eso, los psiquiatras tratan con antiepilépticos los trastornos psiquiátricos. Lo que hacen en realidad es tratar esa actividad epileptiforme.

En el caso del autismo, ¿cuál es el mensaje para pediatras y otros médicos respecto al tratamiento en lo sucesivo?

Diría que el autismo precisa una intervención muy precoz, no sólo habilitadora y psicopedagógica, sino también un tratamiento prematuro con antiepilépticos.

Parece un hallazgo revolucionario…

Confirma todas las teorías del tálamo, del área perisilviana y de la disfunción del tálamo cortical postuladas por Rodolfo Llinàs, que trabaja en Nueva York (EE.UU.) y que ha sido propuesto para Premio Nobel, que apuntan en la misma dirección. De hecho, con este hallazgo estamos abriendo la puerta a un tratamiento específico del tálamo del córtex y a poder mejorar a las personas autistas. El paso es extraordinario.

LA PUNTA DEL ICEBERG
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Imagen: Bianca de Blok

La imagen que la mayoría de la población, incluso los propios médicos, tiene de la epilepsia debería cambiar a raíz del estudio publicado por el equipo de José Antonio Muñoz-Yunta. Este tipo de epilepsia, a la que los médicos llaman epilepsia clínica, se caracteriza por el padecimiento de convulsiones. Pero, según Muñoz-Yunta, de ahora en adelante la epilepsia clínica debería considerarse como «la punta del iceberg». El neuropediatra ha declarado que «sólo es la punta visible, mientras una inmensa masa se esconde entre el desconocimiento y la hipótesis de que cuando estas alteraciones afectan a neuronas no motoras, los efectos pueden existir manifestándose de múltiples formas».

Por lo tanto, la epilepsia ya no se manifestaría sólo con convulsiones, sino que también podría afectar a las áreas del lenguaje y de las relaciones sociales. Prueba de ello es que, en el estudio, los autores han visto actividad epileptiforme en niños con autismo y, precisamente, en este trastorno las capacidades que fallan son la lingüística y las sociales. Este trabajo abre la puerta a la exploración y estudio en mayor profundidad de esa «vasta actividad epileptiforme», añade Muñoz-Yunta, «no sólo en pacientes autistas, sino también con Síndrome de Asperger -autistas con la capacidad del lenguaje preservado- y sujetos con otros trastornos específicos del lenguaje».

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