Más del 90 % de quienes creen ser alérgicos a la penicilina no lo son en realidad

El sobrediagnóstico obliga a los pacientes a recurrir a antibióticos de amplio espectro, cuyo uso favorece la resistencia bacteriana y complica el tratamiento de muchas infecciones
Por Sonia Recio 15 de abril de 2026
alergia a la penicilina
La penicilina es uno de los antibióticos más utilizados en el mundo. Como cualquier medicamento, puede causar efectos secundarios —náuseas, diarrea o dolor de cabeza— y, en casos poco frecuentes, reacciones alérgicas que pueden derivar en anafilaxia y requerir atención médica inmediata. Sin embargo, la mayoría de las personas que creen ser alérgicas a la penicilina no lo son. Y esto tiene consecuencias. Evitar la penicilina sin motivo obliga a recurrir a antibióticos de amplio espectro, como cefalosporinas o fluoroquinolonas. Aunque estas alternativas son eficaces, pueden tardar más en resolver la infección, aumentar el riesgo de efectos adversos y favorecer el desarrollo de bacterias resistentes, uno de los mayores retos sanitarios actuales.

Qué es la penicilina y para qué se utiliza

La penicilina marcó un antes y un después en la historia de la medicina. Descubierta en 1928 por Alexander Fleming, fue el primer antibiótico eficaz y revolucionó el tratamiento de las infecciones. Por su eficacia, seguridad y bajo riesgo de generar resistencias, sigue utilizándose para tratar, entre otras enfermedades, amigdalitis, neumonía, sífilis, endocarditis, listeriosis, infecciones urinarias o sepsis.

La resistencia bacteriana ha impulsado el desarrollo de variantes y combinaciones de penicilina que amplían su efectividad contra distintos microorganismos. Entre las más usados destacan:

  • Penicilinas naturales, como la penicilina G y la penicilina V, muy eficaces frente a estreptococos y otras bacterias sensibles.
  • Aminopenicilinas, como la amoxicilina o la ampicilina, muy empleadas en infecciones respiratorias y urinarias.
  • Penicilinas resistentes a penicilinasas, como la cloxacilina, utilizadas frente a estafilococos productores de enzimas que destruyen la penicilina.
  • Penicilinas combinadas con inhibidores de betalactamasas, como amoxicilina-clavulánico, diseñadas para superar la resistencia de ciertas bacterias.
usos de la penicilina
Imagen: Pavel Danilyuk

Efectos adversos y alergia a la penicilina

Como ocurre con cualquier medicamento, la penicilina puede provocar efectos adversos y alergia. Desde la Sociedad Española de Farmacéuticos de Atención Primaria (SEFAP) insisten en la importancia de no confundir ambas situaciones. Mientras que la alergia implica una reacción del sistema inmunitario, los efectos adversos son respuestas no deseadas del organismo que pueden causar molestias, pero sin implicar al sistema inmunitario.

“Si un paciente es realmente alérgico, no debe volver a tomar ese antibiótico porque existe un riesgo elevado de que la reacción se repita o sea más grave. En cambio, cuando se trata de un efecto adverso no alérgico —salvo que sea grave— habitualmente el medicamento puede volver a tomarse, porque no tiene por qué volver a repetirse. Incluso podría continuarse el tratamiento, aunque aparezca el efecto adverso si el beneficio compensa”, explica Casado.

Algunas reacciones cutáneas, como sarpullido, enrojecimiento o picor, pueden generar dudas, ya que a veces son alérgicas y otras no. Por eso en la SEFAP recuerdan que “nunca debe ser el propio paciente quien se autodiagnostique una alergia, sino que siempre que una persona presente una reacción nociva tras tomar un antibiótico o cualquier otro medicamento debería comunicarlo a un profesional sanitario. Y si aparecen síntomas graves, como dificultad para respirar, acudir inmediatamente a un centro sanitario o llamar al 112”. 

¿Cómo se confirma la alergia a la penicilina?

Cerca del 10 % de las personas registradas como alérgicas a la penicilina nunca han sido evaluadas adecuadamente. Según Cristina Casado, coordinadora del Comité de Pacientes y Ciudadanía de la SEFAP, “cuando estos casos se estudian en los servicios de Alergología mediante pruebas específicas, se comprueba que entre el 90 % y el 95 % de las etiquetas no corresponden a una alergia real, por lo que la alergia confirmada se situaría en torno al 1 % o incluso menos de la población”.

alergia a la penicilina
Imagen: Yuri Shkoda

Además, una alergia confirmada a penicilina no siempre se extiende a otros betalactámicos. Las reacciones cruzadas con cefalosporinas son raras (1-2 %), por lo que “cuando se confirma una alergia a penicilina, no debe extrapolarse de forma automática al resto de betalactámicos”, advierte Casado.

Las consecuencias del sobrediagnóstico de alergia a la penicilina

Confundir una alergia a la penicilina puede tener un impacto directo en la eficacia del tratamiento para el paciente. “Supone no poder utilizar las penicilinas, que son antibióticos de primera elección para el tratamiento de muchas infecciones por ser de los más eficaces y seguros. En su lugar, se recurre a antibióticos alternativos que pueden ser menos eficaces y seguros, lo que, entre otros aspectos, puede traducirse en que la infección tarde más en curarse y aumente el riesgo de efectos adversos”, señala la experta de la SEFAP.

El problema también repercute en la salud pública. Muchos de los antibióticos que se utilizan como sustitutos son de amplio espectro, es decir, actúan contra un mayor número de bacterias. Su uso, por tanto, “favorece la aparición de bacterias resistentes, cada vez más difíciles de eliminar, lo que hace que las infecciones sean más complicadas de curar y constituye uno de los principales problemas sanitarios a nivel mundial”, comenta Casado.

Si soy alérgico a la penicilina, ¿lo seré siempre?

No necesariamente: la alergia a la penicilina puede desaparecer con el tiempo. De hecho, los estudios clínicos indican que hasta el 80 % de los pacientes deja de presentar reacciones tras diez años sin haber tomado este antibiótico.

Por eso, en la SEFAP insiten en la importancia de revisar los diagnósticos no confirmados. “Es fundamental reevaluar las alergias a antibióticos y, en el caso de algunas alergias a penicilinas, reconsiderarlas si han pasado más de diez años”, subraya Casado. Cuando hay dudas, lo recomendable es realizar pruebas específicas en los servicios de Alergología.

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