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Cómo el ruido afecta a la salud

La Organización Mundial de la Salud alerta de los riesgos para la salud que supone la exposición prolongada a niveles elevados de ruido

Recientes investigaciones han demostrado que el ruido no solo afecta a la capacidad auditiva, sino que también influye en el correcto funcionamiento del cerebro, el sistema inmune e, incluso, el corazón. Es un contaminante ambiental muy extendido que repercute de forma negativa y supone un problema para la salud pública. Y es que, a diferencia de los ojos, los oídos no pueden evitar soportar de manera constante los sonidos que nos rodean. En este artículo se explica cómo el ruido daña al corazón, acorta la esperanza de vida y empeora su calidad.

Imagen: Daniel Lobo

El ruido daña el corazón

Científicos y médicos de todo el mundo están descubriendo una fuerte correlación entre contaminación acústica y enfermedades cardiovasculares, como son la hipertensión arterial o el infarto de miocardio. Pese a que el riesgo cardiovascular provocado por una exposición al ruido es moderado, los investigadores alertan del gran peso que tiene este contaminante ambiental en la salud pública, debido a que una gran parte de la población soporta niveles poco saludables.

Una exposición diaria y prolongada por encima de 65 dB desencadenan una serie de respuestas en el organismo que afectan al corazón

El corazón tiene oídos. Se ha comprobado que una exposición diaria y prolongada por encima de 65 dB (el ruido producido en una tienda u oficina) o una exposición aguda a sonidos de mayor intensidad (el que se crea en un taller de coches, una discoteca, un concierto o el del motor de un autobús a un metro de distancia) desencadenan una serie de respuestas en el organismo que afectan al corazón. Al estar expuesto a este contaminante ambiental, el organismo genera una respuesta hormonal y nerviosa que conlleva un aumento temporal de la tensión arterial y la frecuencia cardiaca, vasoconstricción, incremento de la viscosidad de la sangre y subida de los niveles de lípidos y electrolitos en la misma, todos ellos factores de riesgo cardiovasculares.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha demostrado que el ruido provocado por el tráfico rodado está directamente relacionado con las enfermedades isquémicas cardiacas, es decir, anginas de pecho e infarto agudo de miocardio. Esta organización también alerta de su posible vinculación con el desarrollo de la hipertensión. Otro dato importante descubierto es que el ruido escuchado durante la noche tiene un mayor peso en el desarrollo de enfermedades cardiovasculares que el diurno. Los especialistas creen que es probable que esto se deba a que provoca alteraciones en el sueño que pueden conllevar al incremento del riesgo cardiaco.

Los decibelios de más dan mala vida

Las enfermedades cardiacas son las consecuencias de este fenómeno que causan más preocupación, pero el rango de afectaciones del ruido es muy amplio.

Estudios recientes señalan una posible asociación con el riesgo de padecer un accidente vascular cerebral (ictus). De hecho, una investigación realizada por el Instituto de Epidemiología de Copenhague (Dinamarca) determina que por cada 10 dB de aumento de ruido, el riesgo se incrementa un 14% en personas mayores de 65 años. Esta relación se da sobre todo por encima del umbral de 60 dB, que es el de una conversación sosegada.

Otro perjudicado por el ruido es el descanso. Se sabe que afecta a la calidad del sueño, aunque consigamos conciliarlo, y altera sus ciclos, etapas y grado de profundidad. La interrupción del sueño, por parte de un claxon, un ciclomotor o los gritos y la música en el bar de la esquina, cambia el patrón de sueño y, por lo tanto, los ritmos circadianos y el estado de salud. Se ha visto que genera en el organismo una serie de respuestas mientras se duerme, tales como movimientos corporales, despertares precoces, sueño frágil y aumento de la frecuencia cardiaca. Todos esos factores se resumen en un empeoramiento de la calidad del sueño, que puede tener consecuencias para la salud.

Además, el ruido estresa. Es un factor de estrés ambiental constatado, por lo que genera en el organismo una respuesta determinada que conlleva un aumento de los niveles en sangre de adrenalina y cortisol, que provoca alteraciones en el sistema cardiovascular, inmune y endocrino. De la misma manera, se ha observado que el estrés crónico que produce puede reducir las defensas del organismo y hacerlo más susceptible a virus y bacterias. Y, por si no fuera suficiente, también afecta a nivel cognitivo: disminuye el rendimiento en el trabajo y en la escuela.

Por otra parte, se ha demostrado que el ruido puede repercutir en la salud mental, ya que se relaciona con un aumento de la ansiedad, la irritabilidad y la inestabilidad emocional.

El ruido y la salud en España y en el mundo

El número de ingresos hospitalarios aumenta un 5,3% por cada decibelio por encima de los 65 dB a los que se esté expuesto

Las autoridades sanitarias alertan de que el ruido es un contaminante ambiental que supone un problema real para la salud pública, dado que un porcentaje muy elevado de la población sobrelleva de forma diaria niveles por encima del umbral saludable (65 dB). De hecho, se calcula que el número de ingresos hospitalarios, sobre todo a expensas de enfermedades cardiovasculares, aumenta un 5,3% por cada decibelio por encima de los 65 dB a los que se esté expuesto.

El segundo país con más población expuesta al ruido del planeta es España, después de Japón. Un informe titulado ‘Ruido y Salud’, elaborado de manera conjunta por la aseguradora DKV, GAES y Ecodes, calcula que cerca de nueve millones de españoles sufren a diario niveles superiores a 65 dB, el umbral de ruido diurno que establece la OMS como saludable. En Europa las cifras son similares, pues cerca de un 20% de la población soporta niveles superiores a 65 dB durante el día y un 30% por encima de 55 dB por la noche.

La principal fuente generadora en todo el mundo es el tráfico. Se calcula que hasta un 80% del ruido al que una persona está expuesta está causado por el tráfico. Las actividades industriales solo representan un 10%, mientras que los ferrocarriles un 6% y las actividades de ocio un 4%. Paradójicamente, en las quejas que llegan a la Administración por exceso de ruido, un 35% de ellas se debe al que procede de bares y pubs, mientras que la circulación solo significa un 6% del total. Estos datos indican que no es solo un fenómeno físico, sino que hay un factor de subjetividad muy importante que condiciona su percepción.

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