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Desnutrición en el embarazo y riesgo de esquizofrenia

Los bebés nacidos de madres que han sufrido una grave desnutrición durante el embarazo tienen más posibilidades de desarrollar esquizofrenia

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Un estudio publicado en JAMA y dirigido por el neurólogo David St Clair, de la Universidad de Aberdeen, en Escocia, analiza la incidencia de esquizofrenia en un grupo de personas de China afectadas por una peculiar característica: todas son de la provincia china de Anhui y nacieron entre los años 1959 y 1961.

Durante 1959 y 1961, una combinación de mal tiempo con los cambios asociados a la transición denominada «Gran Salto adelante» (en la que zonas rurales del país se transformaron en industriales en su transición al capitalismo) dio lugar a una de las peores hambrunas que se recuerdan en aquel país. Una de las zonas más afectadas fue la provincia de Anhui.

Los investigadores han seleccionado una zona de la provincia y han comparado la incidencia de esquizofrenia en los gestados y nacidos en ese período de hambruna con la que se da entre los nacidos antes o después. Para ello, han contrastado todos los registros de 1971 a 2001 del único hospital psiquiátrico que atiende la zona estudiada.

Entre los nacidos durante los años de la hambruna, «el riesgo de desarrollar esquizofrenia más tarde se incrementó significativamente, desde un 0,84% para los nacidos en 1959 hasta un 2,15% para los nacidos en 1960 y un 1,81% en 1961», explican los investigadores en su artículo.

El riesgo es algo más del doble si se compara entre los nacidos entre 1959 y los nacidos en plena hambruna, en 1960. De cualquier forma, las cifras de por sí no dan ninguna explicación y los investigadores lo saben. «Nadie sabe qué es lo que sucede, pero estamos empezando a pensar que se trata de una interacción genética y ambiental», afirma Feng Zhang, uno de los firmantes del trabajo. Y la contribución ambiental al origen de la esquizofrenia podría ser, afirman, la malnutrición en la gestación de la persona afectada.

La hipótesis del ácido fólico

El ácido fólico es un micronutriente esencial para muchos de los mecanismos del cuerpo humano, como la resistencia al dolor Una hipótesis popular es que se trataría de la deficiencia de ácido fólico, nutriente que se halla en buenas cantidades en el hígado, espárragos, espinacas, lentejas, judías, cacahuetes, setas y salvado, y que está implicado en el desarrollo del sistema nervioso central. El feto lo necesita especialmente en las primeras semanas de gestación porque sin este micronutriente puede desarrollar espina bífida, dolencia caracterizada por el desarrollo inadecuado del tubo neural. Los niños con espina bífida tienen la medula espinal al descubierto y los daños asociados pueden ser suficientemente importantes como para causar parálisis en las piernas.

Los expertos aseguran que el ácido fólico también está asociado a otros mecanismos del cuerpo humano, como la mayor resistencia al dolor, aunque todavía no se entiende bien de qué forma se relaciona uno con otro. De cualquier forma, que la carencia de ácido fólico esté implicada en el mayor riesgo de esquizofrenia es sólo una hipótesis y probablemente se trate sólo de un factor. Si fuera «el factor» habría que ver si todos los niños nacidos con espina bífida también desarrollan esquizofrenia y por otro lado, la pregunta lógica es qué sucede en los países donde la desnutrición es habitual.

Aunque la causa de este trastorno sigue siendo un misterio, son varias las hipótesis que se barajan para el conjunto de factores: la genética, la estación y el lugar de nacimiento, las complicaciones en la gestación, la exposición prenatal a virus y la malnutrición prenatal.

El precedente holandés

La primera relación entre hambruna y esquizofrenia se vio en un estudio de investigadores del Instituto Psquiátrico del Estado de Nueva York sobre los efectos de la hambruna el invierno de 1944-45, cuando los nazis bloquearon el suministro de alimentos en Holanda. Fueron apenas unos meses pero determinantes para los bebés de las mujeres que en aquel momento estaban embarazadas. Los investigadores que revisaron los registros años después trabajaban con la hipótesis de que la privación de comida durante el primer trimestre de embarazo es un factor de riesgo para el desarrollo del trastorno.

Tres regiones del país, al oeste, norte y sur, sufrieron las penurias en diferentes grados. En el oeste, la región más afectada, la población se vio expuesta a una grave malnutrición con dietas inferiores a los 4.200 kilojulios, unas 1.008 calorías, la mitad más o menos de una dieta normal. En el norte y en el sur las restricciones fueron moderadas, con raciones diarias inferiores a 6.300 kilojulios (unas 1.512 calorías).

Entre los que estuvieron expuestos en los tres primeros meses de su gestación a esa privación importante de alimentos, sobre todo en el norte, se dio posteriormente un mayor riesgo de desarrollar esquizofrenia aunque, y esto es llamativo, sólo en el caso de mujeres. En las zonas norte y sur, de restricción moderada de alimentos, el riesgo era menor. Este trabajo, decía Ezra Susser, que dirigió el trabajo, «hace plausible la hipótesis de que la nutrición prenatal temprana puede tener un efecto específico sobre un género en el riesgo de esquizofrenia».

Susser, psiquiatra en la Universidad de Nueva York, declaraba al servicio de noticias Nature News que se alegraba de que los nuevos resultados reforzasen su trabajo previo. «Es difícil disponer de experimentos naturales en los cuales realizar este tipo de estudios, ya que las hambrunas deben haber sucedido al menos 40 años atrás para que la esquizofrenia haya tenido tiempo de desarrollarse».

NUTRICIÓN EN EL EMBARAZO Y EL FACTOR BDNF

Imagen: WHO/P.Virot

A nadie se le escapa que la desnutrición severa durante el embarazo debe tener consecuencias sobre el desarrollo del feto. La demostración de que trastornos mentales como la esquizofrenia, que se desarrollan siendo el individuo ya adulto, puedan tener en su origen esa causa dependerá de que se demuestre el vinculo físico, la base física que explique, ni que sea parcialmente, el trastorno. Y eso es algo de lo que aún se está lejos.

De cualquier forma, cada vez hay más evidencias sobre la importancia de las deficiencias sufridas en el entorno intrauterino en el desarrollo del sistema nervioso central, incluyendo la nutrición. Así lo recuerda un trabajo de los investigadores F.Gomez-Pinilla y S. Vaynman que se acaba de publicar en la revista Experimental Neurology. Los expertos recuerdan la importancia del periodo prenatal en el desarrollo estructural del hipocampo, una región importante para el aprendizaje y la memoria, y en el factor neurotrófico BDNF, una neurotrofina implicada en la plasticidad del hipocampo (las neurotrofinas promueven el desarrollo y la supervivencia de las neuronas durante el desarrollo).

En trabajos con modelos animales se ha podido ver que mientras una dieta rica en ácidos grasos omega-3 es esencial para el desarrollo neurológico normal, una dieta rica en grasas saturadas disminuía los niveles del factor neurotrófico BDNF lo que comprometía posteriormente el desarrollo cognitivo. En ratas alimentadas con la mitad de la dieta normal, se ha visto que el tamaño del hipocampo en las crías era menor que en las crías de roedores alimentados normalmente. Pero quizás «lo más llamativo», dicen estos científicos, es que la alteración en los niveles normales del factor BDNF «es una característica que se puede ver y se repite en muchos trastornos de la función cognitiva que ocurren posteriormente a lo largo de la vida, como la esquizofrenia, la demencia o la enfermedad de Alzheimer».

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