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La presencia de bromados en los alimentos

La EFSA presenta un programa de monitorización para averiguar en qué alimentos se encuentran estos compuestos y diseñar una metodología de control

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La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, en sus siglas inglesas) acaba de recomendar la inclusión de un conjunto de contaminantes bromados retardantes de llama en un programa de monitorización para alimentos y piensos para animales. Aunque aún no se conocen con precisión los efectos de estos compuestos, sí se ha demostrado que, al igual que otros contaminantes orgánicos persistentes, se bioacumulan en el ecosistema y en los humanos.

El informe recomienda, en concreto, que se estudie la presencia de hexabromociclododecano (HCBD), el bifenilo polibromado 153 y varios éteres difenilo polibromados (PBDE). Los compuestos bromados se empezaron a utilizar hace unos años como sustitutos de los más tóxicos PCB y se incorporan en productos como plásticos, aparatos electrónicos, textiles o muebles. El problema es que estos compuestos, como tantos otros, van a parar al medio ambiente con el consiguiente riesgo de que entren en la cadena alimentaria.

No se conocen exactamente los efectos de estos compuestos bromados, aunque se sabe que, al igual que otros contaminantes orgánicos persistentes, son lipofílicos y se bioacumulan en el ecosistema y en los humanos. Hay muy poca información disponible de la distribución de estos contaminantes, así como de su degradación y los efectos sobre la salud. Aunque menos que los PCB, son tóxicos: pueden alterar el sistema endocrino de los seres vivos, con efectos negativos sobre las hormonas tiroideas o en los sistemas reproductor y neuronal.

La recomendación del panel de expertos es que, ante la preocupación creciente por estos contaminantes, se estudien aquellos que más habitualmente se hallan en sedimentos y diferentes muestras del medio ambiente, según han revelado estudios preliminares, por lo que pueden suponer un mayor riesgo, y que se desarrollen técnicas analíticas eficientes para la determinación de estos compuestos.

¿Qué supone este paso? Arturo Anadón, catedrático de Toxicología de la Universidad Complutense de Madrid, y miembro de uno de los paneles científicos de la EFSA, explica que un primer programa de monitorización como el que se propone permitirá averiguar en qué alimentos se encuentran estos compuestos y diseñar una futura metodología de control. «No puedes establecer un control si no sabes qué alimentos ni cuántas muestras hay que analizar, si no sabes en qué productos hay más riesgo de hallar los contaminantes, en qué época del año o en qué lugar». Anadón aplaude la recomendación. «Esto habría que hacerlo ya para muchas cosas. En Europa hay una política muy exigente a la hora de registrar las moléculas que se comercializan pero muy laxa con la monitorización».

Bromados en ríos, peces y osos

La presencia de contaminantes en los animales es fruto de una bioacumulación constante más que de una contaminación puntualHasta ahora, diferentes estudios han revelado la presencia de bromados en aguas y diferentes organismos. Probablemente, los más avanzados son los realizados sobre aguas y peces de ríos. Hace apenas unos días, un grupo de investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) revelaba nuevos datos sobre la presencia de bromados en barbos y carpas en el área del Monzón, en los ríos Cinca y Vero.

Eran datos del proyecto europeo Aquaterra, que tiene como objetivo estudiar los contaminantes y sus efectos en el río Ebro. Hace dos años, el mismo grupo de química ambiental del CSIC había analizado la presencia de PBDE y hexabromociclododecano (HBCD) en peces y sedimentos de cuatro localizaciones del río Cinca. Damià Barceló, investigador del principal del trabajo, destacaba que las concentraciones halladas eran elevadas y que las concentraciones de los bromados eran más elevadas en el tejido muscular que en el hígado de los mismos ejemplares. Eso indica, explicaba el investigador, que los peces están expuestos de forma constante, de manera que la acumulación de contaminantes en los animales «no es tanto una consecuencia de una contaminación puntual» (si fuera así, como en todas las intoxicaciones agudas, la concentración más elevada de contaminantes estaría en el hígado) sino que era «consecuencia de una bioacumulación constante y en un plazo largo de tiempo».

Otro trabajo realizado el mismo año por investigadores del CSIC y del Norwegian Institut for Water Research revelaba la presencia de PBDE en truchas de once lagos de alta montaña de Europa y Groenlandia. Aunque las concentraciones halladas no eran preocupantes, llamaba la atención porque mostraba que en relativamente pocos años los PBDE se han distribuido a zonas remotas como los lagos de alta montaña, algunos de ellos considerados todavía como zonas relativamente limpias y vírgenes.

Los hallazgos no se limitan a peces. La revista Environmental Science and Technology publicaba el pasado enero un trabajo del National Water Research Institute (Canadá) que revela concentraciones de bromados en el tejido adiposo de osos polares de Alaska, Groenlandia y del Ártico. La misma publicación recogía en noviembre del pasado año resultados de la Universidad de Estocolmo según los cuales había presencia de bromados (en concreto, polibromados dibenzo-p-dioxinas) en moluscos del Báltico. Halcones peregrinos y otras aves, mejillones e incluso en el zooplancton del Ártico son otras muestras en las que se ha hallado compuestos bromados.

Un programa de monitorización en los alimentos, explica Josep Rivera, director del Laboratorio de Dioxinas del CSIC en Barcelona, permitirá saber cuál es la dimensión de los PBDE en los alimentos. «Para promover estudios importantes sobre la toxicidad de un contaminante, necesitas saber antes si es un problema». Rivera pone el ejemplo de los perfenilos, contaminantes muy tóxicos y muy difíciles de analizar. Sin embargo, apenas se encuentran en el entorno y en los alimentos. Luego, si no están en los alimentos, no son un problema. «En el caso de las dioxinas», continúa Rivera, «los piensos son un vehículo para las dioxinas», que pasan a acumularse en el ganado. En el caso de los bromados, habrá que estudiar si también pueden ingerirse a través del pienso.

DECABROMO DIFENIL ÉTER EN PECES

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Un equipo de investigadores del Instituto de Investigaciones Químicas y Ambientales de Barcelona (CSIC), dirigidos por Damià Barceló, ha descubierto que el decabromodifenil éter que se halla en los ríos sí es biodisponible, es decir, que puede ser ingerido por los organismos (principalmente peces), atravesar sus membranas celulares y acumularse. El hallazgo se realizó en el marco del proyecto europeo Aquaterra, que evalúa la contaminación y sus efectos en el río Ebro.

El resultado tiene implicaciones en las normativas que deben regular el uso o la prohibición de los diferentes compuestos. Una de las grandes cuestiones que todavía está por resolver es si todas las moléculas de PBDE de las más de 200 existentes son igual de tóxicas para los organismos vivos y cómo se transforman y transportan a lo largo de la cadena alimentaria. Hasta ahora se ha asumido que aquellas moléculas más pequeñas resultan más tóxicas ya que atraviesan más fácilmente las membranas celulares.

Al contrario, las moléculas mayores tendrían un menor grado de toxicidad. Entre éstas últimas destacaría el decabromodifenil éter, el compuesto de PBDE cuya molécula es más grande y sobre el que no se había esclarecido si podía entrar en organismos acuáticos a través del alimento. Su uso, además, sigue estando autorizado, frente a otras mezclas comerciales de PBDE que fueron prohibidas recientemente: la mezcla Penta, con compuestos de entre 4 y 5 átomos de bromo (tetra y pentabromodifenil éter); la mezcla Octa, con compuestos que tienen 8 átomos de bromo (octabromodifenil éter).

Los investigadores han analizado muestras de peces (barbos y carpas) y sedimentos de varios puntos del río Ebro que tienen niveles altos de contaminación por PBDE, concretamente en varios puntos del área de Monzón (ríos Vero y Cinca). Los peces, en el caso de la zona del Monzón, tenían concentraciones importantes de decabromodifenil éter, extremo que demostraría que este compuesto sí puede entrar en la cadena alimentaria.

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