Entrevista

Héctor Escobar, del servicio de pediatría del Hospital Ramón y Cajal de Madrid

«La alergia a la leche está aumentando»
Por Mónica G. Salomone 23 de junio de 2005
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Una importante proporción de consumidores suele confundir las alergias alimentarias con intolerancia a algún componente de un alimento. Es lo que pasa con la intolerancia a la lactosa y las alergias a la leche, problemas presentes en las consultas de los pediatras. A pesar de que los no especialistas engloban la intolerancia a la lactosa y las alergias a la leche bajo el paraguas de “intolerancia a la leche”, en realidad se trata de patologías muy distintas. En esta entrevista, Escobar explica las diferencias entre ambas patologías y llama también la atención sobre la “epidemia” de obesidad infantil, un problema que en España afecta a un 20% de este sector de la población.

¿Qué es exactamente la intolerancia a la lactosa?

La lactosa es el azúcar de la leche; la intolerancia se da cuando falta o es escasa la enzima lactasa, que digiere la lactosa. Hay tres formas clínicas de intolerancia a la lactosa: la congénita, que es muy rara; la racial, en la que a lo largo de la vida del individuo la enzima se va agotando; y la intolerancia secundaria, que es con mucho la más frecuente porque aparece después de una inflamación del intestino, de una gastroenteritis aguda…

Ha dicho que la congénita es muy rara. ¿La «racial» es la que hace que a muchas personas mayores les siente mal la leche?

Sí, puede darse desde los 5-7 años más o menos, pero casi todos la tenemos a partir de una determinada edad. Pero siempre queda una pequeña cantidad de lactasa. Ningún adulto, y desde luego no un niño, está completamente falto de lactasa: puede tomar 50 cc de leche, pero con 75 ya tiene molestias, por ejemplo; son personas que toleran el yogur, porque está parcialmente hidrolizado, y la leche desnatada en pequeñas cantidades.

No está relacionado con que necesitemos menos leche a medida que crecemos.

No, en absoluto. Al contrario, se relaciona con que el ser humano, a medida que se volvió cazador y agricultor, empezó a tomar menos leche. Eso hizo que descendieran los niveles de la enzima lactasa, que necesita estar estimulada para que funcione. Ese es el origen de la intolerancia racial. No tiene nada que ver con la menor necesidad de leche del organismo.

¿Necesita tratamiento la intolerancia secundaria?

No, desaparece en cuanto se va la inflamación intestinal. A menudo, cuando se tiene una gastroenteritis, se quita la leche al niño y se le da una leche sin lactosa, pero eso no es correcto; la gastroenteritis es una enfermedad autolimitada, dura ocho días y se cura. Al contrario, hay que dar de comer rápidamente para que la enzima funcione mejor.

¿Y qué ocurre con la alergia a la leche? ¿Tiene que ver con la intolerancia a la lactosa?

No, las alergias son diferentes. Es un mecanismo inmunoalérgico que no tiene nada que ver con la lactosa. Se suele confundir la intolerancia a la lactosa con la intolerancia a las proteínas de la leche, pero no es lo mismo. Aunque siempre hay que descartar que los alérgicos a las proteínas de la leche no tengan al mismo tiempo una intolerancia a la lactosa.

¿Cuál es el mecanismo de la alergia?

“Se suele confundir la intolerancia a la lactosa con la intolerancia a las proteínas de la leche, pero no es lo mismo”

La alergia siempre está mediada por un mecanismo inmunológico, por [un tipo de anticuerpos llamados] inmunoglobulinas E (IgE). Se puede presentar de forma aguda: hay edema, se hinchan los labios, los párpados, las orejas, puede haber espasmos en la glotis… es un cuadro grave. Las formas crónicas se dan cuando se ingieren pequeñas cantidades del alergeno y poco a poco el organismo se va sensibilizando, aparecen lesiones cutáneas, edema, diarrea… y hay que retirar la leche. Puede estar medida por IGE o por fracciones de [otra inmunoglobuliona, la] IgG. Hay que diferenciar también si en la alergia o intolerancia, intervienen las fracciones que componen la leche de vaca: la caseína, la betalactoglobulina, la alfalactoalbúmina… hay que determinar a qué fracción es alérgico. Generalmente se le quita la betalactoglobulina, que es la que da más alergias, y se le da un hidrolizado de caseína. Pero a veces hay que suprimir todo.

¿Con qué frecuencia se da la alergia a las proteínas de la leche?

Es relativamente frecuente, suele darse entre un 2 al 5% de la población. Es una entidad que está aumentando, lo mismo que están aumentando las alergias en general.

¿Se «curan» estas alergias? Es decir, ¿desaparecen a medida que el niño crece?

La alergia a las proteínas de la leche es un proceso transitorio, porque se debe a la inmadurez del intestino. Cuando el niño es pequeño, hasta los seis meses, no cierra las membranas interepiteliales. Entonces las macromoléculas pasan, sensibilizan el intestino y desencadenan la reacción alérgica. A medida que va madurando el intestino las macromoléculas no pasan, por eso a medida que va creciendo el chico va desapareciendo la intolerancia.

¿Se toma demasiada leche en la sociedad actual? Con tanta variedad de derivados lácteos que hay ahora, ¿tiene eso que ver con que aparezcan más intolerancias?

Los problemas que tenemos ahora con la alimentación son otros. Estamos pagando ahora mismo un impuesto por la civilización: tenemos más diabéticos, más obesos, más estreñidos y más alérgicos.

¿Por qué hay más alérgicos?

infecciones que teníamos antes, y eso nos «borra» la memoria inmunológica. Para luchar contra algo hace falta conocer al enemigo, el alergeno, si no, no puedes luchar contra él. Y ahora en un ambiente demasiado limpio perdemos la memoria inmunológica: es la teoría de la burbuja. Por eso hay más alérgicos, también más dermatitis atópicas.

¿Hay tantos niños obesos como dicen las estadísticas?

Sí, la obesidad es un problema muy serio en España. Hay un 20% de niños obesos, España es el segundo país de la Unión Europea con niños obesos. Por eso hay que hacer campañas en los colegios, en la televisión… Los organismos oficiales tienen que tomar cartas en el asunto. Hay que fomentar que se vuelva a comer lo que antes, más verduras, hortalizas, legumbres. Ahora se comen demasiadas chucherías, que están llenas de grasas saturadas.

¿MÁS ALERGIAS POR EL EXCESO DE HIGIENE?

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Las alergias son el resultado de una respuesta inmune exagerada. El sistema inmune produce anticuerpos para combatir las infecciones, pero en ocasiones detecta como agentes infecciosos sustancias que no lo son. Estos son los alergenos, y pueden ser desde el polen a determinados alimentos. En los últimos años, los especialistas constatan un incremento en los casos de alergias.

Para ser alérgico es necesario tener una susceptibilidad genética. Pero la causa del aumento de las alergias no está probablemente en un cambio genético en la población -no ha habido suficiente tiempo para ello-, sino en el ambiente. Dos tipos de teorías intentan explicar el fenómeno.

Una hipótesis es que, simplemente, estamos rodeados de más sustancias «extrañas» al organismo -sustancias químicas de síntesis que el cuerpo humano no está preparado para reconocer, por ejemplo-y eso desencadena los casos de alergia. La otra teoría es en cierto modo opuesta: por un exceso de higiene en las sociedades desarrolladas los niños no están expuestos a todas las infecciones «tradicionales», y esto provoca defectos en la formación de su «memoria inmunológica».

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