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¿Cómo desembarca el mercurio en tu mesa?

Un experto en contaminación explica cómo llega este metal pesado a los pescados y mariscos que comemos y cuáles son los niveles seguros de consumo

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: domingo 26 agosto de 2018

El mercurio supone el principal inconveniente del pescado y el marisco, en general, y del bonito en particular. Este último es un pez de gran tamaño y carnívoro que se alimenta de otros peces más pequeños, como las sardinas, las anchoas o los jureles, un hecho biológico que supone un problema a la hora de mantener a raya el mercurio. Francisco Ramos, experto en contaminación de Ecologistas en Acción, explica por qué.

1. ¿Cómo llega el mercurio al bonito y por qué?

“El mercurio orgánico o
metilmercurio es bioacumulable
y bioamplificable, lo que significa que
dura mucho tiempo en el
medio ambiente y, según va subiendo en la cadena
trófica, cada vez el contenido
es mayor”, puntualiza Francisco Ramos. Es decir, el “viaje” de este metal pesado
sería el siguiente: cae un
poco de mercurio al suelo,
las bacterias se protegen
y lo convierten en
metilmercurio; de la bacteria
pasa al plancton; de
este a los pequeños
peces; y, de ellos, a los
grandes. “Se va multiplicando
y, al final, son los
mayores depredadores
los que más contenido
de mercurio tienen”,
explica. Entre ellos, se encuentra el bonito.

2. ¿Cuánto mercurio contiene el bonito que se comercializa?

Según la Agencia
Española de Consumo,
Seguridad Alimentaria y
Nutrición (AECOSAN), el
límite máximo de mercurio
para comercializar
grandes pescados, como
el bonito y el atún, es de
1 mg/kg. El de otros
pescados es inferior, de
0,5 mg/kg.

Para Ramos,
esos valores deberían ser
más bajos. Incluso aboga
por medirlo de otra forma:
“No pensando en el
valor del contenido de
pescado, sino en cuál es
la ingesta máxima semanal
de mercurio que un
cuerpo podría admitir”.

3. ¿Podemos consumir bonito con tranquilidad?

El experto en contaminación de Ecologistas en Acción recuerda que las
cantidades de mercurio
que consumimos a través
del pescado son
muy pequeñas y en ningún
grado de intoxicación
aguda instantánea,
si bien pueden afectar a
la salud a largo plazo. En
este sentido, la AECOSAN
garantiza la seguridad
de comer pescado. Eso
sí, recomienda a niños
de entre uno y nueve años, mujeres
embarazadas (o que
sospechen que puedan
llegar a estarlo) y
madres lactantes que
limiten la ingesta de
especies de pescado
con altos niveles de
metilmercurio.

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