Entrevista

«Hay que convertir el miedo en cautela y evitar el aislamiento»

Gabriela Paoli, psicóloga y consultora en desarrollo personal
Por Carla Merino 18 de octubre de 2020
gabriela paoli psicologa
Imagen: G.P.

Tras el confinamiento, todos teníamos ganas de quedar con familiares y amigos. Aunque las medidas se relajaron —y, con ellas, muchas personas—, hay quienes sufren especialmente esta situación de incertidumbre y están muy pendientes de las nuevas normas sociales que se van implementando. Los “cumplidores” muchas veces se enfrentan al enfado, la ansiedad y la impotencia cuando ven que otros ciudadanos no cumplen con las restricciones y pautas al igual que ellos. ¿Cómo gestionar estas emociones? ¿Cómo seguir la normativa sin caer en la paranoia o el aislamiento? La psicóloga Gabriela Paoli, consultora en temas de desarrollo personal y autora del libro ‘Salud digital: claves para un uso saludable de la tecnología’, contesta a estas preguntas y nos da las claves para cumplir las medidas impuestas evitando el aislamiento y las confrontaciones con familiares y amigos.

¿Cómo definir a un «cumplidor»?

Ser cumplidor tiene que ver con el tema de responsabilidad civil y social, con el compromiso hacia la comunidad, el barrio y la familia. Los cumplidores son personas solidarias que, por lo general, tienen una moral marcada, y por lo mismo cumplen con las normas que han surgido alrededor de la crisis del coronavirus.

¿Cómo se diferencia a un cumplidor de alguien que siente paranoia por la situación?

Mientras el cumplidor sigue las normas basándose en la responsabilidad social, el paranoico puede seguir las normas por miedo al contagio: un miedo intensificado y crónico. Es un perfil de una persona antisocial, desconfiada e insegura. Quedarse en casa le resultó un alivio, y el desconfinamiento le provocó ansiedad. Todos podemos fluctuar entre estar relajados, ser cumplidores o estar paranoicos, dependiendo de nuestra situación personal. Hay situaciones de vulnerabilidad, como personas que tienen un mayor riesgo por tener asma o vivir con una persona mayor, por ejemplo. La gestión de cómo cumples las normas sociales varía dependiendo de tu situación personal, que también puede cambiar en cualquier momento.

¿Qué impacto emocional tienen las redes sociales en estos momentos?

En un cumplidor, ver fotos o vídeos de la gente que no respeta la distancia de seguridad o que salió de vacaciones mientras él o ella no lo hizo por responsabilidad social, puede provocar frustración, enojo, ansiedad e impotencia. Todo lo que compartimos en redes sociales tiene un impacto emocional sobre el que lo recibe, y estas emociones, a su vez, impactan en nuestro estado de ánimo, y a través de esto nos creamos ideas y creencias. Además, la transformación digital que hemos vivido desde que inició la pandemia es bestial: el teletrabajo, el teleaprendizaje… estaba previsto que sucedieran dentro de 10 años. El nivel de consumismo de la tecnología ha aumentado de forma significativa y esto también nos afecta emocionalmente, si no lo gestionamos de una manera adecuada.

¿Cómo se puede lidiar con la frustración emocional, si no te comprenden tus amigos o tu familia cuando tú eres el que cumple las normas?

No podemos controlar lo que piensa y hace el otro. Cada persona se tiene que hacer responsable de sus emociones y pensamientos. Esa capacidad es individual. No hay que ir en contra de nuestros valores y principios, porque esto puede provocar aún más frustración. Si uno de tus amigos hace una fiesta en su casa, y para ti no es aceptable, no asistas, pero respeta partiendo de la premisa de que todas las personas piensan y actúan diferente. Hay que partir de esa premisa para que no nos afecte la forma en la que actúan los otros. La covid-19 nos ha separado porque el ser humano tiene necesidad de posicionarse; siente que se debe poner de un lado o del otro, como en la política. Pero eso no es real. Puedes ir cambiando de idea de acuerdo a cómo te afecte en ese momento. Si alguien piensa de una forma hoy y, después, un familiar suyo enferma o muere de coronavirus, por ejemplo, su discurso alrededor del virus y de cómo hay que cuidarse puede cambiar.

¿Es recomendable intentar convencer a los otros de que hay que cuidarse?

No es recomendable por una cuestión de salud mental, y hasta física.

¿Por ejemplo?

Yo he tenido pacientes con gastritis o vómitos por discusiones eternas al intentar convencer a familiares o amigos del punto de vista propio. Esta situación nos tiene a todos crispados y cansados, y cuando estamos enfadados, no estamos abiertos al diálogo; discutimos desde las emociones. Hay que aceptar las creencias de las otras personas aunque no estemos de acuerdo con ellas. ¿Quién eres tú para intentar convencer al otro de que tú tienes la verdad? Cada uno tiene su verdad y la construye a través de experiencias y conocimientos desde su propia visión del mundo. Ir peregrinando una línea de pensamiento, especialmente en la situación que vivimos ahora, solo te hace gastar energía emocional, que es mejor ahorrar para enfrentarse al día con día. No recomiendo las discusiones, pero sobre todo, hay que evitar debatir estas cosas por redes sociales. El propósito de estas debe ser informativo, no declarativo.

¿Cómo se logra el equilibrio entre cuidarse y seguir relacionándose con los demás?

En momentos de incertidumbre, malestar, fluctuación… es muy importante seguir con nuestras vidas, con lo cotidiano, lo que te hace sentir bien y normal dentro de tus posibilidades. No vivir con miedo; convertir el miedo en cautela y evitar el aislamiento. Informarte de cómo va a ser un evento para decidir si asistes (cuántas personas van, si es interior o exterior) y, sobre todo, intentar estar más cerca de los familiares o amigos que piensen como tú. No hay que dejar que el miedo te paralice o te bloquee, pero sí usarlo para ser cuidadoso y cumplir con las normas sin caer en el aislamiento. La salud metal está estrechamente relacionada con la vida social.

De acuerdo a sus observaciones, ¿los jóvenes son los que menos cumplen con las restricciones de distanciamiento social? 

No creo que sea una cuestión de edad. Creo que la clave son los valores personales. Es verdad que los jóvenes están más predispuestos al riesgo y a saltarse las normas, porque están en un momento evolutivo de rebeldía. Pero también hemos visto que hay muchos adultos que tampoco cumplen las normas por diferentes razones: están los que tienen teorías conspirativas alrededor del virus, o los que simplemente no sienten miedo ni responsabilidad. Todos tenemos una serie de creencias y valores que nos hace actuar como actuamos.

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