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Cerveza, una bebida agradable de origen remoto

Cerveza, una bebida agradable de origen remoto

Los orígenes de la cerveza son lejanos. Se dice que su descubrimiento fue debido a la casualidad y al descuido en la elaboración del pan. Los granos de trigo olvidados, fruto de la germinación, se convirtieron en malta, y el pan elaborado se dividió en masa y líquido. El hombre primitivo «descuidado» probó aquel líquido, lo encontró bueno y agradable, y se dispuso a repetir la operación. ¡La cerveza estaba servida!


Los primeros vestigios escritos que hablan de la cerveza y de su elaboración proceden del pueblo sumerio, y se remontan al año 4.000 a.C. Los egipcios llegaron a considerarla como la bebida nacional, introduciendo nuevos ingredientes como el lúpulo y otras plantas, dándole un sabor más fresco, aromático y agradable. La cerveza en la época griega y romana fue considerada bebida popular, consumida por las clases más populares. Los pueblos del norte de Europa ya la conocían a principios de la era cristiana, y con ella celebraban sus fiestas familiares y los triunfos de sus batallas. La elaboración de cerveza se realizaba de forma casera y artesanal.


Los métodos de elaboración fueron mejorando con los años, y hasta los monjes y abades se iniciaron en su producción en la Edad Media, llegando a ser grandes maestros cerveceros que guardaban celosamente los secretos de su elaboración. El monasterio de Orval, fundado en el siglo XI en Bélgica, sigue produciendo hoy en día cerveza de alta calidad. Ésta y otras cervezas producidas en monasterios trapenses son las únicas que pueden recibir la denominación de origen «trappist».


La producción de la cerveza en grandes factorías surge entre los siglos XIV y XVI en el norte y centro de Europa, si bien el auténtico desarrollo de la producción a gran escala de cerveza no llega hasta la era industrial, con la incorporación de la máquina de vapor, las técnicas del frío y los avances científicos sobre fermentación.


Cerveza en un país de vinos
España es considerado un país de cultura vinícola. La cerveza durante mucho tiempo llegó a considerarse incluso como una bebida exótica. Si bien la cerveza ya era consumida por celtas y romanos, se dice que la técnica de producción de cerveza fue introducida por Carlos I en el siglo XVI, instalando una pequeña fábrica en el monasterio de Yuste. La producción industrial y a gran escala llegó a finales del siglo XIX y principios del XX con la fundación de Mahou en 1890, Cervezas El Águila (1900), La Cruz del Campo (1904) y S.A. Damm (1910), que ya venía elaborando cerveza de forma artesanal desde 1876 como Hijos de J. Damm. El auténtico “boom” de la cerveza se produce en la década de los 60, y se sitúa entre las bebidas más consumidas.


La producción de cerveza en nuestro país ha estado muy regionalizada hasta épocas recientes, y cada zona tenía sus propias marcas de cerveza. Este hecho ha privado durante mucho tiempo al consumidor español de la posibilidad de degustar los diferentes tipos de cerveza de los países de mayor tradición, convirtiéndolo en un bebedor poco selectivo y desconocedor de la calidad de estos refrescantes productos. Lo cierto es que, al igual que el vino, existe una cerveza adecuada para cada ocasión, para cada momento o, incluso, para cada comida.


El consumo de cerveza en España, según datos del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca, ha experimentado, en términos comparativos generales, una clara tendencia a la baja, situándose para el año 1998 en 54,13 litros/cápita, y para 1999 en 54,95 litros/cápita, si bien con una tímida tendencia a la recuperación (en 1994 el consumo total por persona y año se situaba en 64,48 litros, y en 1995 en 63,82 litros; en 1990 el consumo por persona y año se situó en 72 litros de cerveza).


La mayor parte del consumo de cerveza se realiza en locales de hostelería y restauración, representando un 70% del total consumido para el año 1999 (en el año 1996 este porcentaje ascendía hasta casi un 80% del total, según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación). En cuanto a los tipos de cerveza, el mayor consumo se realiza de las denominadas cervezas extras y «especial» (48%), seguida de la «normal» (38%) y de la cerveza sin alcohol (7%), que es la que mayor crecimiento ha experimentado, ocupando la mayor cuota de mercado de toda la UE sobre consumo de este tipo de cerveza (según datos de Cervezeros de España).

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