Lenguaje corporal

La comunicación no verbal supone más del 60% de la información que se transmite en una conversación
Por Azucena García 8 de septiembre de 2004

El lenguaje da forma a los pensamientos. Pero éstos también pueden transmitirse a través de los gestos, las muecas o diferentes movimientos corporales que suponen más del 60% de la información dada en una conversación. Sólo así se entiende que una sonrisa sea en ocasiones suficiente para demostrar que estamos alegres, mientras que unos brazos caídos o unos ojos tristes denotan el cansancio al final del día. Expertos en el tema aseguran que cada gesto tiene su significado y revelan la certeza de aquel refrán que afirma que “la cara es el espejo del alma”.

Qué es

Conocer el propio cuerpo y aprender a controlarlo es fundamental en determinados momentos, sobre todo, cuando hablamos con los demás. Y es que entre un 55% y un 70% de la comunicación transmitida en una conversación es comunicación no verbal compuesta por más de un centenar de mensajes que se emiten a través de gestos o actitudes, mientras que sólo un 35% correspondería al habla.

Los sentimientos, las inquietudes, los pensamientos? Todo queda reflejado en nuestro cuerpo, que lo procesa y lo lanza al exterior sin mediar palabra para que sea interpretado por el contrario, quien, a su vez, también puede decir mucho sin abrir la boca gracias a un conjunto de señales emitidas, en su mayoría, de manera inconsciente pero muy expresiva.

En su libro, “La comunicación no verbal”, la autora Flora Davis recalca que la capacidad de descifrar esos gestos y movimientos es innata a todas las personas desde la infancia, de manera que somos capaces de reaccionar de diferente manera ante unos u otros movimientos porque conocemos su significado de antemano.

No obstante, algunos discrepan de esta idea ya que, según explica la psicóloga clínica Sonia Maruri, “el lenguaje corporal sólo es un acompañamiento de lo que la persona dice. Hay que tener en cuenta también lo que dice y cómo lo dice porque de lo contrario se limita mucho la información”.

“Transmitimos mucha información, pero siempre se tiene que tener muy claro de qué va acompañada esa información. El lenguaje es nuestra forma prioritaria de comunicarnos”, defiende.

Principales gestos

En ocasiones, apenas cinco minutos son suficientes para causar una buena o mala primera impresión. Un corto periodo de tiempo en el que el interlocutor se forma una idea sobre el otro y decide el tipo de relación que les unirá. Alterar esa idea posteriormente aún será posible, pero cabe la posibilidad de que la información que transmita nuestro cuerpo lo complique.

Por esta razón, resulta muy importante ofrecer la mejor imagen de uno mismo desde el primer momento, no mostrar los defectos demasiado pronto y tener una buena idea sobre nosotros mismos ya que, en ocasiones, puede ocurrir que esa imagen influya en la que damos a los demás.

Por otro lado, es muy importante mantener la distancia con el contrario y no invadir su espacio personal, cuyo acceso suele estar permitido sólo a los amigos más íntimos, las parejas o los familiares. Rebasar sus límites puede conllevar una mala impresión sobre quien lo hace y, en el caso de que sea un hombre quien acceda al espacio de una mujer, ésta lo puede interpretar como una insinuación sexual y sentir rechazo inmediato.

En este sentido, diversos estudios apuntan a que la falta de espacio puede llevar a un estado de tensión importante, en el que las reacciones de quien se siente acosado carecen de control y generan un escenario hostil entre ambos, que se refleja también mediante el lenguaje corporal, con movimientos de frialdad y rechazo.

El lenguaje del bebé

El lenguaje no verbal acompaña al individuo durante toda la vida, de manera que no se comporta igual cuando está alegre, que cuando engaña o ama. Son gestos que se aprenden muy temprano y que, con el paso de los años, se adaptan a la propia personalidad. “El lenguaje corporal pertenece al inconsciente colectivo, a nuestra forma originaria de comunicarnos”, explica la doctora Maruri.

Antes de nacer, los bebés establecen una sincronía con la madre, al moverse en el útero tal y como lo hace la progenitora en el exterior. Después de nacer, el bebé adapta sus movimientos a las palabras de quienes le hablan y trata de recuperar la unidad que sentía en el interior de la madre, quien deberá interpretar adecuadamente sus señales.

Limitado en sus desplazamientos, el niño depende siempre de un adulto y es a estos, precisamente, a los que informa sobre sus necesidades, pese a que en los primeros meses de vida lo haga, sobre todo, mediante lloros.

Más adelante, cuando crecen, los bebés comienzan a señalar directamente, con el dedo índice, el objeto de sus deseos, y recurren también a la mirada para dar a conocer la información relativa a su estado de ánimo o sus necesidades. Además, el bebé irá captando las reacciones y comportamientos del adulto ante determinadas circunstancias, así como su significado, para, posteriormente, imitarle y facilitar a los mayores la comprensión de sus gestos.

Expresar a través del cuerpo

El cuerpo humano está compuesto de cabeza, tronco y extremidades. Tres partes fundamentales que sirven para expresar multitud de pensamientos y sentimientos, si bien la mayoría de los profesionales consideran al rostro “fundamental” para entender el lenguaje corporal. “Constituye la parte más expresiva del cuerpo”, asegura Maruri.

Mirada

Dentro de la cara, los ojos destacan como el elemento más llamativo y capaz de transmitir una mayor cantidad de información. El contacto visual suele ser el primero que se establece con otra persona y, en muchas ocasiones, depende de él que esa relación siga adelante. Los hombres suelen mirar directamente a los ojos y mantienen la mirada. Las mujeres, por el contrario, prefieren miradas cortas, tímidas, y optan por dirigir la vista hacia otro lado cuando se cruzan con la de un desconocido, aunque sientan atracción hacia éste y su pupila se dilate visiblemente.

Los ojos pueden indicar si la persona que habla está triste, alegre, nerviosa, preocupada? Todas las emociones pueden ser manifestadas a través de la mirada. “Los ojos son la puerta de entrada. Un resumen de lo que se piensa. Pero hay que fijarse en el conjunto”, advierte, sin embargo, Julián Gabarre, profesor agregado de la Sociedad Francesa de Morfología. “Los ojos pueden decir algo, pero no describen la inteligencia de la persona. Para ello conviene estudiar con detenimiento la estructura de la frente, la boca o los orificios de la nariz. De esta manera, hasta las personas más inexpresivas transmiten información”, agrega.

Por su parte, Flora Davis recalca que la mirada puede llegar a crear en el interlocutor determinadas emociones, como rechazo y miedo -ante una mirada fija y sostenida- o simpatía y atracción -ante una mirada serena-, mientras que la doctora Maruri recuerda que, “de una manera u otra, cualquier contacto entre dos personas se inicia siempre con una mirada”.

Sonrisa

Suele ser la carta de presentación. La que diferencia a una persona sincera, cuya sonrisa muestra ligeramente los dientes superiores, de otra menos sincera, cuya sonrisa es más cerrada. Sirve para expresar alegría, tristeza, inseguridad, ternura u hostilidad, y, llevada al extremo, puede desconcertar a quien la recibe y hacerle pensar que nos estamos riendo de él. En una conversación, inspira tranquilidad y confianza al interlocutor y permite crear una relación más cercana con él.

Manos

Aunque unos recurren más a ellas que otros, las manos constituyen las extremidades más utilizadas por el ser humano y han dado lugar, a lo largo del tiempo, a la definición de una serie de gestos universales como aquel que indica el sueño cuando alguien apoya la mejilla sobre su mano.

Algunas personas gesticulan tanto al hablar que suele decirse que hablan con las manos, sin duda, una parte fundamental de apoyo al lenguaje. Cuando se agitan nerviosamente, revelan la tensión de quien las mueve, mientras que una caricia da idea del afecto hacia el otro y ocultar la mirada con la mano desvela la vergüenza ante una situación concreta. Cada individuo, cada cultura, tiene una forma particular de mover las manos, pero en todos los casos su utilización ofrece una información adicional a la de la propia conversación.

Postura

Diversos estudios llevados a cabo por psicólogos, aseguran que la postura adoptada por una persona dice mucho de ésta. Además, está comprobado que, en una conversación, los interlocutores que comparten un mismo punto de vista tienden a compartir también una misma postura, de forma que si uno de ellos la cambia, el otro se “reacomoda” a la nueva.

De la misma manera, cuando dos personas mantienen opiniones contrarias, el cuerpo es también la expresión de ese distanciamiento, con movimientos diferentes que sirven de barrera entre un individuo y otro.